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Una vez más, una vieja controversia ha sido de conocimiento común de todos los nicaragüenses, e incluso, ha emigrado hacia los distintos puntos cardinales: Costa Rica protesta el dragado por parte del Estado de Nicaragua sobre el margen que le corresponde.

Hace un poco más de un año, tuve el honor de visitar la ahora llamada embarcación “Soberanía”, la cual desde hace un par de meses se está ocupando de dragar la margen derecha del Río San Juan, y por cierto, fue fabricada en El Viejo, Chinandega, casi enteramente con materiales nacionales por un ruso-nicaragüense experto en la construcción de tales máquinas. La majestuosidad de la embarcación fue objeto de halagos y vítores de los presentes, y en ese momento pensé que sería un proyecto ambicioso, pero igualmente beneficioso para hacer el río más navegable y por lo tanto, una verdadera vía de comercio. Sin embargo, no fue igualmente vista por nuestros vecinos del sur, quienes se oponen a la idea del dragado y la instalación del ejército en islas estratégicas para la lucha al narcotráfico. Sobre tales argumentos, es preciso observar lo siguiente:
Nicaragua suscribió el 15 de abril de 1958 (el cual por cierto, detuvo una eventual guerra entre Nicaragua y Costa Rica, teniendo como Estado pacificador la República de El Salvador) el célebre Tratado Cañas-Jerez, el cual es explícito al mencionar en su artículo 4 que “También estará Costa Rica obligada por la parte que le corresponde en las márgenes del Río de San Juan, en los mismos términos que por Tratado lo está Nicaragua”, sin embargo, parece ser el Laudo Cleveland (1888) que se ocupe más ampliamente de este tema, al afirmar en su artículo 6 que “La República de Costa Rica no puede impedir a la República de Nicaragua la ejecución, a sus propias expensas y dentro de su propio territorio, de tales obras de mejora”, inclusive, en ese mismo texto, menciona que el Río San Juan, en virtud de ser una vía de comercio común a ambas naciones, y más aún, la posibilidad latente de un canal, debe ser objeto de labores de mejora y guarda, las cuales precisamente están orientadas a incrementar su navegabilidad; en adición, inclusive el árbitro Cleveland al referirse a los DPI (puntos de dudosa interpretación) menciona en la sexta DPI que “si Nicaragua tuviera que depender de la aprobación de Costa Rica en la elaboración de mejoras, sería equipararse que Nicaragua es una dependencia de dicho Estado, y que el solo hecho de negarse impediría el bienestar de Nicaragua, o incluso, acabaría con él, por lo que debe regirse en lo establecido en el Tratado Cañas-Jerez al mencionar que Nicaragua tiene el dominio y ejerce el sumo imperio sobre las aguas del Río San Juan”. Por lo tanto, las pretensiones de Costa Rica sobre este punto son erróneas y tienen su base en una indebida lectura de los laudos y el Tratado. Sin embargo, es casi imposible actualmente definir cuál es el margen de poder ser dragado, debido a los inmensos cambios que ha sufrido el caudal del río a merced de los avatares de la historia y los caprichos humanos, lo cual es incluso reconocido en el Laudo Alexander al mencionar a un prestigioso jurista que cita: Las fronteras marcadas por las corrientes de agua están sujetas a variar, cuando el lecho de ella recibe cambios”, y que en el mismo laudo indica que su verdadera intención es fijar una línea divisoria para ese momento histórico y no para el futuro, precisamente por la amalgama de factores que pueden incidir sobre ella.

Segundo, las islas que se formen o estén formadas sobre el Río San Juan son de dominio nicaragüense en virtud del Laudo Alexander 1, la cual menciona que “Nicaragua había de tener su estimado “sumo imperio” en todas las aguas de esa misma vía de comercio igualmente no interrumpido hasta el mar. Es de notarse que esta división implicó desde luego el Señorío de Nicaragua sobre todas las islas del río…”. Por lo tanto, el ejército puede ocupar dichas islas en virtud del ejercicio de la soberanía nicaragüense.

Por último, no quisiera finalizar mi humilde comentario en este prestigioso segmento de opiniones, sin transcribir uno de los manifiestos más patrióticos, a mi parecer, de Nicaragua, la cual se conoce como Manifiesto del General Tomás Martínez del 10 de Abril de 1858 y que refleja mi última opinión de las pretensiones costarricenses: Nuestra gran familia dividida en cinco nacionalidades es la oportunidad que se presenta a la codicia de aquellos que envidian la feracidad de nuestros terrenos y la posición topográfica de nuestro precioso istmo; es la causa de la tenacidad de los merodeadores que tomarán mil formas para alcanzar su propósito de robo…”


*Estudiante de Derecho (UCA)