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Atacama está lejos de Temuco, pueblo natal de Neruda, pero por él, minero de Iquique y Atacama, ayudante de su padre minero y por su “Canto General”, conocí desde adolescente todo el territorio de Chile, así como también conocí muchos países y personajes de Nuestra América. “Fui aprendiz en las oscuras galerías / uña por uña contra la tierra recogí el estaño escondido”... “ Usted mire estas manos / son solo callos que hizo el cobre/ óigame el corazón, no le parece que da saltos?/ el cobre lo machaca y apenas puedo andar de un sitio a otro/, buscando hambriento trabajo que no encuentro”.

Desde que el mundo se enteró que estaban vivos los mineros de San José, de Copiapó, Atacama, he recordado los versos de Neruda. Del poeta aprendí que el desierto de Atacama era el más seco del mundo, uno de los lugares de la tierra donde casi nunca llueve, el coraje y la voluntad de su pueblo en la figura enhiesta de Caupolicán, y que el cobre, era “la más dura cosecha de su pueblo”. Chile siempre ha sido un pueblo lleno de optimismo, orgullo, talento para construir y hacer; no en vano su economía lo sitúa en una escala muy superior al resto de muchos países de América Latina. Pero con la labor de hallazgo y rescate de los 33 mineros, han demostrado al mundo una gran unidad y solidaridad, que los ha hecho crecerse, de manera nunca vista, ante los ojos del universo. Y no es para menos.

La verdad es que mineros, rescatistas, dirigentes, el pueblo entero, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, el de Minas; Laurence Golborne, el jefe del Rescate, André Sougarret y muchos héroes y heroínas anónimas, y Cecilia Morel, la esposa del presidente; Sebastián Piñero, han dado una lección de cohesión, de unidad, de amor, de entrega infinita. Al seguir de cerca el caso, vi siempre que tanto Piñera como Cecilia estaban muy involucrados en todo el quehacer para lograr el rescate. No me sorprendió tanto ver al presidente chileno, estar desde antes del descenso de la cápsula Fénix, pero pensé que estaría para recibir a 2 o 3 mineros y luego se retiraría a descansar o continuar sus labores. Pero no, menuda sorpresa y gigantesca lección de responsabilidad, humildad y humanismo dieron al mundo entero al quedarse para vivir cada uno de los momentos de todos y cada uno de los 33 rescates y luego más, el rescate de los rescatadores. La acción de Piñera y Cecilia, no me parece en absoluto, un show como han expresado algunos de sus críticos, sino de una alta capacidad de liderazgo y verdadera entrega.

No olvido la inmediata respuesta de Piñera, siendo todavía presidenta la Señora Bachelet, cuando se le acercó para apoyarle y acompañarla en sus tareas por el desastre ocasionado por terremoto seguido de maremoto. La acción no sólo fue de caballero, sino de un hombre con amplia visión en la conducción de un país. Como Primera Dama, Cecilia no estaba obligada a permanecer todo el tiempo que duró el rescate. Su acción obedece a su praxis de humanismo y alta sensibilidad demostrada no sólo con sus estudios de enfermería, los cuales no logró concluir por acompañar a su marido a continuar su preparación en Harvard. Cecilia acompañó a la gran familia minera, consecuente con su carrera profesional como Orientadora Familiar y su experiencia socio cultural en temas de Familia, Mujer y Empoderamiento.

En la Universidad Mayor, estudió Relaciones Humanas y Familia. Digno el gesto espontáneo de todos aquellos que participaron en las distintas tareas del más famoso rescate de la humanidad, las palabras de Piñero y Cecilia, llenas de aliento, agradecimiento y reconocimiento para cada uno de los rescatados y rescatistas, así como el reconocimiento a todas y cada una de las personas que pusieron lo mejor de si, “hasta con su corazón y sus oraciones, como su mejor esfuerzo para alcanzar el éxito en esta inconmensurable tarea”, dijo el propio Piñera. En su involucramiento directo, Cecilia preparó psicológicamente a la familia de los mineros, con Taller en técnicas de relajación; son signos de una personalidad con vocación humanista.

Lamentablemente, la tradición del comportamiento patriarcal no escapa a muchos profesionales de la información, cuando a la Primera Dama le preguntaron primero por los sentimientos de su esposo ante el rescate de los mineros; como si los de ella no importaran. A las y los periodistas de nuestro continente les hace falta un cambio radical en el tratamiento que se le debe dar la mujer como sujeto de noticia. Cómo, por qué preguntar a una mujer, como cosa relevante, sea figura pública o no, lo que piensa, siente o deja de sentir el marido, el compañero?. Lo correcto es que a cada quien se le pregunte directamente por sus propios sentimientos o ideas.

No embargo mi palabra por cuanto de negativo, en el accionar político del Presidente Piñera y la primera dama pudiera ocurrir en el futuro; ojalá no suceda. Quiero tener la confianza de que no será así. Quisiera que las y los dirigentes de ese enorme país hermano, siguieran por el camino de entrega verdadera al pueblo que los eligió. Que ante el éxito alcanzado con el rescate de los mineros, no se encumbren o creen barreras infranqueables para el pueblo y que lejos de mantener la práctica del abuso de autoridad, corrupción y privilegios, lo cual borraría la lección de semejante gesta, continúen siendo faro y ejemplo de unidad, de democracia, solidaridad y unidad para nuestros pueblos de América. Cuanto costó el rescate y quién lo asumiría, era cosa secundaria, lo prioritario era rescatar a los mineros al precio que fuera necesario. Y aunque gracias a Dios, la ayuda tanto de los mismos empresarios chilenos como de países amigos no se hizo esperar, la deuda la pagará quien tenga que pagarla, ha dicho el propio Piñera. El resto es otra historia.


*Periodista Educativa-Cultural