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EL NUEVO DIARIO del 18 de octubre publicó una ponderación a la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE). En lo divulgado percibimos que el autor perteneció a esa organización; mas por el enfoque, estuvo alejado del escenario, aparentemente. Omitir no lo libera de coautoría.

Basado en referencias históricas, el imperio más rustico usó el espionaje, tanto doméstico como externo. Los tiranos expoliaban a sus súbditos, eran odiados, pero se enteraban de lo que hacían subordinados y adversarios, porque hubo servidores proclives a hacer el mal. Los déspotas son vectores de corrupción.

Conforme versiones de personas que tenían porqué saber, de quienes omito nombres respetando su memoria, otros viven y nada obliga revelar fuentes; no es secreto que el gobierno que organizaron en julio de 1979, instituyó la DGSE, que recibió apoyo de potencias y adherentes que vinieron a aplicar métodos experimentados en atropellar derechos humanos. Son conocidos los gobiernos que manipulaban la fuerza de la Seguridad y a quien enfrentaban, pretextando defender a Nicaragua.

El acuarelista plasma la Naturaleza, particularmente bosques, pero no describe habitantes de la selva, características y hábitos. Los “muchachos” uniformados en 1979, entusiasmados o convencidos, equivocados o no, fueron sinceros y lo primero que arriesgaron fue su vida. Decenas también perecieron con ese uniforme. Vidas valiosas. ¿Justificó sacrificarlas?
La etapa del proyecto que los nicaragüenses desarrollábamos en 1979, enfrentaba enemigos, al frente los Estados Unidos, para realizarlo y defenderlo, el pueblo lo demostró. Era imperativo escudarse de las agresiones. Ese derecho no debió justificar impunidad de pocos, para violar derechos humanos.

Desviaciones, exacciones de quienes organizaron y dirigieron el cuerpo represivo, no correspondió a lo que decían; torpeza grave fue que convirtieron en enemigos a decenas de personas no involucradas en política y eliminaron competidores. Institucionalizaron el chisme (oficinas cerca de El Redentor, teléfonos y CDS), admitiendo acusaciones envidiosas, querellas de vecinos y falsedades; proliferaron testigos, incluyendo los “compas”.

El terrorismo de la Dinastía lo materializaron individuos iletrados y de calidad pedagógica rebajada; los guardias (pelones), eran campesinos conscientes que el pueblo los odiaba. En cambio, los “muchachos” emergieron de escuelas, colegios, universidades; entre jefes se movían docentes universitarios y profesionales. La población que los defendió, los aclamó, los amó, eran sus héroes. Pero el gatito creció, desarrolló uñas y hábitos. Violentaron a quien debían defender.

Integrantes de la DGSE se establecieron en instalaciones de la OSN. Utilizaron los cuartos sin ventilación, donde hacinaron más de veinte presos, en la oficina de interrogatorios y torturas, al través de espejos los “muchachos” miraban padecer a las víctimas. También tenían “Cárceles del pueblo”, ejemplo la quinta de Fausto Zelaya en entrada a Santo Domingo y otras.

Como El Chipote se bautizó la Loma de Tiscapa, usaron celdas que anegaban con aguas negras, los infelices no podían recostarse y los pies se llagaron. En un baño usado como letrina, una mañana de octubre de 1979, pararon en las excretas a Domingo Vargas Morales, dirigente del proletariado con prestigio en el movimiento comunista universal. Don Tomás Borge lo liberó de los verdugos: Federico López Argüello, Rosa Isabel Galeano y otros, sacándolo de La Modelo, 1980.

Varias mujeres denunciaron violaciones sexuales de los “investigadores”, ofrecían liberarlas. Esbirros extorsionaron familias, abusaron de esposas e hijas de secuestrados. Los vehículos de los apresados fueron rotulados: “Propiedad del Pueblo” y se los repartieron. Desmantelaron residencias de “opositores”. El Alcaide era Inanías Primitivo Rodríguez, “Pedro”.

En huecos de la DGSE desfilaron prisioneros sangrando los oídos, labios rotos, rostros desformados. De esos cubículos algunos presos “desaparecieron”, uno fue Denis Ortega Flores, “Macondo”, guerrillero sobresaliente con el FSLN en el norte. Era de los campesinos integrados a las luchas reivindicativas y quien fuera compañero de Bernardino Díaz Ochoa, también socialista. El segundo de la DGSE, César Cortés Téllez, tras golpear a “Macondo” lo sacó de “El Chipote”.

Garaje presidencial convertido en celda, donde hacinaron a decenas de hombres. Allí desfilaron prójimos goteando sangre, porque desgarraron el bello de su pecho, como sufrió Carlos Rizo Espinoza, jinotegano. Su hogar alojó caudillos del FSLN. El Ministro del Interior visitó “La Caldera del Diablo”, Carlos se entusiasmó apelando ayuda de quien fuera su huésped, de espaldas el uniformado respondió: “...yo tuve un amigo que así se llamaba...” En la finca familiar de Yalí, Rizo albergó conspiradores de varios movimientos, entre esos a Cortés Téllez y otros impostores.

Una madrugada entró a la “Caldera“, el Ministro del Interior, ofendió a Ricardo Gómez Marenco (abogado somocista), quien yacía en el embaldosado y aquel hombre de aspecto patibulario, se irguió, respondiendo: “¡Qué querías! ¡Eras delincuente! Te acusé y si se repitiera, lo volvería a hacer. No creas que me vas a agüevar” Don Tomás se retiró sin vosear.

En la DGSE no anotaban nombres de rehenes y no inventariaban haberes. En lo personal fui asaltado al salir de mi trabajo, tras ser vapuleado, en La Loma me despojaron de unos C$ 35,000.00 (treinta y cinco mil cordobas), salario y liquidación; también haberes personales y el vehículo que pertenecía a Gladys del Carmen Avilés Monge. Ese “recupere” lo realizaron César Cortés Téllez y Montemar Úbeda, “Bomba Loca”. No detallaré torturas y disparos ordenados por los sicarios citados.

Miles de personas culpables o no, sufrieron abusos en la DGSE, no se quejaron porque existía censura; decenas fallecieron, sus familiares temen. Otros desaparecieron, sacados de presidios. Justificaron declarando: “...que se quisieron fugar, etc.” Sus tumbas son desconocidas. Carlos Luis Bejarano Mecén, costarricense, contaba haber presenciado y cavado más de diez sepulturas para presos “piliados” en La Modelo. Cautivos no condenados por ningún delito, ni mandato. Sucedió transcurriendo 1979-1980.

En prisiones de la DGSE sufrieron más de veinte mil seres y sus familias. Sucedió que los carreteros no escuchaban lamentos de los triturados. No por calidad muchos “sobresalientes” de ese cuerpo están protegidos en buenos empleos del Estado.

Claudicaciones, aberraciones y vilezas de centaveros, no borraran sufrimientos del pueblo. No exoneran delincuentes. Los perros lamen mano de quien reparte hueso.

Felicito a directores de EL NUEVO DIARIO por respetar la libertad de expresión. Ahora podemos publicar algo de lo sufrido, quienes negaron derechos osan decir que calumniamos. Reconozco sinceridad del ponderador que sabiendo sus vinculaciones no evade corresponsabilidades.