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“Helo allí helo allí
suspendido en el aire
El Desierto de Atacama…”


Raúl Zurita.


Como un número consistente de compatriotas, viajé a Chile a inicios del 72 para estudiar y vivir la experiencia política inédita de entonces, el gobierno socialista de Salvador Allende. Como era natura, me integré a un partido de la izquierda chilena, consecuencia lógica de mi participación en el FER y en el Frente Sandinista de Nicaragua.

Por orientaciones de aquel partido, viajé al norte chileno acompañando a un dirigente obrero argentino, quien dictaría charlas sobre la historia del movimiento obrero mundial, y en mi caso – más por darme un cierto quehacer- se me asignó la tarea de exponer a los mineros sobre la realidad de Nicaragua, el fenómeno de la dictadura somocista y la lucha que desarrollaba el Frente Sandinista, en aquel entonces, viviendo los más duros reveses de su historia, pero con un movimiento estudiantil maduro, activo y el inicio del movimiento cristiano revolucionario que representaban la conciencia crítica en la Nicaragua de aquel entonces.

Chile, por su ubicación geográfica, alberga la región más austral del mundo, como lo es Puntarenas y también en el norte el desierto más seco del mundo, el desierto de Atacama.

Nos tocó desarrollar nuestro trabajo en las regiones de Copiapó, Chañaral, Bella Esther y Cerro Imán. Los yacimientos mineros del hierro y del cobre ahí están ubicados, sea en la modalidad de tajo abierto como es Chuquicamata, el más grande del mundo y yacimientos bajo la modalidad del socavón, como el de San José, los cuales datan desde fines del siglo XIX y comienzos del XX. Los trabajadores de las minas desarrollan su labor en las condiciones más duras, como los trabajadores del mar, lo cual les ha dado un carácter de lucha y resistencia a lo largo de su historia. Son sectores que alimentaron las primeras organizaciones sindicales de Chile, así como también la militancia de los partidos obreros, socialista y comunista, que fueron la base principal que llevaría al Presidente Allende a La Moneda.

Figuras referenciales del movimiento obrero chileno son: Luis Emilio Recabarren, a quien Víctor Jara le dedicara una de sus más bellas canciones y Clotario Vlest, cristiano anarquista, expresión también de las corrientes ideológicas que lo permeaban desde su génesis.

“… el desierto de Atacama – nos decía el minero que nos trasladaba – encierra su belleza y misterio, diferente a la región austral, verde, boscosa”. Nos señalaba las formas caprichosas que el viento del desierto, la intemperie y la brisa del mar (que en este caso está a la orilla), le imprimían a esos espacios geográficos en donde no crecen ni siquiera cactus ni lagartijas, y que a Fidel Castro, que visitara Chile en el 71, le dejara maravillado, parando ocasionalmente la caravana para tocar con sus propias manos la fina y ardiente arena del desierto. Las noches son extremadamente frías, pero con un firmamento de los más claros y mágicos del mundo, pues el techo estrellado pareciera que bajara al alcance de nuestras manos, allí operan telescopios para la investigación astronómica de los más importantes del mundo, también fue inspiración a Raúl Zurita para uno de sus poemarios más relevantes.

Ahora que hemos vivido minuto a minuto la experiencia del rescate de los 33 mineros de la Mina San José, pienso que tal vez algunos de esos trabajadores del vientre de la tierra podrían ser los entonces chavalos, cuyos padres eran los destinatarios de nuestros cursos de capacitación, esto me llena de especial emoción.

El Presidente Piñera ha demostrado su talante de estadista, irguiéndose sobre lo que parecía una desgracia a lamentar, pero que sería una epopeya victoriosa por la vida. Cuando el ser humano es sometido a situaciones límites, aflora en él también los sentimientos comportamientos más extremos, desde los más nobles hasta los más brutales. Si en algo debemos fijar nuestra atención, es en que el fenómeno mediático fue permeado por una aventura de vida y solidaridad, de los pertenecientes a los condenados de la tierra y no con la sensibilidad morbosa y mercantil de abrir sus espacios sólo a la tragedia, a la sangre y a la frivolidad. Es digno reconocer también, el paso hacia delante en términos de la promoción de la unidad nacional en una sociedad desgarrada por situaciones políticas que han dejado heridas aún abiertas.

Cuando se dio el Mitch en el 98, el Instituto “Martin Luther King”, de la Upoli, ante la vastedad de la destrucción de la infraestructura productiva, física y de las víctimas humanas, dirigió una carta privada al presidente de entonces, haciéndole ver que pocas veces la historia había llevado a un presidente ante la oportunidad de brillar como un estadista, uniendo a nuestro pueblo en torno a la tarea de la reconstrucción. También propusimos un esquema de trabajo (publicado por END) con una concepción pluralista y de unidad, para definir los planes de reconstrucción de Nicaragua, desde nuevas bases éticas, políticas, sociales, económicas y culturales; incluso, sugerimos nombres de lo mejor de nuestro pensamiento y experiencia nacional; sin embargo, y aún con el apoyo expreso de siete ministerios, aquel desafío no fue asumido.

La unidad nacional en nuestra patria es una tarea pendiente, necesaria y urgente, que no tiene por qué esperar la desgracia, sino realizar un esfuerzo con todos los sectores en torno a crear un proyecto en donde todos nos reconozcamos y el cual tendrá que ser por su naturaleza, un salto de calidad en la vida de nuestro pueblo.


*Director Instituto “Martin Luther King” –UPOLI.