•  |
  •  |
  • END

Bajo la premisa de que los dirigentes cuentan con noventa días para conocer la amplitud y profundidad de los cambios que están dispuestos a realizar, concentré todas mis energías en sentar las bases de lo que sería la primera y más importante Facultad de Ciencias de la Comunicación de Nicaragua. Contando con el apoyo de las principales autoridades universitarias, la primera tarea fue transformar el plan de estudios. La introducción de la asignatura de Comunicación y Género sacó ronchas. Los estudiantes dijeron que esa clase era una invención que no servía para nada. Las más escépticas terminaron siendo reclutadas por Sofía Montenegro, a quien pedí impartiera esa novedad. Lola Castillo y Tania Montenegro, decidieron acompañarla haciendo prácticas profesionales en la revista Gente del diario Barricada.

Para generar credibilidad, disminuir la polarización y ganar la confianza, realicé dos movimientos simultáneos: fundé la Cátedra Abierta y el Consejo Asesor de la Carrera de Periodismo. El primer logro en el Consejo Universitario fue el cambio de Facultad de Ciencias de la Información a Facultad de Ciencias de la Comunicación. La magnitud de la polarización que vivía el país quedó comprobé durante la disertación de nuestro primer invitado a la Cátedra Abierta. Mientras una parte de los estudiantes aplaudía al periodista Carlos Briceño, director de Canal 6, los otros disentían de sus afirmaciones. Con el siguiente invitado ocurrió lo mismo. Mientras unos aplaudían al periodista Carlos F. Chamorro, director Barricada, otros fruncían el ceño como muestra de descontento. Con la intención de frenar la intolerancia, visité aula por aula, e hice ver a los estudiantes que para ingresar a la Carrera de Periodismo, no se les había pedido su carné político, sino su título de bachiller.

Al mes estaba tomando posesión el Consejo Asesor en el Auditorio Juan XXIII, que funcionaba en el Edificio A. Solicité al Padre Otilio Miranda, S. J. Secretario General de la UCA, se encargara de darles la bienvenida y resaltara la importancia de su presencia como miembros de una carrera llamada a contribuir al desarrollo social, económico y cultural del país. En esa tarde espléndida, Pablo Vigil, Ministro de Telcor, Carlos Fernando Chamorro, Chuno Blandón, Fabio Gadea Mantilla, Julio César Armas, Carlos Cuadra y José Esteban Quezada, comprometían esfuerzos para mejorar el plan de estudios. La conformación plural del Consejo Asesor, tenía el propósito de enviar un mensaje a toda Nicaragua: nos dedicaríamos a formar profesionales con el más alto rigor académico. La Cátedra Abierta había sido creada para pensar, deliberar, criticar y proponer, sin descalificar ni ofender a quienes sostenían ideas diferentes a las nuestras.

Convencí a los dirigentes estudiantiles que en las nuevas circunstancias no podían continuar entregando diplomas por el simple hecho de asistir a clases. Como alumnos ésta era su primera obligación. Con entusiasmo acogieron la idea de entregar reconocimientos a los estudiantes de mayor rendimiento académico. En una ceremonia especial reiniciamos la práctica de premiar año con año a los mejores. Para enfrentar las críticas del Ministro de Educación, Humberto Belli, en el sentido que las universidades tenían bajas tasas de graduación, decidimos apoyar a los estudiantes nombrándoles tutores; al año siguiente, los egresados empezaron a trabajar una monografía pionera, bajo la conducción de Oscar René Vargas; lograron recopilar mucha información dispersa sobre los medios de comunicación. Elaboraron una tesis de tres tomos. La primera en su género en Nicaragua.

Todavía Xabier Gorostiaga no terminaba de asentarse como nuevo Rector, cuando los reclamos de la dirigencia estudiantil al nuevo gobierno se hicieron sentir. Era señalado de no cumplir con la obligación constitucional del entregar el 6% del Presupuesto Nacional a las universidades públicas. Las elecciones programadas en 1991 para elegir el presidente de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN), fueron ganadas por Rafael Henríquez, alumno de la Carrera de Economía de la UNAN. En una justa que tuvo como contraparte al estudiante Pedro Ambrogui, Payo resultó ganador. En esa época se desempeñaba en León como Secretario Regional de la Juventud Sandinista 19 de Julio. La ubicación geográfica de la UCA la convertía en centro privilegiado para que los estudiantes desplegasen sus luchas. En las reuniones sostenidas por los directivos de las universidades con los miembros del gabinete de gobierno, no lograban ponerse de acuerdo sobre la manera de contabilizar el 6%.

Emilio Álvarez Montalván resultó sorprendido que lo invitara a disertar en la UCA sobre la cultura política nacional. Durante los ochenta, su presencia había sido vetada en las universidades. Después de su intervención me sugirió que invitara al economista Francisco Laínez y le respondí encantado, abordar el tema económico resultaba apremiante, dado que el gobierno impulsaba un nuevo modelo de desarrollo económico. El Che Laínez me sugirió después a Luis Sánchez Sancho. ¿Una prueba a mi capacidad de tolerancia? Luis había tenido problemas en la universidad debido a su filiación política. Esas objeciones para mí no tenían asidero. Luis fue uno de los setecientos invitados que desfilaron frente a distintas generaciones de estudiantes, jueves a jueves, con el ánimo de conocer, ampliar, interpretar y discutir sus planteamientos sobre diversos aspectos de la realidad nicaragüense. Una universidad que no discute ni defiende la libertad de cátedra como su bandera más preciada, traiciona los principios sobre los que cimenta su existencia.

Debido a las suspicacias imperantes acerca del valor de las encuestas, iniciamos un proyecto que acercara aún más a los dueños y directores de medios, a una facultad cuya única pretensión era iniciar los estudios de comunicación y formación de los nuevos comunicadores en Nicaragua. El retraso que teníamos con el resto de Centro América, solo podría acortarse si deponíamos los rencores y rencillas que se acumulan en la mente y corazones de las personas, cuando enfrentan una guerra como la que vivió el país durante los ochenta. A la facultad correspondía formar la nueva generación de profesionales que estaría al frente de los medios. Necesitábamos dar el salto. Para mostrar que estábamos dispuestos a someternos al escrutinio público, pedimos a Julio Francisco y Teódulo Báez Cortés, la gentileza de certificar la primera encuesta de medios que realizamos. Al evento fueron invitados Olga Moraga y Luis Mora Sánchez, máximos dirigentes de la UPN y APN. En el mes de mayo aparecieron las páginas universitarias en La Prensa y Barricada, gracias a la acogida brindada por Cristiana y Carlos Fernando Chamorro.

El gobierno continuaba resistiéndose de entregar a las universidades el 6% de los ingresos provenientes de las donaciones recibidas. Ante la imposibilidad de ponerse de acuerdo, el Rector de la UNAN-Managua, Alejandro Serrano Caldera, propuso que para superar la crisis era conveniente solicitar una interpretación auténtica de la ley. El 14 de julio los estudiantes decidieron suspensión total de clases para “dedicarse por completo a la lucha por los 38 millones de córdobas que el gobierno no había desembolsado y el respeto al 6% del Presupuesto de la Nación para la Educación Superior”. (Revista Envío. No 129. Agosto, 1992). El 23 de julio, Día Nacional del Estudiante, hubo una marcha encabezada por Carlos Tunnermann, Alejandro Serrano Caldera, Xabier Gorostiaga, Octavio Martínez Ordoñez, Edgard Zúniga, Sergio Denis García, Padre Gregorio Barriales y la comunidad jesuita de la UCA, reclamando al gobierno la entrega de los fondos. Para ganar simpatías los estudiantes realizaban por las noches las marchas de las candelas. Los barrios orientales y occidentales eran visitados solicitando su apoyo.

Los estudiantes de secundaria empezaron a sumarse a las demandas universitarias. La decisión adoptada por el Consejo Nacional de UNEN había sido apoyar la propuesta de Serrano Caldera. Solicitarían a la Asamblea Nacional la interpretación auténtica de la ley. En una reunión del Consejo Universitario de la UCA, Gorostiaga tomó distancia de las demandas universitarias. Invité a Oscar René Vargas a que expusiera su tesis sobre el 6%, ya que este tampoco creía que los estudiantes se saldrían con la suya. La discusión en el Auditorio Juan XXIII demostró el apoyo total obtenido por la dirigencia estudiantil universitaria. La UCA era un hervidero. Como epicentro de las jornadas de lucha, los dirigentes se quedaban por las noches a dormir en sus instalaciones. El país era estremecido una vez más por las protestas estudiantiles, quienes habían regresado a las calles para mostrar su descontento y reclamar sus derechos. Gonzalo Carrión y Payo Henríquez eran los dirigentes más connotados.

Durante el transcurso de la huelga, Gonzalo, Payo y Gorostiaga, fueron invitados a una reunión en la Secretaria General del FSLN, con el Comandante Daniel Ortega. El máximo dirigente sandinista hizo ver lo delicado de la situación. Las clases llevaban más de un mes de haber sido paralizadas. Ortega pidió mesura. Durante el forcejeo, el FSLN había logrado la materialización de una buena parte del Protocolo de Transición. Sin embargo, los estudiantes continuaron adelante. Las presiones ejercidas contra los diputados en sus viviendas para lograr un voto favorable, eran una cuestión rutinaria. En una sesión memorable de la Asamblea Nacional, celebrada el 18 de agosto de 1992, los estudiantes seguían expectantes el conteo en las afueras del parlamento. Con su español enrevesado, el diputado Ray Hoocker, contaba uno a uno los votos. Al final la votación fue de 56 votos favorables. Los cincuenta días de huelga habían culminado con un triunfo rotundo. El 6% incluía todas las partidas presupuestarias. Algo que no ocurre en el presente.