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La función primordial de la lengua, como sabemos, es la comunicación. Y como el proceso comunicativo se realiza entre grupos de individuos dentro de una comunidad determinada, no podría existir, por tanto, ninguna lengua sin la sociedad que le sirve de soporte y fundamento.

Cuando los individuos se comunican, lo hacen comúnmente de acuerdo con un modelo estándar que les permite entenderse. Pero las diferentes circunstancias en las que se produce el acto comunicativo condicionan el uso del registro y el nivel de lengua.

Esas circunstancias pueden ser de tres tipos: a) biológicas, relacionadas con el desarrollo personal y la educación que se recibe; b) geográficas, condicionadas por el lugar en que se desenvuelve nuestra vida y la del grupo social con el que convivimos normalmente; y c) socio-culturales, vinculadas estrechamente con las actividades vitales que realizamos.

Perfectamente diferenciadas, estas tres clases de variantes no se excluyen unas de otras. Y en conjunto, nos proporcionan una información importante sobre la personalidad de quien nos expresa sus ideas.

Tomemos, por caso, una de estas tres variantes referidas. Un médico, por ejemplo, puede adoptar en su vida normal un modo particular de expresarse según la circunstancia en la que se encuentre: su nivel de lengua: no es el mismo si redacta un comentario de un libro, conversa con su esposa un suceso cotidiano, conversa en el campo con un trabajador de la tierra, analiza con sus colegas los pormenores de una enfermedad.

En todas estas circunstancias descritas (variantes sociales), la persona ha recurrido a usos variados de la lengua asociados a determinados grupos: personas instruidas, relaciones familiares, personas con bajo nivel cultural, ámbito de una profesión, oficio o actividad como la de una pandilla juvenil, etc.. Nos referimos, entonces, a las variedades sociales de la lengua. El médico ha empleado distintos registros o niveles: culto, coloquial, popular, jergal.

Veamos una muestra en el nivel culto.

“El más río de los ríos de esta tierra es el Coco, que va de Oeste a Oriente, regando regiones de diversas clases, viendo múltiples panoramas, fingiéndose. lago, ensenada, cascada, laguna. Es panorámico, fantasioso, alegre, amable. Parece que sonríe en Kisiksik y en Quiubos, cerca de Bocay, cuando se arrastra por las avenidas empedradas. Sonrisa de cristal en la montaña resonante”.

(Carlos A. Bravo: “El Río Coco”)

Observe que este lenguaje es propio de las personas instruidas. El autor es un escritor, un intelectual, un narrador. Hay claridad y precisión en el empleo de las palabras, y sobre todo variedad y riqueza. El autor construye las frases de manera cuidadosa. Se trata de un nivel que funciona como modelo de corrección y unidad del idioma. Es propio del registro escrito, pero se emplea también en el lenguaje oral cuidado o formal como en una conferencia, un discurso académico, una exposición en el aula de clase, etc.

Veamos ahora un ejemplo del nivel coloquial.

“¡Qué vaina! Lo que usted me acaba de decir es una cosa que me preocupa, algo así como un temor a echar a perder todo lo que he logrado a punta de trabajo. ¿Me entiende? Si yo fuese una persona malita, le diría a esa chismosa un pencazal de cosas. Si le contara…”

Fíjese: este nivel, propio de todas las clases sociales, se caracteriza por un uso espontáneo de la lengua, con frases construidas en forma sencilla y poco esmerada. Es frecuente el empleo de exclamaciones y frases interjectivas (¡Qué vaina!); palabras comodín (cosa, algo); vocabulario impreciso (“así como…”); frases hechas (“a punta de trabajo”); muletillas (“¿me entiende?”); diminutivos (“malita”), aumentativos (“pencazal”), frases inconclusas (“Si le contara…”). Aunque aparece en registros escritos, es más propio de la lengua oral.

Arreglemos una muestra del nivel popular o vulgar.

“Ugenio, bien guacaliado de peguiar todo el día y almariado con unos piquinyuquis, se aplastó en la pata de gallina como que si fuera un taurete de roble. Al suave se fue arrecostando en la pared como quien quiere dormir la mona. Nues que haiga llegado bolo, bolo, pero los bujillazos lo pusieron alegrón. Ay nomás llegó una señora media malbozaliada y le gritó:

- ¡Alevantate para que nos váyamos!”

¿Qué advertimos en este texto? Supresión de sonidos (Ugenio), diptongación (guacaliado y peguiar), adición de sonidos (almariado, taurete, arrecostado); vocablos de uso popular (guacaliado, peguiar, piquinyuquis, aplastó, pata de gallina, al suave, bujillazos, bolo, alegrón, malbozaliada), fraseologismos (dormir la mona), contracción de sonidos (nues), arcaísmos (haiga), repetición de vocablos (bolo, bolo); cambio de acento (Ay, váyamos), uso de adverbios como adjetivos (media), formas en desuso (alevantate), uso del voseo y una espontaneidad en la exposición de las ideas. Es característico del lenguaje oral, pero puede figurar en registros escritos de carácter regionalista.

Finalmente, veamos una muestra de la jerga del pandillero en Nicaragua. Fíjese la respuesta a esta pregunta:
- ¿Y por qué se arman esos bochinchones con grupos de otros barrios?
- “Un sobre se arma por un territorio o un viejo traido entre los mandurrias. En veces, sólo porque uno se topa con otra pipol en el mismo barrilete”. (Un pleito entre pandillas se arma por el dominio de una zona de operaciones o una vieja rencilla entre los jefes de las bandas. A veces, por el encuentro con otra pandilla en el mismo barrio).

Resulta evidente que la formación socio-cultural está estrechamente relacionada con el uso de la lengua. Así, grupos sociales de formación cultural superior o media suelen emplear variedades elaboradas de la lengua, porque dominan varios registros, frente a grupos con poca formación cultural que sólo saben comunicarse por medio de variedades restringidas. El médico de nuestro ejemplo posee mayores posibilidades expresivas, porque domina varios registros y puede comunicarse en diferentes niveles de lengua según las circunstancias. En cambio, un campesino analfabeto se verá limitado al uso de un solo registro (la lengua oral) y a un solo nivel de lengua exclusivo de su competencia cultural: la lengua rural.

Parte fundamental de la esencia humana, el lenguaje permite expresar las ideas, emociones y sentimientos. Por eso, todo grupo social civilizado aspira a que sus miembros conozcan y aprendan su lengua o idioma, porque a través del habla cada persona refleja su personalidad y la de la comunidad a la que pertenece.


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