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El desarrollo de Nicaragua debe estar ligado al de la ciencia y la tecnología, y a resolver múltiples problemas prácticos que nos aquejan. Una clave fundamental de este desarrollo es que se centre en las personas y su calidad de vida y la de la naturaleza, con mirada de sostenibilidad y de futuro. Los pueblos que aman su futuro, ubican en primer plano la enseñanza de la ciencia. Pero nuestra enseñanza de la ciencia continúa regida por métodos de enseñanza tradicionales que limitan y empobrecen las capacidades de los educandos. En la matriz de dicho método prevalece el dictado, la explicación y la repetición mecánica, con poca comprensión y sin construcción de significados científicos. Desde su enseñanza en el nivel primario hasta la secundaria y la universidad, los cursos de ciencias desmotivan a los jóvenes y les alejan de la ciencia.

La historia y la nueva epistemología del conocimiento científico nos presentan una perspectiva contradicha cada día en las aulas. Mientras el quehacer científico se basa en los métodos de la ciencia apoyados en hipótesis, su discusión, observación y experimentación, el debate y el consenso, la publicación y divulgación de resultados, al ingresar a las aulas se rompe esta lógica de búsqueda, indagación e investigación, para centrarse en exponer, tomar nota, memorizar y repetir. En contraste, la didáctica moderna de la ciencia ha identificado sus fuentes, no sólo en el socioconstructivismo que alumbra una visión cognitiva de tipo constructivo del aprendizaje, y de la pedagogía que aporta métodos activos y cooperativos, sino que también se apoya en la riqueza que aporta esta nueva epistemología del conocimiento científico.

La educación del país ha venido haciendo esfuerzos importantes al respecto. Las transformaciones curriculares de todos los niveles educativos presentan un discurso didáctico relativamente moderno, pero los esquemas mentales del profesorado de ciencias resisten a cambios relevantes, consonantes con las exigencias de la didáctica moderna de las ciencias. El Conicyt viene formulando y consultando la política de ciencia y tecnología, lo que abre en el país un horizonte alentador para el desarrollo de la ciencia y la tecnología en función del desarrollo humano. No obstante, falta mucho por hacer para transformar, desde su matriz generadora, la educación en ciencias, fuente del éxito futuro de esta política.

Las consecuencias de este desencuentro ya han sido analizadas en otros países, llevándoles a replantear radicalmente los modelos didácticos de enseñanza de las ciencias, con procesos sostenidos y enfocados en la formación del profesorado. Vistas las nefastas consecuencias de tal desencuentro para su desarrollo, tomaron decisiones valientes, definieron políticas y recursos, convencidos de que su desarrollo residía en este pilar: la educación en ciencias. Nuestro país puede aprender de experiencias exitosas, a la vez que posee, en sus entrañas, capacidad para desplegar su potencial desde la célula fundamental: la educación científica. Desde la educación inicial, especialmente de la educación primaria y la secundaria, urge ubicar recursos e iniciativas en la educación científica, sirviendo tal nicho privilegiado como cimiento y plataforma estratégica, que fructifique gradualmente en creatividad e investigación superior. Esto conlleva a que las universidades tomen en serio la transformación de los currículos, los métodos de enseñanza y, sobre todo, los cambios mentales del profesorado.

En el año 1992 el Dr. Georges Charpak ganó el Premio Nobel de Física (falleció este año 2010). Desde entonces, él impulsó en gran parte de los países del mundo, un modelo didáctico innovador para enseñar ciencias, basado en los métodos investigativos de la ciencia, que las Academias de Ciencias del mundo están asumiendo e impulsando, interpretando el modelo didáctico desde sus propias realidades.

Enseñar ciencias supone una ruta lógica que ubica al alumnado en posición creativa, innovadora e investigativa. Las etapas abarcan, a la vez que un proceso socioconstructivista, un itinerario investigativo que convierte el aula en pequeña “comunidad científica”. A partir de una temática del currículum, exponen y debaten sus ideas previas, identificando consensos. Avanzan hacia la definición del problema de investigación que discuten y consensúan, y formulan hipótesis a contrastar. Definen una estrategia de investigación y la realizan en grupos con experimentos sencillos y materiales del entorno, en la dinámica de un trabajo individual combinado con el cooperativo. Ponen en común los hallazgos de cada grupo, debaten y consensuan resultados, procediendo a redactar y divulgar sus resultados. En todo el proceso hay cuatro dinámicas que se combinan: verbalizar ideas, escribirlas individualmente, debatirlas en grupos, concertarlas-escribirlas y divulgarlas. En torno a la ciencia, se desarrollan el lenguaje y la escritura, así como la interacción con otras disciplinas.

El apoyo del Ministerio de Educación de Francia a través de sus Embajadas, proporciona cooperación técnica y financiera a los países. En América Latina, Paraguay, Honduras, Nicaragua figuran entre los pocos países que aún no se han adherido a este noble esfuerzo. Recientemente en Venezuela, los países compartieron sus avances, obstáculos y desafíos, con el apoyo de las Academias de Ciencias de la Región. La Academia de Ciencias de Nicaragua, invitada a este consorcio, está empeñada en iniciar este proceso como animadora, inspiradora y garante, incorporando al mismo como principales actores al Ministerio de Educación y Facultades de Educación.