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¿Por qué, debería preguntarse el Presidente Ortega, estamos quedando tan aislados internacionalmente?

¿Por qué, teniendo la razón, porque la tenemos, en cuanto a los derechos nicaragüenses sobre el Río San Juan, hemos perdido dos votaciones sucesivas en el Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA)?

En ambas votaciones solamente hemos tenido un voto a nuestro favor, el de Venezuela, mientras todos los demás países, grandes o pequeños, con gobiernos de derecha o de izquierda, miembros o no del ALBA, han votado contra Nicaragua, y unos pocos se han abstenido.

¿Por qué?
Hay al menos dos razones básicas.

La primera, porque no se estaba votando sobre los derechos limítrofes de Nicaragua y de Costa Rica. Sencillamente, lo cual es una norma de oro de la diplomacia, se votaba por un llamado al diálogo, a la negociación bilateral, antes de recurrir a las decisiones jurisdiccionales, o a las del uso de la coerción internacional para mantener la paz y la seguridad. Es más, la votación era sobre una propuesta del Secretario General de la OEA, que explícitamente decía el diálogo debía ser respetando los tratados, laudos y sentencias que establecen derechos limítrofes, instrumentos que indiscutiblemente afirman la soberanía nicaragüense sobre el río, incluyendo el derecho a dragarlo. Incluso, es una propuesta que respalda la sustancia de la demanda nicaragüense de terminar el amojonamiento de la frontera de conformidad con esos tratados, laudos y sentencias.

La segunda razón es que nuestra gestión diplomática se ha mostrado desordenada, incompetente, no solamente al no reconocer el punto anterior y no haber respaldado la propuesta del Secretario General de la OEA, sino porque después el propio Presidente Ortega la emprendió con ataques extralimitados con países amigos --la verdad que no tenemos enemigos, salvo cuando los inventamos-- y dejó la imagen de Nicaragua tan mal parada que ha dado a Costa Rica espacio para tomar iniciativas diplomáticas que le eran inimaginables, incluso demandar a Nicaragua en la Corte Internacional de Justicia de La Haya con pretensiones excesivas, lo cual arriesga reabrir el caso cerrado de los límites entre ambos países.

Pero en el fondo, nada se ha perdido. Y como dijo en un breve pero extremadamente bien fundado artículo Danilo Aguirre, Director Fundador de EL NUEVO DIARIO, aún es tiempo de “enderezar el barco”.

Vienen dos grandes citas político-diplomáticas, antes de la Reunión de Cancilleres de la OEA fijada para el 7 de diciembre. Por un lado, la Cumbre de la Unión de Naciones de América del Sur (Unasur), en Guyana; por otro, la XX Cumbre Iberoamericana en Mar del Plata, Argentina. En ambas citas con seguridad se reiterará el llamado al diálogo bilateral entre Nicaragua y Costa Rica, y muy probablemente gestiones tras bambalinas se realizarán previo a esas Cumbres para que sus llamados tengan efecto. Y antes, muchas personalidades, organizaciones e instancias se están sumando a ese llamamiento al diálogo y la negociación bilateral.

Es la oportunidad para “enderezar el barco”. Ojalá así se entienda.