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EL NUEVO DIARIO del 15 de noviembre publicó uno más de los análisis de Edmundo Jarquín sobre el mundo como él lo ve. Siempre son pocos párrafos sus artículos, pero también tan breve pueden contener muchas fallas a la vez.

El crecimiento de una economía no se logra por decidir quererlo. ¡Como si Ortega no quiere y Gadea sí! Una economía tan dependiente de poderes afuera de nuestro control o influencia como la nicaragüense es - bajo el sistema dominante - casi por completo víctima de economías en otras partes del mundo. Por ejemplo, la crisis económica mundial actual causó menos demanda en los países industrializados, afectando las exportaciones nicaragüenses como las demás. Y paralelamente miramos menos dinero de parte de la cooperación externa para los “países empobrecidos”, porque hasta los “países enriquecidos” están en apuros, porque sus poblaciones — entre ignorancia y xenofobia — demandan resolver los problemas en casa antes de dar la plata a África o Centroamérica. Y hasta las remesas sufren por la reducida economía, por ejemplo, estadounidense.

Además sí se vio recientemente un crecimiento de la economía nicaragüense, aunque estamos en crisis mundial, de 3.8% si me recuerdo bien. Esa cifra no hubiera sido mal, si hubiera nacido en base de actividades sostenibles. Pero lamentablemente (y uno quisiera decir: como siempre) no fue así: mayores participantes del crecimiento han sido la ganadería – el factor número uno de la destrucción de bosques, ríos, caños y de la belleza turística de Nicaragua – y la minería, otro factor extremamente destructivo para ambiente y salud pública — y sólo creciendo porque los precios de oro y plata están muy altos actualmente, causado eso por la misma crisis mundial. Crecimiento dudoso, peligroso y nada sostenible pues.

Los y las gobernantes de Nicaragua parecen haber sido todas y todos — por ideología o por hecho — seguidores de la “economía del mercado” (mercado “libre” o mercado “social”, de toda manera: mercado capitalista). La ciencia económica progresiva, inteligente, con compromiso social de verdad, ya dejó esta “libertad” atrás, porque en todo el mundo este mercado ha mostrado que no puede resolver los problemas urgentes y alarmantes de la humanidad. No resuelve el cambio climático, no logró evitar el billón de gente que no puede comer suficiente, no nos lleva al cumplimiento de los diez Objetivos del Milenio, no paró la destrucción ambiental, no resuelve la crisis energética, la creciente escasez de agua, la amenaza para la biodiversidad; y sobre todo — con o sin crecimiento— esa ideología, hoy en día llamado neoliberalismo, más bien aumenta la pobreza mundial: en los “países ricos” crece el sector pobre cada día más. ¡Hasta en la Suiza observan este fenómeno! Y los ideólogos de los países “del Norte” con sus poblaciones más y más pobres se atreven a dar recetas como resolver la pobreza “del Sur”, junto con sus seguidores neoliberales en los “países pobres”. Lo que nos regalaron de verdad son las consecuencias del actuar de sus banqueros delincuentes y especuladores sin límites.

Don Mundo critica los regalos que temporalmente resuelven un problemita aquí, otro allá, ¿pero dónde está la diferencia a la distribución de limosnas que por ejemplo la máxima expresión del mercado libre en Nicaragua, el Cosep, organiza cada Navidad a favor de niños pobres, madres pobres o que sea? Los neoliberales y viejos liberales de Nicaragua no tienen ninguna idea de cómo desaparecer la pobreza, porque su querido mercado libre mil veces comprobó que no puede (ni debe quererlo). Es su negocio, su ganancia que los dirige, a veces se molestan un poquito por remordimientos de consciencia (¡Navidad!), ¿pero el resto del año? Y siempre tienen un pie económico en USA, o en Costa Rica, etc., porque “el capital no tiene patria” (Carlos Marx).

Gadea puede ser una oportunidad de cambio administrativo, pero esperar de él que desaparezcan las y los pobres es completamente irreal, absurdo y pura fantasía; un hombre políticamente tan atrasado como el resto de los liberales puede ser en los ojos de muchos el mal más pequeño, pero se queda un desagradable mal.

Perspectiva de mejoramiento sostenible y duradero para Nicaragua no existe sin cambios drásticos y profundos; el primero necesario no sería ganar la batalla por un cartoncito de “6to grado para todos” sino hacer una revolución en la calidad de la formación del magisterio y en la calidad escolar a todos los niveles. Y la segunda revolución necesaria urgentemente es una revolución verde: producción agrícola según condiciones de suelo, agua y clima de Nicaragua, con toda la cadena de procesamiento dentro del país, con toda la ciencia acompañante exigida, con la comercialización en manos de o controlada por las organizaciones y empresas de las y los productores, ofreciendo alimentos ricos, nutritivos, saludables, sabrosos y orgánicos a la población nicaragüense y al resto del mundo que come. Y eso son todos y todas en este planeta, y es el mercado más seguro que podemos abastecer gracias a Dios y la Madre Tierra, y sin destruir la propia base de nuestra vida en el país de las maravillas... ¡Un crecimiento sano, salvo y sostenible!

*RAAS