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El mundo recientemente ha sido testigo de dos evasivas diplomáticas importantes. Japón, que enfrenta una creciente presión de China, liberó incondicionalmente al capitán de un pesquero de arrastre chino cuya embarcación había embestido contra un bote de la patrulla naval japonesa. Y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, no hizo nada cuando Israel se negó a extender la prohibición de seguir construyendo edificios nuevos en Cisjordania, lo que provocó que los colonos israelíes de Cisjordania se regocijaran.

En el corto plazo, resulta evidente quién perdió. En el largo plazo, en cambio, el resultado de dar un paso atrás tal vez no sea tan claro. China, en particular, debería sopesar cuidadosamente el precio político a largo plazo de celebrar su supuesta victoria sobre Japón.

De acuerdo con la tercera ley del movimiento de Newton, “para cada acción siempre hay una reacción igual y opuesta”. La geopolítica tiene una ley similar: cuando el mundo ve una nueva potencia emergente, la mayor potencia existente del mundo intenta, directa o indirectamente, bloquear su ascenso. Hoy, la mayor potencial del mundo es Estados Unidos, y la mayor potencia emergente es China. Hasta el momento, curiosamente, Estados Unidos no ha forjado una estrategia para frenar el ascenso de China.

Las razones para esta aberración geopolítica son complejas. Pero un factor clave es que, hasta hace poco, los líderes de China habían acatado el sabio consejo de Deng Xiaoping: taoguang yanghui (esconder nuestras capacidades y evitar ser el centro de atención), y shanyu shouzhuo (saber mantener un perfil bajo). La decisión de China de intimidar a los japoneses hasta la sumisión por el tema del pesquero de arrastre, sugiere que China puede estar arrojando la precaución geopolítica de Deng por la ventana.

Más imprudentemente, después de asegurar la liberación del pesquero, China le exigió una disculpa a Japón. Una regla importante en las relaciones internacionales es nunca exigir un reclamo que no se puede cumplir. Ya habiendo sido humillado por China, una disculpa de esta índole sería políticamente suicida para el gobierno japonés.

De hecho, China no debería esperar que una respuesta de esa naturaleza se produzca. En las últimas décadas, Japón se ha convertido en un tigre durmiente. Tras haber superado al resto de Asia durante más de un siglo, los japoneses han decidido bajar la marcha. Japón ha perdido su impulso para seguir siendo una de las más grandes potencias del mundo, y tal vez nunca vuelva a recuperarlo.

Sin embargo, dada la historia de Japón, uno sería tonto si subestimara al país. Mientras el mundo se preocupa por las armas nucleares norcoreanas e iraníes, sería útil recordar que Japón, si así lo decidiera, podría convertirse en una potencia nuclear en cuestión de semanas. Tiene todos los ingredientes, aunque los dolorosos recuerdos de la Segunda Guerra Mundial y los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki han mantenido hasta ahora a sus líderes bien alejados del desarrollo de un arsenal nuclear.

Es más, si Japón necesita aliados para equilibrar el ascenso de China, fácilmente podría recurrir no sólo a Estados Unidos, sino también a Rusia y a la India. En resumen, las cartas geopolíticas podrían resultar a favor de Japón si China cree que está en una posición más fuerte de la que en realidad tiene.

De la misma manera, la geopolítica no funciona a favor de Israel en la cuestión de Cisjordania. Cuando el dominio global de Estados Unidos era incuestionable, como en los años 1990, tenía sentido que Israel asegurara su futuro a largo plazo manteniendo un control sobre el Congreso de Estados Unidos. Pero la potencia norteamericana llegó a su pico más alto. En su punto culminante, Estados Unidos, con el 5% de la población del mundo, representaba cerca del 30% del PBI global. Frente a este espectacular desempeño económico, los norteamericanos podían gastar más en defensa que el resto del mundo en conjunto. Todo esto, naturalmente, condujo a un orgullo geopolítico desmesurado, en Washington y en Tel Aviv.

Si bien la potencia estadounidense inevitablemente declinará en términos relativos, la de los 1.300 millones de personas que viven en el mundo islámico –la vasta mayoría de ellos en Asia- inevitablemente aumentará. La creciente marea económica que está levantando a China y a la India también los elevará a ellos. Los musulmanes asiáticos tienen la misma mentalidad que los chinos y los indios. Lo que China y la India están haciendo hoy, las sociedades musulmanas de Asia lo harán mañana. En consecuencia, el PBI combinado de los 57 miembros de la Organización de la Conferencia Islámica –que hoy sólo representa el 13% de la producción global- fácilmente se duplicará en las próximas décadas.

De modo que el tiempo ya no está de parte de Israel. La seguridad fomentada por la potencia global indiscutida de Estados Unidos demostró ser una ilusión. Pronto Estados Unidos tendrá que hacer importantes ajustes geopolíticos, especialmente si su economía tiene un desempeño peor del esperado en la próxima década o dos. Al igual que la ex Unión Soviética, Estados Unidos tendrá que llevar a cabo una perestroika y recortar el gasto de defensa.

Como amigo de Israel, me sorprende que cada vez seamos más los que no exigimos a los líderes de ese país que aprovechen la breve oportunidad geopolítica de una solución viable de dos estados, mientras la oferta sigue sobre la mesa. La continua humillación de los palestinos por parte de Israel, hoy transmitida en vivo en cientos de millones de hogares musulmanes, está generando reservorios innecesarios de odio. Las escenas de colonos exultantes en Cisjordania no hacen más que agravar las cosas.

La reciente pelea de Israel con su mejor amigo en el mundo islámico, Turquía, les debería de haber hecho sentir a sus líderes un presentimiento del nuevo mundo que está llegando. La pelea con Turquía fue un temblor menor. Con mayores terremotos geopolíticos en el horizonte, la hora de que Israel actúe es ahora.


Kishore Mahbubani es decano de la Lee Kuan Yew School of Public Policy, Universidad Nacional de Singapur. Su libro más reciente es The New Asian Hemisphere: The Irresistible Shift of Global Power to the East.


Copyright: Project Syndicate, 2010.

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