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“En el inicio de los tiempos, cuando los ineptos desfilaron por primera vez en el sambómetro principal de la tierra estos quedaron en ridículo, pues ya antes otros incapaces con popo chin y todo se habían exhibido con holgura, dejando a la misma obra de Dios que los había creado con un palmo de narices, pues viejos incapaces habían superado en tiempo y forma su labor magnífica. Y el cínico prestigio de aquella vanguardia inerte, quedó registrada como tal en las páginas del libro de los necios”.(Biblia del Pueblo. Génesis 1.1.)

¡Ciertamente! El falso prestigio de ciertos chistosos que son promovidos insolentemente por algunos pasquines rayados, caen en el fastidio -- por no decir en un lado obsceno de la anatomía humana--, especialmente cuando en sus locos extravíos pretenden imponerse frente a la historia que con severidad los desmiente a toditos ellos.

Pero si acaso y por ventura esto fuera solamente una quimera loca de franca burguesía, pues como que no importaría darles gusto a los señores de la tuba. Pero el problema estriba en que si le permitimos falsear la historia esto confundiría a los jóvenes de hoy que personifican al presente del mañana, y esto sí sería algo imperdonable para los viejos de hoy, que fuimos los jóvenes del pasado y por tanto testigos de la historia más reciente.

Es difícil entender a estas figuras que en sus levedades insoportables únicamente ofertan tretas y patrañas, pues pretendiendo vaciar la savia del intelecto popular tratan de engañar al pueblo ofreciéndoles represar sus mentiras sin ningún reparo ni vergüenza. Y en esos grupúsculos políticos hay allí algunos amigos que fueron antiguos compañeros, pero que con su conducta indigna borran su paso por la historia en la que el sandinismo les dio la oportunidad de participar con gallardía revolucionaria, pero que hoy vergonzantemente, lamen las botas del patrón que un día juraron combatir.

Es triste, pero como se ha dicho: “El destino baraja las cartas pero somos nosotros los que las jugamos”… y así algunos pierden hasta los calzones en el laberinto de sus insanas ambiciones personales, manteniéndose sumergidos en la necia vanidad de los ineptos.