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La comunidad, como grupo social cercano en territorio, capacidades, experiencias, problemas y soluciones compartidos, se convierte en una plataforma clave en la que convergen los actores fundamentales del proceso educativo así como en el espacio propicio en el que se fundamenta el desarrollo.

En ella se encuentran la familia, el estado, la sociedad local, cada quien con sus diferentes funciones conformando una potencial unidad educativa.

La familia aporta los componentes y valores más originales para el desarrollo de la persona, como son la ternura, el afecto, el amor, la seguridad, la afiliación, el cuido, el alimento, el grupo, algunos hábitos es la célula de la sociedad.

El Estado aporta la política educativa, los recursos de infraestructura física, material y pedagógica, la instrucción, los saberes, el contenido y didáctica de las diversas ciencias, la organización y gestión escolar, y los medios requeridos para la formación de la persona y del ciudadano.

La sociedad trasmite la cultura, sus costumbres y formas de vida, las normas y leyes que abonan el funcionamiento de la convivencia y la seguridad ciudadana, , la influencia de los medios de comunicación, el impacto de la tecnología, la reproducción de ideas y modelos que le proporcionan dinamismo, en distintas direcciones, las tradiciones y la historia en sus diversas expresiones, la educación social, cuotas importantes de educación puesto que todos como ciudadanos educamos con nuestra actitud, conducta, ejemplo y manifestaciones propias del ser humano.

En este espacio particular, amplio, diverso, presente e incidente se ubican maestros y estudiantes en una extraordinaria interacción en la que todos enseñan y aprenden a la vez, con los vaivenes del contexto económico, social, cultural, político y con la fuerza técnico-metodológica y didáctica de la educación como ciencia humana y social.

En la comunidad como organización social se encuentran todos esos factores generadores de una unidad que da vida a la comunidad y que esta activa desde su experiencia y relaciones sociales siendo la educación el medio más incidente para construir ciudadanía y desarrollo, en términos de satisfacción de las necesidades básicas, de superación de las desigualdades sociales, ejercicio de la libertad, de seguridad, de participación, de igualdad de derechos y responsabilidades respecto a la vida ciudadana, al cambio climático, al bien común y a la madre tierra, a la producción de bienes y servicios para el bienestar y el progreso de todos.

De esta manera la comunidad constituye el núcleo social poseedor de capacidad, poder y autoridad para participar en el desarrollo humano donde confluyen los distintos factores que le dan vida, dirección, sentido y significado a éste, hasta hacerlo propio de la comunidad. En ella la educación proporcionará un desarrollo efectivo en la solución de sus problemas a la par que un desarrollo potencial para ampliar en ella conocimientos y competencias que en cierto modo ya están presentes en sus capacidades, historia, cultura y experiencia acumuladas.

Es la comunidad la que mejor conoce su realidad en la que aparecen y se viven de cerca sus problemas más relevantes cuya solución abona a su propio desarrollo comunitario esencialmente social. Es la comunidad la que mejor conoce su fuerza, la que mejor propone sus necesidades y la que con mayor precisión aporta y gerencia las soluciones requeridas. Es cuestión de convertir este andamiaje en una metodología comunitaria para el desarrollo social, desarrollo cuya solución compromete a la propia comunidad. De ahí que una acción organizada, articulada y sistemática se pueda convertir en metodología teniendo como fundamento la propia comunidad.

En esta dinámica comunitaria adquieren especial importancia programas, proyectos y acciones que se ubican y despliegan con la fuerza, compromiso y efectividad de muchas comunidades. En Nicaragua existen múltiples y exitosos programas y proyectos tanto del gobierno actual como de grupos e instituciones comprometidas con el desarrollo social entrados en la vida comunitaria. El vivero del desarrollo cuyos efectos positivos se sienten muy pronto en las familias y comunidades pobres, está en la fuerza de lo local, está en su propia capacidad compartida como grupo social. Ahí donde están las necesidades y los problemas están también la capacidad para superarlos, es decir, allí debe estar la acción y los sujetos de dicha acción con frecuencia en forma de minorías activas intérpretes del sentir de la comunidad. De ahí la importancia de que la educación llegue y esté allí donde está la gente y en las condiciones en que están, puesto que fundamenta, concentra, activa y potencia la capacidad organizativa y efectiva de la comunidad. Esta es precisamente la ruta trazada por la política educativa actual en forma de una nueva Estrategia, esto significa hacer de la comunidad el origen y destinatario de su propio desarrollo.