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“Si deseas guerra,
prepárate para la guerra.

Si deseas paz, prepárate
para la paz.”


Lo que se ha venido desarrollando entre Costa Rica y Nicaragua – no desde octubre, sino desde hace mucho tiempo – es una relación de vecinos que no está como debería estar. No sólo entre gobiernos, sino entre pueblos. El pantano de unos tres kilómetros cuadrados sí es uno de los temas que vienen llamándonos la atención, pero este asunto tiene varios meollos. Para poder construir una fuerte y sana relación de vecinos entre Costa Rica y Nicaragua hay que ampliar la agenda, y además dejar muy fuera los discursos militaristas. Como si lo que hiciera falta en Centroamérica fuera más gente muerta.

El brote de prejuicios y perjuicios mutuos tiene raíces viejas, aunque ahora se ve con atemorizante claridad la facilidad que hay para aprovecharlos con fines de división. A pesar del intercambio de cientos de miles de personas entre ambos países, pareciera que la hermandad es poco sólida cuando los vecinos empiezan a pelearse.

Para bien y para mal, una buena cantidad de los temas más urgentes para América Central son de toque transnacional. Sabemos que tanto la migración como la conservación ambiental, y el tráfico de drogas, armas, seres humanos y dinero, son retos a los que ningún país puede dar una respuesta adecuada o efectiva sino en acción conjunta con sus vecinos. Así como el reto es regional, la labor para brindarle una respuesta también lo tiene que ser.

Cabe mencionar que por haber fallado rotundamente en el abordaje de estos y otros temas hasta ahora, Centroamérica está encaminada de mal en peor. El golpe de estado en Honduras de 2009 fue un preestreno, un preaviso. Dentro de año y medio habrá otro en Guatemala, al menos que cambiemos radicalmente de rumbo.

Así como no podemos seguir ignorando los conflictos que vienen brotando desde las meras raíces de nuestras sociedades, las confrontaciones destructivas entre países vecinos es un lujo que no nos podemos dar.

Por todos los continentes del mundo hay cientos de conflictos sobre fronteras y territorios. La clave está en cómo respondamos a ellos, y se han creado decenas de mecanismos con ese mismo propósito. Si es una u otra corte, la Comisión Binacional, las Naciones Unidas, o mediadores independientes es de importancia menor, siempre que se encuentre un proceso que les parezca adecuado y efectivo a las partes involucradas. Es lo menos que podemos exigir de un gobierno, que se ponga de acuerdo con el gobierno vecino sobre cómo seguir peleando.

Para todos los demás «meollos» de este asunto, de esta relación de vecinos, hay que ir creando espacios para su abordaje. Las mesas de trabajo pueden ser muy efectivas, pero tiene que ser una condición básica que sean públicas y formadas por los pueblos, no sólo por los políticos, burócratas y académicos. Ni la xenofobia mutua ni la pobreza es monopolio de ellos.

¿Qué tal unos nuevos programas de televisión, transmitidos en ambos países? Podría empezar con una serie de diálogos facilitados entre mujeres y hombres, niñas y niños, ancianas y ancianos costarricenses y nicaragüenses, combinándolo con contribuciones humoristas de los mejores talentos de ambas bandas. Compartiendo reflexiones y experiencias sobre economía, violencia, cultura, organización comunitaria, lo que sea – y risas.

La relación nica-tico ha estado estancada desde hace tiempo, y esta crisis es una oportunidad para los vecinos y todo el vecindario si lo sepamos aprovechar.


*Adrián Bergmann (bergmann@transcend.org) es trabajador de conflictos con TRANSCEND International.