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La violencia contra las mujeres afecta Nicaragua como cualquier otro país. La violencia de género es una pandemia mundial que trasciende todas las fronteras, sean étnicas, raciales, de clase, religión o de nivel educativo. Amenaza a mujeres y niñas en cualquier etapa de su ciclo de vida y sus efectos incluyen desde la falta de acceso a la educación y daños a la salud y la nutrición, hasta el tráfico sexual, la violencia doméstica, la violación, y el abandono y ostracismo de las viudas. Aquí en Nicaragua, la problemática a menudo se da mediante el acceso desigual a la justicia, como lo demuestran varios casos que reciben atención de los medios.

Este año que emprendemos una vez más la campaña “16 Días de Activismo contra la Violencia de Género”, que inicia el 25 de noviembre con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y concluye con el Día Internacional de los Derechos Humanos el 10 de diciembre, la comunidad internacional debe ofrecer más que palabras para responder al llamado a eliminar la violencia contra las mujeres. Debemos hacer frente a la impunidad que con demasiada frecuencia permite que los autores de estos delitos no rindan cuentas. Tenemos que corregir la condición inferior de las mujeres y niñas en todo el mundo, hecho que las hace vulnerables. Además, debemos apoyar la inclusión de hombres y niños en las actividades dirigidas a la concienciación sobre la violencia de género y su prevención, así como reconocer que los hombres también pueden ser víctimas debido a su género. Por último, debemos destacar y promover los programas que ya dan resultado.

Estos 16 días sirven de recordatorio de que la violencia de género tiene profundas consecuencias socioeconómicas para toda la sociedad. No sólo frustra la posibilidad de la igualdad entre hombres y mujeres, y niñas y niños, sino que también afecta negativamente la salud, la educación y la participación política y económica de la mujer. Asimismo, la violencia sexual y las violaciones a menudo incentivan los conflictos y son capaces de destruir comunidades enteras, resquebrajando el tejido mismo de la sociedad.

Este año, la Campaña de 16 días se produce tras el 10º aniversario de la Resolución 1325 de la ONU sobre Mujeres, Paz y Seguridad, lo cual brinda a la comunidad internacional la oportunidad de reforzar iniciativas dirigidas no sólo al tema de la mujer como víctima de la violencia, sino más bien a la mujer como agente de la paz y la reconciliación. Estados Unidos ha impulsado la iniciativa de esta histórica resolución y además ha ideado medidas concretas que otros países pueden adoptar para asegurar que las mujeres estén presentes en las negociaciones de paz. Consideramos que la única manera de lograr nuestros objetivos de reducir los conflictos en el mundo, acabar con la violación como un arma de guerra, luchar contra la cultura de la impunidad por actos de violencia sexual, y consolidar una paz sostenible, es aprovechar plenamente el aporte de las mujeres, así como el de los hombres, en los diversos aspectos del mantenimiento y la consolidación de la paz.

Estados Unidos también trabaja a nivel bilateral y multilateral para definir la violencia de género no sólo como un tema que hace a la mujer, sino como un asunto de derechos humanos y de seguridad a nivel internacional. Propulsamos medidas en el terreno, entrenamos a soldados de mantenimiento de paz y los concientizamos acerca de la violencia de género y su prevención. Colaboramos también con organizaciones no gubernamentales para asegurar la participación de los hombres en la prevención de la violencia contra la mujer, y trabajamos con líderes de todas las religiones para que incorporen mensajes contra la violencia de género en sus actividades. La potenciación económica de la mujer es fundamental en cualquier enfoque dirigido a erradicar la violencia contra la mujer, como se desprende de estudios que demuestran que cuando las mujeres controlan sus propios recursos son menos vulnerables a la violencia debido a su género.

Estos 16 días ofrecen la oportunidad de renovar el compromiso de liberar a la mujer de la pesadilla de la violencia, ya del abuso que ocurre en la casa a puertas cerradas o en el campo abierto de los conflictos armados. Los países no pueden progresar cuando la mitad de su población es objeto de la marginación, el maltrato y la discriminación. Cuando se reconocen los derechos de la mujer y se ofrece igualdad de oportunidades en materia de educación, salud, empleo y participación política, las mujeres sacan adelante a sus familias, sus comunidades y sus países, y actúan como agentes de cambio. Como dijo en fechas recientes la Secretaria de Estado Hillary Clinton: “Invertir en el potencial de las mujeres y las niñas en el mundo es una de las maneras más seguras de alcanzar el progreso económico mundial, la estabilidad política y mayor prosperidad para las mujeres –y hombres– en todo el mundo”.


*Embajador de los Estados Unidos en Nicaragua