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No es mi intención repetir lo dicho ya en un comunicado firmado por varios escritores y escritoras tanto nicaragüenses como costarricenses, documento que he firmado y con el cual estoy plenamente de acuerdo.

Sí quiero compartir mis preocupaciones en relación con un conflicto que se ha presentado como problema de límites. Me preocupa:

1. Que nos oculten los intereses políticos inconfesables que están en el fondo de este conflicto, que han hecho aparecer como un problema fronterizo.

2. La xenofobia y el guerrerismo patriacal, que ciega la capacidad de razonar, y prefiere los discursos populistas.

3. Incitaciones a la violencia que pretenden ocultarse detrás de la máscara de desear la paz. Me refiero, por ejemplo, a pronunciamientos que dicen querer la paz a través de “el diálogo sin condiciones”. En otras palabras, exigir que el diálogo sea en base a las condiciones que quiere imponer el gobierno de Nicaragua.

O bien lo ocurrido en la “marcha por la paz” realizada por estudiantes universitarios, que junto con las banderas azul y blanco llevaban mantas reclamando el servicio militar, y muy “pacíficos” morteros y morterazos.

4. Que se exacerben posturas patrioteras (que no es lo mismo que patriotas) provocadas y manipuladas por grupos políticos.

5. Que la población del Río San Juan haya sido desantendida, y que sólo se acuerden de ellos y ellas cuando desean llevar por vías guerreristas un “conflicto” supuestamente fronterizo.

6. Que aparezcan en las calles de Managua mantas que dicen El Río San Juan es nica, Daniel 2011, revelando la intención de que el “conflicto fronterizo” desvíe la atención de las maniobras inconstitucionales del gobierno con miras a perpetuarse en el poder.

7. Que sufran las consecuencias de estas manipulaciones los y las nicas que viven en Costa Rica.

8. Que en una actitud guerrerista puedan mandar a morir jóvenes a la zona fronteriza.

9. Que nos volvamos irracionales y optemos por la violencia.

Es importante que no nos dejemos arrastrar irreflexivamente por grupos políticos que ocultan a nuestros pueblos sus verdaderos intereses e intenciones.

Y no menos importante es que no olvidemos lo que tantas veces gritamos en las calles de San José durante la insurrección final contra Somoza, en medio de la enorme e inolvidable solidaridad del pueblo costarricense:

¡Ticos y nicas somos hermanos
hombro con hombro, mano con mano!