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Estamos claros que la soberanía de nuestra nación hay que defenderla y, sobre todo, estar unidos los nicaragüenses  alrededor de ella. El Río San Juan es nuestro, y siempre ha sido territorio nicaragüense. El problema que hemos tenido históricamente ha sido nuestros pleitos internos. Así hemos perdido la zona de litigio de la Mosquitia, el territorio de Mokorón, con Honduras, y la zona de Guanacaste y Nicoya, con Costa Rica. Nuestros vecinos siempre se aprovechan de los pleitos internos, ya sea por guerras o por cuestiones meramente políticas (reelección, fraude, etcétera). Todo esto, nos hace un país más débil, pues se debilita la autoridad soberana, porque los gobernantes de turnos conspiran contra una parte del pueblo que también es soberano (a la oposición que en este caso es mayoría) tratan de  desunirla y si es preciso aniquilarla.

Pero cuando surgen estos tipos de problemas de territorios fronterizos cercanos al Río San Juan, donde Costa Rica ha sacado provecho durante años a nuestro territorio abandonado por los gobiernos anteriores y los de hoy, el gobierno de turno pide unidad a los nicaragüenses, y la Asamblea Nacional va a sesionar al Río San Juan, para demostrar unidad ante el conflicto. Esto es correcto, a todos los nicaragüenses nos corresponde defender la soberanía, pero también es correcto decir que la soberanía somos todos los ciudadanos, es el territorio y es el poder, pero para defenderla con fuerza absoluta, tenemos que comenzar por casa. Que los gobernantes respeten a los gobernados en sus derechos cívicos, que respeten la Constitución y las leyes, que respeten los poderes del Estado, que respeten la institucionalidad. Además, que respeten el libre ejercicio y secreto del sufragio universal como es el voto.

Para defender la soberanía necesitamos que todos nos respetemos y que más bien fortalezcamos nuestras instituciones y consolidemos la democracia; que los nicaragüenses vivamos en paz y armonía, y que nos rijamos por un Estado de Derecho y no por decretos ni mucho menos por funcionarios de facto.

 Un gobernante tiene autoridad cuando es respetuoso de los derechos de los demás. Si bien es cierto que no sólo le corresponde a Ortega defender el territorio, si no que a todos, también es cierto que Ortega ha contribuido a la división de nuestro pueblo y manda a garrotearlo y apedrearlo y a negarles el derecho de la movilización a los ciudadanos. Ha reprimido en el Estado a todos aquellos que tienen inclinación política no orteguista; eso es desunión, es fragmentación, es antidemocrático, en otras palabras, es anti soberano.

¿Cómo puedo considerar a Ortega un estadista si nos garrotea y nos niega nuestros derechos ciudadanos a todos los que no somos orteguistas? En cambio, un  estadista que respeta a todo el pueblo sin distingos políticos, religiosos, culturales y sociales tendría el liderazgo absoluto y la autoridad moral íntegra para conducir al pueblo a la defensa de su soberanía. Menos mal que esto no significa un conflicto armado, sino un conflicto político.

En el tiempo del somocismo, cuando estaba el problema de litigio del  territorio de Mokorón con Honduras, el cual perdimos, si se hubiese llegado en el caso hipotético a una guerra, ¿ustedes creen que Somoza hubiese armado al pueblo, siendo que todo el pueblo era reprimido por la Guardia somocista? Nunca lo hubiese hecho. Igual nos pasa con Ortega; ahora que reprime al pueblo, Ortega ya no confía en el pueblo porque sabe que lo ha reprimido.

 Luis Somoza, se aprovechó del litigio de Mokorón, para legitimar su presidencia en 1957, a la cual llegó por fraude, teniendo las cárceles llenas de opositores, con crímenes y torturados, y con un estado de sitio. Así se dieron las elecciones y se impuso Luis Somoza, quien logró que la oposición le diera su respaldo con el invento del Mokoronazo. Inventó que tropas hondureñas se habían tomado Mokorón y matado a 35 soldados nicas, para llamar a la unidad y que la oposición en la defensa del territorio. Hubo una reacción nacionalista, y casi todo el pueblo se volcó a apoyar y se concentró en el Estadio Nacional, donde les dijeron que ya no era necesario. Poco después, la oposición se dio cuenta que no había ocurrido ningún muerto en la frontera.  Puede ser que no sea igual al caso actual, pero es necesario recordar ese engaño somocista.

El gobierno actual y los futuros gobiernos, lo que tienen que hacer en las zonas fronterizas es acto de presencia permanente: construir escuelas, centros de salud, mercados, que las ondas hertzianas nuestras se oigan y la televisión nica se vea; bancos, pequeños puertos y varios puestos fronterizos; o sea hay que invertir y no descuidar al territorio ni a nuestra población. Costa Rica se ha aprovechado de esta situación, ha construido caminos, carreteras, infraestructuras escuelas, centros de salud, etc. y la población, aunque sea nicaragüense, responde ante quien lo atiende. El error de los gobiernos, ha sido dejar abandonada a la población.

Que los gobernantes respeten la Constitución y las leyes, las instituciones del Estado y los derechos de los ciudadanos nicaragüenses, para que verdaderamente unidos defendamos con más fuerza nuestra nación. Creo, que hoy las cosas se resuelven con sensatez y, sobre todo, dialogando para llegar a un entendimiento y que los dos países puedan llegar a acuerdos  de cooperación mutua en la zona fronteriza. Es el momento histórico de revertir todo esto.