Danilo Aguirre
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Soldados nicaragüenses se asentaron en la punta noreste de lo que los ticos llaman Isla Calero, hasta el 31 de octubre del presente año.

Antes de esa fecha eso era tierra de los Reyes Aragón, conocidos desde los tiempos de ARDE como eslabones de tráfico de drogas e incluso en los mapas, sin que ningún gobierno lo protestara, aparecía como territorio tico.

Hoy aflora con análisis y estudios de expertos nicaragüenses que hay suficiente razones basadas en el Tratado Jerez-Caña y los laudos Cleveland y Alexander para reclamar como nuestra toda la parte sedimentada del Río San Juan en su desembocadura al mar.

Esto hubiera quedado más claro si se hubiera persistido contra la renuencia de Costa Rica de continuar el amojonamiento y demarcar con precisión los hitos fronterizos.

El incidente del artesanal dragado que iniciamos, más la amenaza a los Reyes Aragón y la captura de sus narcos empleados hondureños, terminó con la presencia de tropas nicaragüenses en el lugar.

Costa Rica conforme con sus tradiciones diplomáticas elevó esta situación a la categoría de “invasión” y recurrió al Consejo Permanente de la OEA para que se desalojara a “los invasores” y sostuvo de punta a punta en los debates, que no se trataba de asuntos de límites, sino de agresión de un Estado a otro Estado y esto era materia pertinente y consustancial a la Organización de Estados Americanos.

La OEA envía a su secretario general a ambos lados de la litis y su resultado son cuatro puntos fundamentales como recomendaciones para solucionar el conflicto.

Tres de estos puntos recogen las pretensiones de Nicaragua sobre el amojonamiento y los hitos fronterizos basados en los laudos, así como el restablecimiento de la Comisión Binacional y hasta ofrece la Organización sus buenos oficios para ayudar a las partes en lo que tuvieran diferencias.

Estos puntos formaban y forman parte de lo que Costa Rica ha rehuido tratar, pero como el otro punto se refería a la necesidad de librar la zona de efectivos militares y de seguridad, ACEPTA el texto íntegro de las recomendaciones del señor Insulza.

Si Nicaragua hubiera hecho lo mismo, los soldados habrían salido del “suampo” cuya soberanía pasaba a ser objeto de los otros tres puntos, a los que Costa Rica nunca había querido acceder. Ganábamos en la disputa fronteriza y dábamos una muestra de tener la voluntad de eliminar obstáculos para soluciones pacíficas en los conflictos binacionales.

Costa Rica apostó a que la naturaleza del régimen que gobierna Nicaragua lo haría convertir en “casus belli” la salida de los soldados y que unas recomendaciones del secretario general asumidas por el presidente del Consejo Permanente era muy difícil que la rechazaran los estados, incluso los países del ALBA.

Efectivamente, una vez conseguido su propósito, Costa Rica retira su solicitud para la Asamblea de Consulta de los Cancilleres dado que no está interesada realmente en lo principal de las recomendaciones aprobadas. Increíblemente Nicaragua la secunda en este propósito.

Oportunidad perdida de forzar a Costa Rica a que acepte el amojonamiento y la claridad fronteriza y de haber abierto la posibilidad de un dragado en serio, con empresas especializadas para una tarea trascendental como es limpiar de sedimentos toda la desembocadura del Río San Juan.


En verdad una cosa era pensar en las ventajas nacionales y otra en la necesidad de mantener el conflicto.

Pese a todo, aún hay tiempo para “enderezar el barco”.