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Gritos de júbilo
Como en un espejo, todo el país contempla el futuro que le aguarda en la desgarradora protesta de los jubilados que exigen al Instituto de Seguridad Social les pague las pensiones de vejez reducidas, un derecho que les concede la ley. Digo como en un espejo, porque todos llegaremos a la condición de jubilados y porque el trato a los mayores refleja una vez más el olímpico desprecio de los derechos de los trabajadores de parte de un régimen que se dice socialista y solidario. Proveniente del latín jubilare, que significa ´dar gritos de júbilo´, la jubilación tiene su origen en la ley de Moisés que estableció que después de 49 años (siete veces siete) de servidumbre, en aquellas personas que trabajaran para otros por deudas, venía un año jubilar -el año 50- en el que descansaban e incluso recuperaban propiedades enajenadas, por lo cual no se podía alterar definitivamente la distribución inicial y equitativa de la tierra, siendo el jubileo motivo de gozo y alegría. Salir de la servidumbre del trabajo a la edad de 65 años y recibir una pensión hasta el fin de la vida, fue una conquista de la edad moderna, a la cual abonan los trabajadores con su salario. La declaración de Porfirio García, presidente de la asociación de jubilados al ratificar la decisión de los ancianos de inmolarse en la protesta, es toda una revelación de la situación política, administrativa y social de Nicaragua: “Nosotros ya no tenemos nada que perder más que nuestras vidas, pero si no la perdemos luchando por la pensión, de todas maneras sin comer la vamos a perder. Entonces no hay motivos que tengamos para posponer la huelga de hambre”. Es la entereza del júbilo gritando ante el horror y el robo.

Gerontocidio

La involución a prácticas propias de sociedades pre-modernas donde los viejos deciden inmolarse para no ser una carga (como en el caso de los esquimales que se abandonan al frio polar) o bien, donde la tribu decide practicar gerontocidio para deshacerse de ellos, se constata en la protesta de los jubilados y en la respuesta de los directivos del INSS. El capitán Roberto López y su flamante vicepresidenta, Sagrario Benavides, dejaron en evidencia no sólo la reconocida soberbia de los funcionarios del régimen, sino su incompetencia e indiferencia para dar respuesta a una situación que clama al cielo. Han buscado con maniobras y presiones, desmantelar la justa protesta de los jubilados y darle largas al asunto, como si los ancianos tuvieran un largo futuro. Para ellos, con sus míseras e impagadas pensiones, la existencia es una continua zozobra, agravada por la vulnerabilidad y enfermedad que suele acompañar a la vejez. Por eso conmueve hondamente su disposición a un suicidio digno ante las meras escalinatas de un poder arbitrario e insensible, que será culpable de gerontocidio si continúa negándole sus derechos.

Ciudadanos de Oro

Llegar a la vejez ha sido entendida desde siempre como aquella parte de la vida donde justo cuando estamos al borde de la sabiduría, nos llegan los achaques. Es como si la pérdida de energías físicas se transformara en madurez sicológica y del espíritu, razón por la cual en otras épocas el viejo era respetado debido a la experiencia que aportaba, siendo visto como una especie de mediador entre distintos planos de la vida y las generaciones. Por eso resulta envidiable el programa Ciudadanos de Oro que desde hace más de una década desarrolla el seguro social de Costa Rica para promover el respeto perdido hacia el conocimiento y experiencia de sus viejos, mejorar su calidad de vida, brindarle beneficios complementarios y fortalecer el régimen de pensiones. El Estado tico otorga a todos sus ciudadanos a partir de los 65 años, una tarjeta dorada como llave de acceso a los beneficios: atención preferencial, subsidio del transporte público, descuentos especiales en compra de bienes y servicios (tiene 5 mil empresas afiliadas), turismo social, talleres culturales y educación. En dramático contraste con la concepción que priva en el INSS, un directivo tico define al Ciudadano de Oro como “una persona que ha aportado su vida entera al desarrollo de la sociedad y que ha sido el pilar central en el que se sostiene el país.” Todo ello sin la demagogia de pretenderse cristiano-socialista-solidario.

Jubilados al hoyo, el INSS al bollo

Como representante de una nueva casta militar que ha agarrado vuelo desde que Ortega asumió el poder, Roberto López no tuvo el más mínimo escrúpulo para despachar rápidamente a los ancianos al hoyo, diciendo que “no hay fondos” para atender sus demandas. El asunto es que si no hay fondos, es en buena parte porque el dinero del INSS ha sido trasegado en obscuros negocios que realizan instituciones, altos oficiales del ejército y allegados de Daniel Ortega. Si han podido hacer millonarias compras de laboratorios, empresas importadoras de medicinas, construcciones, entre otras, es de presumir que tengan también millonarios “bollos” de retorno con los que se podría resolver el problema. Podrían además destinar toda la plata de los rótulos del ciudadano-presidente a las pensiones reclamadas, así como retirar de las planillas del Estado a todos los que reciben pagos por acciones partidistas, nepotismo o prostitución política. En el caso de partidos, movimientos, sindicatos y ciudadanos, deben servirnos de inspiración las formidables protestas ciudadanas en Francia por la pretensión de reformar las pensiones y a la que se han sumado millares de estudiantes en respaldo a sus viejos bajo una bandera que lo dice todo: “Por una vida después del trabajo”.