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Para que los orteguistas pudieran convertirse en un fuerte grupo económico, y en grandes inversores de valores materiales, antes, cada uno de sus jefes, había hecho una enorme y radical inversión de los valores éticos revolucionarios. Y, si quieren, no le pongamos apellido, sino simplemente valores éticos de las personas de cualquier signo ideológico, pues, lo que cuenta, es que ya no tienen ninguno.

Ese abandono de la ética no se circunscribe a las actividades ilegales con los recursos del Estado, y al uso de éste para sus propios fines. Esa castración ética, la están manifestando en varios órdenes de la vida y en su actividad social y política en forma arrogante, ostentosa, soberbia y en una conducta represiva de toda idea o acción que no responda a los cánones de bajo nivel manejados por los jefes orteguistas en sus malas relaciones con el resto de los nicaragüenses de fuera del círculo del poder. Y, con frecuencia, también en las relaciones dentro de su propio círculo.

Los lectores que leen estas líneas, siempre serán pocos –por muchos que pudieran ser— en relación con los muchos nicaragüenses que pueden atestiguar acerca de cómo los orteguistas se han envanecido con el poder, y de tal forma, que no les preocupa, sino que más bien menosprecian y se burlan de las opiniones críticas y de las leyes en que éstas se fundamentan –la principal de ellas, la Constitución—, porque actúan convencido de que seguirán manipulando el poder con fines aviesos, al costo que sea. Costos que, desde luego, no piensan pagar ellos, sino endosárselos al pueblo nicaragüense.

Sus criterios y conductas, que rayan en la demencia, causan inquietudes y hasta desesperanza de hallar pronto soluciones democráticas, acordes con el interés nacional, para nuestros problemas. Y si esos sus desvaríos y su soberbia, que a ellos les estimulan conductas malsanas en cuanto a las condiciones en las cuales deben establecerse las relaciones entre la ciudadanía y el gobierno, se les antoja que deben ser relaciones de absoluta dependencia política de una ante el otro. Las concepciones de los orteguistas, acerca del origen de su riqueza y de su predominio económico sobre el resto de los ciudadanos, son reaccionarias. Tanto o más de que lo han sido las concepciones de las clases dominantes que tienen sus raíces en el régimen colonial.

Si aquellas clases fundaron su ascendencia ideológica sobre las mayorías empobrecidas e ignorantes en la influencia y el dominio espiritual de la iglesia católica sobre sus conciencias, lo que desde el inicio del coloniaje les sirvió de apaciguadora de rebeldías apenas insinuadas, la clase dominante orteguista ha tomado por su propia cuenta esa defensa ideológica-religiosa, prescindiendo de la tradicional influencia de las jerarquías clericales, e incluso, enfrentándolas. Sus discursos parecen homilías mal elaboradas, sus mensajes los hacen con fingidas tonalidades sacerdotales, labran para su pontífice laico una admiración religiosa a pura propaganda, y asumen que Dios es su mentor.

Vamos al grano. Un diputado-empresario en el negocio de la educación superior (Mario Valle), socio de otro diputado-embajador en el negocio de la salud con financiamiento de la caja del Seguro Social (Tomás Borge), reaccionó con el complejo de superioridad que les es propio, ante las interrogantes profesionales de un periodista (Octavio Enríquez), sobre si ya pagaron al INSS un préstamo de más de un millón y medio de dólares. No aseguró haber pagado nada. Pero ante la pregunta acerca de cuál es la fórmula para hacerse rico, respondió con petulancia: “Dios y el cerebro que a muchos les hace falta”. Antes se había auto elogiado sin pudor a Dios ni hacer honor al cerebro: “soy una persona brillante, he trabajado bastante”. Pero no dijo si el trabajo fue pedirle a Dios, representado por Roberto López, el milagro del préstamo del INSS, o frotándose el cerebro como Aladino a su lámpara.

Suficiente muestra de mediocridad para confirmarnos en cuántas malas manos está el destino de nuestro país. Además de evadir preguntas y responsabilidades sobre el tráfico de influencias que les permitió usar el INSS como su caja chica –cual aventajados émulos de los gobernantes “de los dieciséis años neoliberales”—, el susodicho “padre de la patria” lució su medianía espiritual cuando, para probar que es hombre rico y feliz, sacó de su muñeca el reloj Rolex de veinte mil dólares. Como si el interés periodístico y ciudadano fuera saber lo ya sabido sobre su riqueza y felicidad, y no el interés por saber si lo prestado ilegalmente al INSS ya ha sido pagado.

Este caso de exhibicionismo de arrogancia, vanidad y menosprecio por la opinión pública no es un caso aislado, pues es característico de los jefes y testaferros del orteguismo, y ejemplo también de las deformaciones de conciencia que han experimento en sus años de dominio autoritario del poder. Una demostración más, de que la lucha contra el orteguismo no es una simple lucha por el poder político, sino una lucha de carácter ético, de vergüenza contra dinero. Una lucha para liberarnos de quienes se vanaglorian de ostentar valores materiales a cambio de valores éticos. Una lucha contra los efectos de la corrupción de quienes ubican, su máxima conquista humana, en la marca y el precio de su reloj.

Quienes se han convertido en prototipos de tanta pobreza espiritual, ¿qué valores cristianos, socialistas y solidarios creen estar pregonando? ¿Supondrán acaso, que todo el pueblo se los está creyendo? Tales desvaríos –y a juzgar por la muestra que Mario Valle nos ha dado—, los mensajes soporíferos que lanzan contra la conciencia del pueblo en su propaganda les está afectando más a ellos, los mensajeros, que a los sectores populares, sus destinatarios.

Si no mediaran ni estuvieran en juego los intereses vitales del país y del pueblo, los dislates del orteguismo serían dignos de ser proyectados a nivel internacional como ejemplo de lo que puede ser la más atrasada comedia del subdesarrollo humano en esta nuestra Nicaragua tercermundista.

Rechazar los preparativos ilegales del orteguismo para prolongar esta triste condición, es lo que motiva a los nicaragüenses progresistas a rechazar también las maniobras oficialistas y las complicidades de los seudo opositores, para reelegir a Daniel Ortega. Y este rechazo, deberá hacerse siempre, sea que lo hagan por la vía ilegal abierta de los decretos, como por la vía legal simulada con la complicidad de la “oposición” oficial libero-conservadora. Pero ninguna será legítima.