•  |
  •  |
  • END

Afirma el padre Félix Restrepo en su obra sobre Semántica general, que las palabras representan las cosas y expresan fundamentalmente ideas y sentimientos. Y como las cosas y las ideas y sentimientos están siempre en continuo cambio, las palabras deben seguir, por una parte, este movimiento, y por otra, tender a expresarlos con mayor precisión.

Las palabras, entonces, cambian porque cambian las cosas. Unas veces, porque desaparecen algunas cosas, como trajes de guerreros, instrumentos de labranza, etc. Ballesta, por ejemplo, es un arma antigua, y el paso fugaz del anglicismo “beeper” ni siquiera entró al diccionario como lo logró el fax y el verbo faxear. Otras, porque aparecen cosas nuevas, como la informática, que ha originado anglicismos asentados en el idioma como el sustantivo chat y el verbo chatear.

Con frecuencia, las cosas cambian de forma, como la antigua lámpara que ha dado paso a diversos tipos (fluorescentes, lámparas solares, etc.), para los cuales se crean palabras que los designen. O el caso de los lentes de contacto, pieza transparente que se aplica directamente en la retina, en sustitución de los tradicionales anteojos.

A veces, se crean las palabras para designar nuevos conceptos, como la química, que sustituyó a la alquimia o la astronomía que reemplazó como ciencia a la antigua astrología. Con frecuencia, la intervención de los sentimientos (amor, odio, ironía, etc.) obliga al cambio de significado de las palabras: bestial, brutal, monstruoso pueden matizarse de significaciones afectivas.

La polisemia

La polisemia es un fenómeno semántico fundamental del habla humana. El vocablo nos viene del griego: poli, mucho y sema significado. Consiste en que un significante (cabeza, por ejemplo) tiene varios significados: a)parte superior del cuerpo, b) principio o parte extrema de una cosa, c) origen o comienzo de algo, d) persona, e) res, f) capital, etc. O las diferentes acepciones que “alucín” tiene en el habla nicaragüense: a) alocado, con poca cordura): Mi novia es alucín; b) muy alegre, de buen humor: A todo mundo le gusta platicar con Chelolo, porque es un tipo alucín; c) dicho de una persona, que está drogada: Ese tipo parece que está alucín; d) dicho de una persona, adicta a las drogas.

En realidad, una palabra es casi siempre polisémica. El vocablo, por diversas razones, ha llegado a tener distintos significados, que no son más que las diversas acepciones del mismo vocablo. Por ejemplo, la palabra clave nos viene del latín y significa llave. En nuestro idioma, podemos encontrar usos contextuales fácilmente comprensibles: 1) La clave de la caja fuerte (significa la combinación que permite abrir y cerrar la caja); 2) La clave del problema (significa que permite solucionar y entender el problema, o sea, la llave que abre el problema para buscar la solución); 3) La clave del mensaje (significa el código de signos convenidos para la transmisión o interpretación del mensaje secreto o privado). Fíjese que en todos estos casos, la palabra “clave” significa la “llave” que “abre” o cierra” algo real o figuradamente.

El fenómeno de la polisemia afecta significativamente a la economía del lenguaje, pues si una palabra no tuviese varias acepciones o significados, el hablante tendría que retener un número verdaderamente agobiador de vocablos, para poderse comunicar. Del verbo agarrar se han formado, en el habla nicaragüense, las siguientes frases: 1) agarrar de encargo (acosar, fastidiar a alguien con insistentes bromas o reclamos): Voy a cambiar de trabajo, porque el jefe ya me agarró de encargo; 2) agarrarle feo (asumir comportamiento diferente del acostumbrado): Apenas se pica le agarra feo; 3) agarrar fuera de base (sorprender): Por distraído me agarraron fuera de base; 4) agarrar movido (sorprender): Si te vas de tu puesto te van a agarrar movido; 5) agarrarla con alguien (tratar con antipatía o mala voluntad a alguien): No soporto al supervisor, ya la agarró conmigo; 6) agarrarle la movida (sorprenderlo, descubrirle sus planes): A las cuentas tenía rayado el cuadro y le agarraron la movida; 7) y hasta el sustantivo agarrón (pelea, disputa verbal): En el agarrón, por nada pierde un ojo.

A veces, el hablante emplea términos polisémicos genéricos, como cuando el niño del campo llama carro a todo transporte movido por medio de ruedas: camión, camioneta, motocicleta, bicicleta, etc.; o el niño de la ciudad denomina pájaro a todo ser volador: zopilote, garza, golondrina, gorrión, chocoyo. Este uso, en general, refleja pobreza léxica y poca expresividad y precisión significativa.

Pero el empleo consciente de la polisemia demuestra conocimiento y riqueza de las posibilidades expresivas del potencial idiomático. Veamos un ejemplo del habla nicaragüense. Chicharronear es un verbo intransitivo con tres acepciones: a) cortar o romper una relación amorosa, de amistad, de trabajo, etc. : Por boludo lo chicharronearon en la empresa; b) vencer o rendir al contrario: En el primer asalto, el contrincante lo chicharroneó, y c) eliminar, dar muerte, asesinar: Los secuestradores chicharronearon al plagiado y después cobraron el rescate.


Veamos estas dos palabras polisémicas del habla nicaragüense: chochada y pon pon. Chochada:

1. Sust. Insignificancia, nadería. Ej.: “No te preocupés por eso, niña, que no ves que es una chochada”.

2. Sust. Asunto, cuestión. Ej.: “Y al fin, ¿cómo se resolvió la chochada aquella?”.

3. Sust. Objeto cualquiera de mucho valor e importancia. Ej.: “Cuidado arruinás esa chochada, que es cara”.

4. Sust. Objeto de poco valor. Ej.: “¿Por esa chochada vieja te ponés a llorar? Tomá, yo te la voy a pagar”.


Pon-pon:
1. Sust. Terminación de un cuento o narración. Ej.: “Y pon-pon, este cuento se acabó”.

2. Sust. Voz que, acompañada de un gesto característico, se emplea para indicar que no se posee lo que otro busca o desea. Ej.: “Mirá, chiquitó, pon-pon, no tengo nada”.

3. Sust. Voz onomatopéyica empleada para referirse al servicio higiénico común en el campo, consistente en una especie de caseta con las condiciones adecuadas para orinar y evacuar el vientre. Ej.: “El pon-pon se construye afuerita de la casa para que no se sienta el tufo”.

4. Sust. Onomatopeya empleada para imitar el sonido que produce el cohete al explotar en el aire. Ej.: “Prendieron el cohete y ay nomás pon-pon reventó en el propio fundillo del artillero”.

Por eso, nos advierte Eugenio Coseriu en El hombre y su lenguaje: “El español – como toda lengua- no debe entenderse simplemente como un sistema ya hecho y estático de significados y expresiones: es también, e incluso en primer lugar, un sistema dinámico para seguir produciendo significados y expresiones”.


rmatuslazo@cablenet.com.ni