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Es curioso como en muchos casos mientras queremos disfrazar a niños, niñas y adolescentes como adultos, los adultos intentamos disfrazarnos de niños, sin re-conocer las tremendas diferencias. Pensemos solamente en la maraña de cosas que pasa por nuestras mentes cuando intentamos racionalizar la idea de armar una identidad planetaria, la cantidad de debates en los que nos metemos sobre nosotros y los-otros. Mientras tanto, a nuestro lado niños y niñas no necesitan grandes reflexiones ni discursos para romper esos muros territoriales, religiosos, étnicos, partidarios, etc., que nosotros hemos fabricado o dejado que instancias interesadas fabriquen, y que nosotros les enseñamos, eso sí eficazmente, a través de su vida.

Hablando de eso, un informático bogotano, en una de las tantas consultas técnicas que le hago, me contó sobre la historia de una niña japonesa, triste por una parte, pero convocadora de esperanza por la otra, y a la que siento la necesidad de referirme.

Ella era Sadako Sasaki, una niña de dos años, cuando en su ciudad otro 6 de agosto, fue víctima de una de las mayores atrocidades de la historia: USA lanzó una bomba atómica matando en minutos, de manera horrorosa, a más de 200,000 personas como usted o yo, y a muchísimos niños y niñas como sus hijos o nietos. El mundo cambió entonces, y la niña fue una de las sobrevivientes de Hiroshima. Pasaron 9 años, y luego de una caída en medio de una carrera, los médicos le detectaron una de las enfermedades asociadas con las guerras y el uso de tales armas: leucemia. Fue hospitalizada.

Las grullas son unas aves importantes en la cultura japonesa que, según sus tradiciones, viven mil años. Chizuco Hamamoto, acudió a su amiga Sadako llevando la esperanza ancestral de que si alguien enfermo hace mil grullas de papel, los dioses le salvan. Sadako se animó y empezó a hacer grullas y grullas, y grullas. Fue un trabajo que no era fácil, las hojas se acababan y debía usar cualquier cosa parecida, pero sólo llegó a 644 y murió. Sus amigos y amigas, sus compañeros de escuela, no se quedaron quietos y en su honor hicieron el resto de las mil. Pero hicieron más, luego, con la esperanza de que la amenaza de guerra llegara al fin, es decir con la idea de sanar al mundo, los niños y niñas pensaron en la construcción de un monumento a Sadako y a las grullas, recogieron dinero, hablaron de eso.

Hoy en día, en el Parque de la Paz de Hiroshima, aparece llena de significado la estatua de una niña de pie, brazos abiertos que lleva una grulla. Y ahora, miles y miles de niños de todo el mundo, sin fronteras, sin muros, hacen llegar cada 6 de agosto de cada año, sus grullas de papel, que los niños de la ciudad víctima del genocidio, cuelgan en el monumento que ahora es un símbolo mundial de la búsqueda de armonía.

En el monumento podemos leer: “Este es nuestro grito, esta es nuestra plegaria: paz en el mundo. El grito necesario y la plegaria han sido dadas y no terminan. Pero hay nuevamente malos vientos.

Para leer la historia con más detalles: http://es.wikipedia.org/wiki/Sadako_Sasaki, para aprender a hacer las grullas en origami, pueden visitar http://www.fundacioperlapau.org/recursos/fitxes/la_grua_de_paper.pdf o ver cómo se hace ambientados por el idioma en: http://www.youtube.com/watch?v=LLho0N2d4u8&NR=1 Testimonios sobre la bomba pueden encontrar por ejemplo en: http://www.macvirtual.usp.br/mac/templates_esp/exposicoes/hiroshima/textos.asp