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Como es variable el humano así de variable son sus virtudes y defectos, y entre esos defectos viene muy amplia la hipocresía. Hay diferentes clases de hipocresía, ninguna de ellas es válida, pero se emplea generalmente para destruir. Usar la hipocresía no conlleva una crítica, sino más bien una destrucción y es lo que hacen ahora con los mineros rescatados de la mina San José, en Chile. Los critican porque piden dinero por exponer al público la nada grata odisea que pasaron bajo tierra.

Dicen los hipócritas que ser pobre no da derecho a ser cretino, en parte tienen razón al decir esto, pero quién se atreve a decirle esto a unos pobre hombres, que para ganarse el sustento de los suyos tienen que pasar gran parte de su vida bajo tierra, en condiciones nada favorables, en absoluto.

Las cavernas en las profundidad de la tierra son el imperio y el señorío de muchas enfermedades pavorosas y asesinas, entre ellas reina la silicosis. Esta enfermedad pasa de las duras rocas y polvos de la tierra a los suaves y vivos tejidos pulmonares de esos hombres y les toma la vida poco a poco, sin prisa, pero con exactitud mortífera.

¿Por qué será que esos que ahora destruyen con sus palabras a estos prójimos, no tienen la suficiente valentía para tan siquiera pasar una hora bajo tierra y comprobar lo ingrato que son las entrañas de la tierra cuando se está dentro de ella; en la superficie solo se ve las bellezas y maravillas de esa misma tierra, la cara bonita y maquillada de la geografía y cómo es mas allá de la superficie? ¿Cómo es en lo profundo de esas tierras, de esas geografías? Solo esos hombres lo saben. Ese aprendizaje que les da la tierra, lo llevan en su piel y dentro de su cuerpo y como una coronación de sus desgracias de pobres llevan la silicosis en sus pulmones.

Que no vengan con sus palabreríos tontos e inútiles, hablando bellaquerías de esos hombres porque están pidiendo dinero por todo aquello que conlleve hablar o exponer por lo que pasaron.

Esa misma tierra oscura e inhóspita que les condena su vida silenciosa y taimadamente, también les ha dado una excusa y un premio para hacer un poco más de dinero y mejorar o desgraciar sus vidas.

No sé qué intenciones tiene lo divino para con ellos, sea lo que sea lo que el futuro les traiga, ahora ahí está el presente, un presente grato de fama y dinero momentáneo, esto algún día se acabará y entonces si se es pobre, ¿por qué no aprovecharlo, verdad?

¿Cretino? Sé que ustedes pensarán que soy un tunante de siete suelas al recomendar que los mineros aprovechen esta ocasión económica que les ha dado la misma tierra, pero qué puedo hacer si yo, al fin y al cabo, soy pobre también.