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Banco Internacional de Pagos (Bank for International Settlements “BIS”, por sus siglas en inglés) organización internacional que promueve la cooperación monetaria y financiera internacional y que opera como banco a los Bancos Centrales. Fue fundado el 17 de mayo de 1930, siendo la organización financiera internacional más antigua.

Aparte de su rol de cooperación monetaria internacional, el BIS tradicionalmente ha desarrollado sus funciones para la comunidad de los Bancos Centrales en materia de oro y transacciones internacionales, así como las de fideicomisario y de agencia.

El BIS fue la agencia para la Unión de Pagos Europea entre 1950-58, ayudando a las monedas europeas a recuperar su convertibilidad a raíz de la Segunda Guerra Mundial. De manera similar, ha actuado como agente en varios acuerdos europeos referidos a tipos de cambio, inclusive el Sistema Monetario Europeo (SME) en 1979-94, que precedió al Euro.

El BIS ha organizado financiación de emergencia para asistir al sistema monetario internacional cuando ha sido necesario. Durante la crisis financiera de 1931-33 el BIS apoyó créditos para los bancos centrales de Alemania y Austria. En los años 60, acordó su sostenimiento para el franco francés (1968) y la libra esterlina (1966-68). Más recientemente, ha prestado ayuda en los casos de los programas de estabilización financiera de México (1982) de Brasil (1988) y otros.

Las autoridades monetarias de las principales economías del planeta resolvieron ponerle punto final a los abusos perpetrados en la banca internacional que hicieron estallar en 2008 la mayor crisis financiera que haya conocido el mundo, sus secuelas aún se perciben.

El acuerdo se denomina Basilea III, en referencia a la continuación de acuerdos anteriores suscritos por el Comité de Supervisión Bancaria del Banco Internacional de Pagos, conformado actualmente por representantes de 27 bancos centrales de igual número de países miembros.

El primer acuerdo sobre capital y manejo de riesgos bancarios, nominado Basilea I, se suscribió en 1974, y el segundo, Basilea II, en 2004. La crisis que estalló a partir de la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers ha obligado a los banqueros centrales y autoridades financieras del mundo a revisar con mayor rigurosidad, las recomendaciones sobre el manejo de riesgos en el negocio bancario a través del referido, acuerdo Basilea III.

El Comité de Supervisión Bancaria del BIS pretende, por un lado, restringir los préstamos en las épocas de auge para suavizar el boom crediticio que los caracteriza. Por el otro, que el costo de esta restricción recaiga sobre los socios capitalistas o sus principales gestores, que durante el pasado boom recurrieron a prácticas abusivas y estructuras perversas de incentivos, al premiar la toma irresponsable de riesgos que les reportó jugosas ganancias a título personal.

Ahora los bancos del mundo deberán incrementar sustancialmente su capital y la calidad de éste al establecer un mínimo básico de 4.5 por ciento —actualmente es de 2 por ciento— y obligarles a realizar provisiones de capital “anticíclicas” a fin de enfrentar con mayor solvencia los shocks que sobrevengan en tiempos de crisis.

Estos nuevos mínimos de capital que los supervisores bancarios están obligados a hacer respetar, también suponen un freno al reparto indiscriminado de premios, bonos, dividendos o cualesquier otro tipo de regalía en momentos en que las instituciones enfrentan crisis de capital, a como ocurrió en los dos últimos años. En fin, Basilea III es un buen paso, si la agenda aún es amplia en el sector financiero.

Tal capital debía ser suficiente para enfrentar los riesgos de crédito, mercado y tipo de cambio. El acuerdo consistía, una recomendación: cada uno de los países signatarios, así como cualquier otro país, tenía libre albedrio de incorporarlo en su ordenamiento regulatorio con las modificaciones que estimare oportunas.

La principal limitación del acuerdo de Basilea I, es que fue insensible a las variaciones de riesgo e ignoraba una dimensión esencial: la de la calidad crediticia y, por ende, la múltiple probabilidad de incumplimiento de los diversos prestatarios. Es decir, consideraba que todos los créditos tenían la misma propensión de incumplir.

Publicado originalmente en junio de 2004, el propósito de Basilea II fue la creación e implementación de un estándar internacional que sirviera de referencia a los reguladores bancarios, a fin de establecer los requerimientos de capital necesarios, para garantizar la protección de las entidades frente a los riesgos financieros y operativos.

Dichos acuerdos han consistido en recomendaciones sobre legislación y regulación bancaria y son emitidos por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea. Las más estrictas reglas de capital y los estándares de liquidez negociados por los supervisores bancarios son insuficientes para evitar otra crisis financiera, advirtió el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Lo más preocupante, advirtió el organismo, es que el apoyo a gran escala brindado por el gobierno tanto a las mayores instituciones como a los mercados, como en el caso de American International Group (AIG, por sus siglas en inglés) en EU, ha exacerbado la percepción de que ciertas firmas y mercados son demasiado grandes como para quebrar.

Es esencial que se progrese con la reforma a las regulaciones financieras para evitar que germinen las semillas de otra crisis. El organismo hizo un llamado para que se aborde de manera más amplia el problema y se incluya a otras Instituciones.


*Diplomático, Jurista y Politólogo.