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“Las comunidades del litoral están perdidas, el narcotráfico ha logrado establecerse, la población asume como normal esta alianza y excluyen a aquellos que se resisten. Por ejemplo, el reverendo se vio obligado a migrar porque no firmó el acuerdo de la comunidad con el narcotráfico”, comentaba un poblador de la Región Autónoma Atlántico Norte.

Esta impresión de impotencia que percibí en mi reciente viaje a Bilwi (Puerto Cabezas) estaba relacionada con la participación de la población en la protección de familiares, amigos esposos o comunitarios que se involucran en la oferta de drogas ilegales producto del tráfico interno e internacional y la ausencia del Estado.

Esto propicia que los problemas asociados con el tráfico interno e internacional de drogas, como los abusos hacia las personas sean restituidos en monedas líquidas. Por ejemplo, un comunitario decía que los narcos abusan de las menores y posteriormente les tiran el dinero a los familiares, haciendo un modo de vida la expresión “cuánto valés”. No hay duda de que esto representa un riesgo para la sobrevivencia de las comunidades, sumado a los problemas asociados con el consumo de alcohol y otras drogas.

Adoptar medidas posibles articuladas donde los diferentes actores asuman responsabilidades y actuaciones concertadas para implantar servicios es lo que permitirá que la sensación de ausencia de las autoridades y la influencia del narcotráfico se modifiquen.

El ámbito de la reducción de la demanda de las drogas es un espacio donde la familia, autoridades comunales, municipales, regionales y nacionales pueden incidir y estar marcando la diferencia entre el fatalismo y las iniciativas como la prevención de drogas sistemáticas y permanentes, modificación de los modelos de consumos de drogas (el no mezclar, consumir la menor cantidad posible, etc.), alcohólicos anónimos, pequeñas unidades de desintoxicación en los hospitales, unidades de atención ambulatorias, casas tuteladas, espacios para utilización del tiempo libre, entre otros.

Claro la pregunta infaltable sería, ¿de dónde sale el dinero para impulsar estas iniciativas? Los millones de dólares incautados al narcotráfico en las Regiones Autónomas del Atlántico de Nicaragua los Gobiernos y Consejos Regionales podrían hacer la reivindicación ante las instituciones nacionales para que sea utilizado este dinero en ambas regiones y establecer una partida dentro del presupuesto regional para la construcción de una red de atención a los problemas asociados con el consumo de alcohol y otras drogas. Por otro lado, las alcaldías podrían destinar un pequeño porcentaje del presupuesto para estos servicios, el Ministerio de Salud podría reorganizar algunas áreas para atender los problemas asociados con el consumo de alcohol y otras drogas, el Consejo Nacional de Lucha Contra las Drogas debería incluir el Caribe de Nicaragua en sus iniciativas, el gobierno nacional debería entregar partidas para la contraparte de esfuerzos conjuntos con la cooperación externa, la población civil participando en la sostenibilidad de los servicios para la prevención y tratamiento de la dependencia al alcohol y otras drogas.

La dependencia al alcohol y otras drogas es un fenómeno multicausal donde todos podemos incidir, participar y crear iniciativas que contribuyan a brindar atención a los problemas producto del consumo de alcohol y otras drogas.


Paso a paso.