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Con asombro recibimos la noticia del inminente cierre de la Embajada de Noruega en Nicaragua, y digo con asombro porque las otras representaciones diplomáticas y de cooperación que se han retirado, como Suecia, el Reino Unido y Dinamarca, que se irá en 2012, lo han hecho con tiempo y con procesos de salida largos y bien publicitados.

Aunque se puede hablar en términos cuantitativos de lo que el país está dejando de recibir con el retiro de cuatro donantes importantes, quisiera llamar la atención sobre la calidad de la cooperación que estamos perdiendo.

Suecos, noruegos y daneses, junto a los finlandeses, son conocidos como “los nórdicos”, que al igual que ingleses se ubican al norte del viejo continente. Estas son sociedades que fundamentan su vida en la llamada ética protestante, se rigen por un comportamiento social orientado hacia el trabajo, la racionalidad, la austeridad y la solidaridad. Sus sociedades tienen interiorizadas las normas que comparten, por tanto el respeto es la base de las relaciones sociales, lo que se traduce en respeto a los demás y a los bienes comunes. Entre ellas se encuentran además las sociedades menos corruptas en el mundo.

La sociedad nicaragüense no está acostumbrada a regirse por normas, más bien las ajusta a la voluntad del soberano de turno. Nuestro comportamiento social está signado por las voluntades, las emociones, las lealtades a las personas, -estas características no son “malas en sí”, porque además somos solidarios y amables-; el problema es que trasladamos esas mismas lealtades a la esfera pública, lo que desencadena en un desprecio por las normas, que nos ha llevado al caos institucional en el que nos encontramos hoy.

¿Usted sabía que un Ministro inglés dimitió porque cobró unas dietas que no le correspondían? ¿O que un Presidente de Alemania renunció por brindar declaraciones inapropiadas sobre un tema de política exterior? Y es que lo hicieron porque las normas escritas y no escritas les obligan a dimitir cuando han perjudicado al Estado con su actuación individual.

En Nicaragua esa situación no se ha visto hasta el día de hoy, la esperanza es que sin perder nuestra identidad, sepamos diferenciar lo que nos debe regir cuando decidimos sobre nuestros bienes personales que cuando decidimos sobre los bienes de todos y todas. Es decir cuando las trasladamos a la esfera pública y política.

Llama la atención la calidad de la cooperación que estamos despidiendo, es preocupante que quienes se están retirando sean algunos de los que con mayor compromiso se habían puesto a trabajar en procesos para mejorar la eficacia de la ayuda. En el año 2002, la Embajada de Noruega fue un actor fundamental en la conformación del Fondo Anticorrupción en Nicaragua y lo coordinó por 8 años, apoyando a la institucionalidad pública para contar con recursos en la lucha contra la corrupción. Lamentablemente los resultados de millones de dólares invertidos son casi nulos. En este fondo coincidían los nórdicos, los ingleses, alemanes, entre otros, pero ha disminuido la participación precisamente por los pobres resultados obtenidos.

Los daneses, desde el año 2006 hasta inicios de 2010, coordinaron el Fondo de Apoyo a la Gobernabilidad Democrática. Dicho fondo apoya iniciativas de la sociedad civil para mejorar el diálogo y la responsabilidad compartida entre actores públicos y privados, por el bienestar de la sociedad. Aunque la coordinación del fondo pasó a la cooperación alemana, los que contribuyen al mismo son algunos de los que se están retirando. Los suecos, que ya cerraron sus oficinas, coordinaron durante muchos años un fondo para la equidad de género.

Algunas reflexiones sobre esta tendencia:
* Primero, que es evidente que hay un cansancio de parte de aquellos países que nos han acompañado desde hace más de dos décadas. Los millones de dólares invertidos, además del cariño empeñado producto de la solidaridad, no rinden frutos, entonces, no queda más que una respuesta racional, y esto los está conduciendo a salir del país.

* Segundo, aparentemente no compartimos el mismo concepto sobre “democracia”, ni los líderes, ni las sociedades, sino cómo se explica que en la última encuesta de M&R los nicas estemos satisfechos con la “democracia pinolera”. Los europeos se resisten a apoyar un concepto de democracia que no respeta reglas, que no respeta derechos, que no reconoce el rol de la disidencia, que no tolera críticas y que cierra las puertas al diálogo.

* Tercero, la cooperación debe ser un complemento a un esfuerzo nacional consensuado, y en Nicaragua el esfuerzo de los liderazgos políticos no ha logrado vincularse a la agenda real de la gente. La agenda pública de gobernabilidad y la democracia se ha centrado en la forma, que es importante, pero no suficiente para movilizar a la población a defender ideas que no le han resuelto su demanda de empleo y de progreso.

Sin embargo, hay aún muchas razones para seguir apostando por la democracia en Nicaragua, una de ellas es que a pesar de tener muy poca historia de democracia, los nicas hemos estado dispuestos a votar, a elegir, a manifestarnos, a defender derechos económicos, políticos y sociales, a participar, estamos dispuestos a construirla.

Aunque hemos estado por muchos años bajo regímenes democráticos, el ejemplo de otros países vecinos que con democracia han logrado mejores niveles de vida, nos invita a imitarlos, tanto así que se calcula más de un millón de nicas viviendo en esos países y lamentablemente muchos más queriendo emigrar.

Aunque tenemos poca práctica democrática, hay experiencias locales de gobierno para y por todos y todas. Experiencias organizativas exitosas que se rigen por principios democráticos, familias sin violencia y con respeto por cada uno de sus integrantes. Escuelas enseñando valores y actuando en consecuencia. Gente emprendedora, que toma su futuro en sus manos y no espera que alguien le resuelva sus problemas.

En síntesis, habemos muchos y muchas que sí queremos una democracia plena, no una democracia a medias, que confiamos en el consenso como forma de resolver los problemas y no la fuerza y el silencio; que creemos que hay que construir un contrato social amplio e incluyente, no uno hegemónico e impositivo; que valoramos la solidaridad sin colores políticos, no los favores transables; que ansiamos vivir en un ambiente de tolerancia y convivencia pacífica, no en el conflicto; que queremos un gobierno para todos y todas, ricos, pobres, hombres, mujeres, jóvenes, niños, blancos, negros, rosados y amarillos.

Con la ayuda internacional podremos avanzar hacia un modelo pleno, sin ellos también, pero será más difícil.


*Directora Ejecutiva del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp.