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La primera vez que fui a San Juan del Norte de Nicaragua fue en 1980, la última fue el 12 de septiembre de 2003. De esa última visita, tengo presente en mi mente, como una fotografía, su vieja e inútil draga —cuyo origen no he podido precisar— que duerme en la bahía del mismo nombre. Imagen que repaso, porque, desde nuestro pequeño bote en que viajábamos, vimos que en dirección a la misma se movilizaba un par de tiburones. El pueblo y su población, abandonados por casi toda su vida, no tenían en ese momento (en plena era de la comunicación) ni siquiera un teléfono para relacionarse con el resto de Nicaragua.

Hoy, al ver en la televisión al Río San Juan con toda su majestuosidad, me maravilló ver cómo también una nueva draga escudriña sus profundidades para rescatar su vida y sus aguas soberanas. Al verla, en ese momento quise ser parte de esta draga para repasar su historia.

Después de la segunda mitad del siglo XV, en 1509, entre subidas y bajadas de soberanos del trono español, se le ordena a Alonso de Ojeda, Regente Gobernador de Nueva Granada (Colombia), la búsqueda del ansiado “estrecho”. El 20 de noviembre del mismo año, se publica en Strasburgo, Francia, “El Tratado de Geografía” por su autor e impresor, el sacerdote Martín Waldeemuller, donde aparece el nombre de América por primera vez.

En una carta de Hernán Cortes, Conquistador de México, al Emperador Carlos V de España (quien lo había instado a buscar el estrecho), le expresa: “El que posea el paso entre los dos océanos podrá considerarse dueño del mundo”. Los nicaragüenses no somos los dueños del mundo, pero sí del Río San Juan.

En 1524, comienza la colonización de Nicaragua. En 1525, una expedición encabezada por el Regidor de Granada, Ruy Díaz y los capitanes Hernando de Soto y Sebastián Benalcázar, descubren la “embocadura” del “desaguadero de la Mar Dulce”. Aún sin haber descubierto el “desaguadero”, ya para 1534 existía el primer proyecto de un canal interoceánico.

Después de salir de las Isletas de Granada con buena provisión y recorrer todo el desagüe del río, el 21 de junio de 1539, Alonso Calero, asaltó el poblado de Tori y bautizó la desembocadura del Río, con el nombre de San Juan del Norte. Se había descubierto el “desaguadero” del Río San Juan, un 24 de junio de 1539, día de San Juan. Los indios del pueblo hablaban Náhuatl.

Comerciantes y encomenderos habían solicitado al Rey Carlos V dragar el río por primera vez en 1544 y, por ende, la importancia como vía acuática se incrementa y facilita el comercio y tránsito hacia al Caribe y España.

La conquista de Costa Rica partió de la Granada de Nicaragua en 1553, y el afán de conquista duró treinta años. En 1567 se produjo el primer ataque de piratas ingleses a tres barcos españoles en la desembocadura del Río San Juan, apoderándose de ellos. Ya el resto de la historia de las incursiones piratas es de todo el mundo conocido.

Hoy, 457 años después de la primera expedición española para colonizar a Costa Rica, a nuestros malos vecinos del Sur, no sólo no les basta haberse apropiado de Nicoya y Guanacaste después de la Guerra Nacional –cuando también pretendieron apropiarse del Río San Juan—, sino que les duele muchísimo ver cómo, dentro de la pobreza en que vive nuestro país, se trata de DRAGAR nuestro Río San Juan para aprovechar sus aguas y agilizar su ruta para bien de Nicaragua.

Ojalá se logre finalizar el dragado de todo el río, pues estoy seguro que todo el pueblo, sin distingo de credo religioso, razón social o político, quiere se realicé. Históricamente, los gobiernos y pueblo costarricenses se han beneficiado de los conflictos interminables de los nicaragüenses, provocados y degenerados por nuestra mal llamada clase política, para recibir ayuda internacional y para apropiarse de sus riquezas, las cuales venden como suyas, como es el caso del Río San Juan. Y hoy, lo que más nos dejan es la infección de su mayor fuente de ingreso (el narcotráfico), que viene de su país.

Ojalá todos los ojos de los nicaragüenses, junto a los míos, vean realizada de la mejor forma el dragado del Río San Juan, para beneficio de Nicaragua, bienestar de sus lugareños y pueblo en general, aunque les duela en el alma a nuestros vecinos del Sur. El dragado es un acto de soberanía. Ojalá se logre.