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Si por la antevíspera electoral se saca el día, nos enrumbamos hacia la sexta candidatura presidencial consecutiva del comandante José Daniel Ortega. Todo un récord nacional solo igualado por los tres Somoza: Anastasio, Luis y Anastasio.

No ha habido candado constitucional, Poder Judicial, Poder Legislativo ni poder terrenal capaz de contener su gran vocación de continuar sirviendo al país desde la primera magistratura... al menos por cinco años más. La propaganda del gobierno y del FSLN anuncia, cada vez más claramente y en alta voz, que el máximo líder del FSLN volverá a intentar ceñirse la banda presidencial en enero de 2012.

De llegar a ser así sería bueno que el presidente Ortega, quien acudió a la Corte Suprema de Justicia para demandar se considerara inaplicable la Constitución porque le violaba su derecho a pretender otra reelección, se dispusiera a adoptar algunas medidas para que él y los otros dos, tres o cuatro pretendientes a la banda presidencial gocen de similares condiciones en la contienda del próximo año.

Actualmente sus rivales políticos alegan el presidente Ortega cuenta con el beneficio de la influencia y fondos de su partido, del gobierno, del estado y del grupo Albanisa. Sumemos a eso el holding de medios de comunicación amasados desde 2007, el revival de Radio Sandino, su renovada influencia en medios de comunicación locales y el fortalecimiento de señales mediáticas pro-sandinistas en todo el país.

El ex presidente Arnoldo Alemán, Eduardo Montealegre y su candidato Fabio Gadea Mantilla ya quisieran contar con algo parecido. Están muy distantes de las condiciones de que goza actualmente el virtual candidato del FSLN.

¿Morales Carazo o Murillo Zambrana?. Entonces, dado que al comandante Ortega le gusta la idea de que cada nicaragüense goce de los mismos derechos, sería bueno que considerara enunciar a la Presidencia de la República al menos un año antes del inicio del próximo proceso electoral, igual que hicieron Arnoldo Alemán y el infortunado Alexis Argüello en su momento. También lo han hecho “Pancho” Valenzuela en Estelí y Sádrach Zeledón en Matagalpa. Los tres últimos han sido candidatos FSLN. Claro, aquellos eran alcaldes o vicealcaldes al momento de renunciar. Pero es el antecedente que tenemos a mano.

¿Por qué el presidente Ortega debiera contemplar la idea? Por un asunto de equidad de oportunidades, de justicia electoral… para evitar una disputa electoral del tipo “burro amarrado contra tigre suelto” que – yo estoy seguro – no le gusta a ningún revolucionario. Tampoco a un gallo ennavajado que espera librar en buena lid una lucha encarnizada contra su rival en el palenque electoral.

Imagínese usted al FSLN y sus aliados contando con los recursos de Albanisa, el gobierno, las alcaldías y las cotizaciones de su 1.2 millones de miembros. Ahí no habría Radio Corporación ni panfletos-de-la-carretera-norte, ni chingastes-de-la-oligarquía-juntos, capaces de responder a semejante poderío económico, político y de infraestructura.

La idea de la renuncia debe llegar acompañada de algunos aditivos que muestren que el FSLN es un partido electoral de buena lid. No bastaría con que al comandante Ortega le releve el vicepresidente Jaime Morales o su mujer Rosario Murillo para que haya condiciones más o menos parejas.

Claro, si Rosario Murillo es escogida no sólo debería despachar en otro lado -- ¿la Casa de los Pueblos o el Olof Palme?--. Mientras la sede del Poder Ejecutivo, del partido y de la familia esté en los mismos predios el nivel de confianza no sería el necesario para pensar que habrá un proceso electoral transparente y democrático.

¿Sacrificar o no a Rivas Reyes?. Rosario Murillo también debería separarse explícitamente de la campaña electoral que a favor de su marido ha impulsado tesonera y fielmente desde el 2000. Esto implicaría también a sus hijos Rafael, Juan Carlos y Enrique. No deberían emplear sus puestos en sus medios de comunicación y empresas claves para impulsar la campaña de su papá.

¿Ahora, qué hacer con los ex magistrados del Consejo Supremo Electoral? Como están las cosas, tan precandidato es el comandante Ortega a como lo es el licenciado Roberto José Rivas Reyes. Una de las ventajas de Rivas Reyes es que no existe impedimento legal para su reelección. Más bien se le critica por no haber garantizado un proceso limpio en el 2008. ¿Le continuaría respaldando el comandante Ortega y el FSLN? ¿O lo sacrificarían por el bien del proceso electoral, aunque no está inhibido por ley?

Según las encuestas que hemos conocido, el comandante Ortega sería el candidato presidencial más votado. Pero el porcentaje que se muestra indeciso es todavía relevante. Una manera de convencer a ese electorado podría ser si el Presidente publica su declaración patrimonial, tanto la que entregó al tomar posesión del cargo en enero del 2007 como la que completaría en noviembre de 2010. Esto daría una idea del patrimonio real del actual Presidente, y con ello se podrían despejar dudas sobre su verdadera riqueza. Hasta donde me han asegurado el presidente Ortega ha sido un hombre austero y no se ha autodefinido como rico, como sí se dice de su hermano Humberto (ver “Patas Arriba”, Eduardo Galeano). Siendo así, no debería haber mayor problema en aclararle de una vez y por todas a los indecisos lo que verdaderamente posee el comandante.

Y finalmente, sería bueno que el comandante Ortega llegase a publicar un documento jurado en el que claramente se establezca su independencia y autonomía respecto del holding Albanisa. Mucho se ha especulado que el gobierno de Ortega ha aprovechado este tiempo de gobierno para comprar medios de comunicación, hoteles, bienes raíces, generadoras de energía eléctrica, empresas vinculadas al petróleo y sus derivados… y así por el estilo. Sería un buen momento para que el electorado sepa que el comandante Ortega y su entorno nada tienen que ver con los millones que genera el pacto suscrito con Venezuela. Esto generaría mucha confianza.

Alguna gente pensará que esta propuesta es un disparate. ¡Pero no lo es! Piensen: el comandante Ortega ya superó a sus adversarios en 2006, cuando no tenía para mostrar los logros actuales. Tampoco en esa época había logrado desarticular a una derecha mediocre que medra alrededor del erario. Tampoco entonces había encuesta alguna que mostrara que ganaría de la manera cómo lo muestran actualmente los sondeos de opinión.


Noviembre de 2010 nos dirá la respuesta.