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El siguiente escrito quiere, desde un punto de vista literario, hacer una retórica breve sobre la cultura de guerra en el mundo, y retratarla desde un aforismo que al mismo tiempo será la tesis: “El hombre moderno es una fábrica humeante que fuma compulsivamente, y exhala dióxido de carbono por la boca, una refinería antropológica que caerá derribada ante los pies de un mundo que ya no lo soporta”.

¿Esto es en realidad el hombre moderno? ¿A estos niveles subatómicos de decadencia humana ha descendido, como si la historia de su evolución fuera más bien una historia de involución? ¿Dónde está el cerebro del hombre-siglo-XXI, hoy expuesto como “gran cosa” en los test de coeficiente intelectual que se vierten en la NASA? ¿Dónde está esa masa cefálica con la apariencia de un gran planeta que hoy es incapaz de medir sus propios actos contra Gaia?
¿Es el hombre moderno un suicida en potencia, disfrazado de homo sapiens? ¿Una especie autodestructiva, drogada por la cultura del consumo y la avaricia? ¿Un animal salvaje dentro de su propia civilización? Pues bien, podrá ser muchas cosas, menos algo estable cuya capacidad para destruir sea directamente proporcional a su capacidad para crear.

El hombre se agota a sí mismo por medio de guerras insoportables que ensucian el cielo y agotan los recursos naturales. Se lanza al vacío de las máquinas sofisticadas para reproducir dinero y emancipar las extensiones de su ocio: los bienes materiales. Convierte las necesidades en lujos y hace de los lujos, extravagancias, objetivos culinarios, juguetes para habitar la muerte y despertarla. Armas, armas por doquier. No son simples pistolas, polvorines, navajas ni espadas. Son armas nucleares, aviones supersónicos, barcos portaviones.

El hombre moderno está más cerca de las cucarachas que de Dios. Hace tiempo que mató a Dios para elevarse en su ateísmo como el propio “creador del caos en el que vive”. Autócrata de su propia religión monoteísta, el hombre es severo con su entorno.

Las cucarachas han sido incluso más inteligentes. Las cucarachas por los menos saben vivir a partir de los desperdicios, sobreviven a la inmundicia y conviven con las bacterias. Son superiores al hombre porque son inmortales, anteceden la existencia del ser humano y muy seguramente sobrevivirán a su desaparición también. Ojalá el hombre alcanzara siquiera el status de cucaracha, pero es menos que un insecto espiritual.

Más preocupado por producir dinero que por producir seres humanos, hoy el hombre es su propio Antígona. Mejor dicho, el ser humano se ha metamorfoseado para convertirse en un sucio papel billete, en una tarjeta de crédito, en un número más. ¿Cuántos hombres enterrados en billetes entierran a los hombres que viven en las calles? ¿Dónde está la verdadera bolsa de valores, en Nueva York o en el corazón humano? ¿Por qué tanta ropa para un solo cuerpo? El hombre moderno no se hace este tipo de preguntas. No le interesa.

El hombre moderno solo intenta construir sobre la selva, generar guerras para conquistar más territorios cuando ni siquiera ha sido capaz de conquistar su propio cuerpo, y salvarlo de los vicios: el alcohol, la heroína, la comida chatarra, etc.

Estamos frente a un suicidio masivo, donde todos los hombres se ponen de acuerdo para elegir su propia forma de morir. La gente fuma para suicidarse sutilmente. Y escoge la marca de su muerte: Lucky Strike, Belmont, Marlboro, etc.

La gente mata a los cetáceos en Japón para luego digerirlos en los restaurantes, y los barcos balleneros se excusan con el argumento de cazarlas para “estudios científicos”. Es una verdadera guerra contra los animales indefensos. A ese paso, la ciencia humana terminará por descubrir que sus entrañas están más pútridas que los desperdicios de las mismas ballenas jorobadas que asesinan cada año.

¿Al hombre moderno le importa la mujer moderna? No, la mujer moderna sigue siendo antigua para el hombre moderno. Sin embargo, la mujer moderna lucha para encontrar espacios en el mundo actual y ser alguien y salvar lo que todavía puede salvarse. ¿Y contra quién lucha la mujer moderna si no es contra el mismo hombre que a su vez fue hijo de una mujer también? Olvidan los hombres que las mujeres son sus madres y que las madres dan a luz en plena oscuridad.

Conclusión: nos apagamos en medio del universo como una galaxia que se extingue. Somos incultos, en cuanto a paz se refiere. Somos egoístas, guerreristas en vez de guerreros, desagradecidos con la Naturaleza y negligentes frente al destino. Las crisis nucleares en Asia, la continua intervención de Estados Unidos en los Estados Desunidos del resto del mundo, la Unión Europea versus China y la eterna guerra entre Palestina e Israel son solo algunos ejemplos de la incapacidad que tiene el hombre moderno por controlar sus propios instintos.


*grigsbyvergara@yahoo.com