•  |
  •  |
  • END

Ideuca

Hace unos 15 días compartí con los diputados de las comisiones de población, desarrollo y municipios, medio ambiente y recursos naturales y asuntos étnicos, regímenes autonómicos de las comunidades indígenas, con instituciones del Gobierno, organizaciones de la ciudadanía, organismos internacionales, representantes de las etnias Mayangnas y con el ejército de Nicaragua, el planteamiento y reflexión sobre la Reserva de la Biosfera de Bosawás, su situación actual y su posible futuro, desde todos los ángulos, preocupantes.

Dicho planteamiento y reflexión estuvo sustentado por una precisa y muy ilustrativa presentación hecha por el Coronel José Reyes y el equipo que están formando el Batallón ecológico con la misión de llevar a buen término el mandato del Presidente de la República, en forma de un Plan de acción para administrar la Reserva y sus importantes componentes humanos, biológicos y naturales.

Después de la presentación central a cargo del Ejército, hubo varias intervenciones en forma de preguntas y de cuestionamientos.

En lo personal hice desde la perspectiva del Programa El Hombre y la Biosfera (MAB) de la Unesco, así como desde la perspectiva de mis conocimientos de educación la siguiente reflexión:
En nuestra educación han prevalecido modelos educativos basados en la cultura occidental, de raíces y mecanismos profundamente racionalistas y positivistas que nos ha acostumbrado a ver el Planeta Tierra como el gran recurso que debe ser explotado a cualquier precio para satisfacer las exigencias de un proyecto globalizado de desarrollo económico.

La arquitectura racional y positivista de este modelo ha fracasado también en términos educativos respecto al cambio climático. No se puede mantener y potenciar dicho proyecto y dicho modelo educativo, porque necesariamente seguirá atentando contra la sobrevivencia de nuestro medio ambiente, es decir, de la vida de cuyo espacio nosotros también somos miembros inseparables. Más aún la aplicación generalizada de dicho modelo ha generado pobreza, desigualdad y exclusión en amplios sectores de la población. En educación, la razón no nos puede separar de la vida.

Lo peor del caso es que hemos aceptado ese modelo educativo como el único y perfecto de tal manera que es el que se ha aplicado incluso a nuestros aborígenes y etnias indígenas para su desarrollo. Sin embargo ellos no han sucumbido a los imperativos de ese modelo educativo porque se han identificado con la Madre Tierra y es ella con su fuerza y generosidad la que les ha proporcionado la visión, misión, conocimientos, objetivos, técnicas y mecanismos de una educación desde y para la vida, desde y para aprovechar, a la par de cuidar y mimar los reclamos e imperativos de la Madre Tierra.

En consecuencia, según una lógica bien fundamentada, nuestros indígenas Mayangnas, miskitos, creoles, garífonos deben ser nuestros educadores en la ciencia de la naturaleza y del Planeta Tierra. Ellos deben ser nuestros maestros porque sus conocimientos y vida están en armonía con la naturaleza y sus leyes. Ellos conocen el valor cada vez más apreciado del carbono que producen los árboles despalados para dar cabida a otras alternativas, con los efectos negativos del metanon.

Nos hemos equivocado en el modelo educativo en relación al cambio climático y a las causas que ahora ponen en entredicho la sobrevivencia común del Planeta Tierra.

No tenemos la autoridad para seguir educando en la lógica y los mecanismos que siguen deteriorando el medio ambiente pero sí tenemos la necesidad de aceptar y aprovechar la educación que surge y emana de los conocimientos y experiencias de nuestros indígenas, aliados vitales y existenciales de nuestra Madre Tierra.

Creo que mi reflexión produjo cierto impacto y cierta aceptación, al menos, en su planteamiento.

Aparte de esta reflexión hubo algo adicional que me impactó profundamente. Fue la intervención del Representante de los siete territorios Mayangnas cuando en un lenguaje sencillo, lento, profundo dijo en resumen lo siguiente: “Ustedes nos están hablando de leyes y nos están interpretando las leyes convencidos que con su cumplimiento resolveremos nuestros problemas de la Reserva y demás problemas conectados con ella y con nuestras comunidades, nosotros como pueblos indígenas, como habitantes de la Madre Tierra no necesitamos leyes para cuidar, proteger y amar nuestra tierra y nuestros recursos naturales, porque somos parte inseparable de esa tierra y al cuidarla nos estamos cuidando a nosotros mismos y a nuestro futuro”. Es la tierra la que nos alimenta, cuida y se interesa por nosotros.

Interpreto que los mayangnas tienen en sus vidas, historia, cultura, experiencia y capacidad, una especie de ley interior que se identifica con cada uno de ellos y dirige su actitud respecto a la Madre Tierra. Han aprendido de ella los saberes que les permitan dialogar con sus riquezas, sus leyes, sus necesidades y sus respuestas siempre generosas para el bien común compartido.

Los mayangnas cuidan la tierra y la tierra cuida de los mayangnas.

Es la solidaridad de ida y vuelta en el amplio espacio de la naturaleza.

Concluyo que los indígenas mayangnas poseen la verdadera autoridad y sabiduría para educar en cuestiones de medio ambiente, cambio climático, reserva de la biosfera, de los recursos naturales, desarrollo humano, etc.

Ellos son los verdaderos maestros de la biosfera.