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Cuando sucedió la Rebelión de los espejos, sobrevino “un momento histórico que casi desintegró la sociedad tal cual la conocemos”, --según cuenta ese relato de ficción escrito por Fernando Núñez. Esto, como una cosa lógica, sobre todo si con seriedad vemos lo peligroso que podría ser un acontecimiento de semejante naturaleza.

Con parte de ese encabezado y su consecuente párrafo posterior, iniciaba yo --hace algún tiempo-- un artículo que no fue publicado porque no fue del agrado de los dueños del medio de comunicación al cual lo remití, dado la temática que abordaba, me imagino yo. Pero no es por ese fallo que hoy lo traigo a colación. Sino que esta vez me parece pertinente homologar lo que en esa historia Núñez relata, con las renovadas pretensiones de nuestros vecinos del sur, referido a sus ambiciones ancestrales en relación a nuestro Río San Juan.

El cuento de Núñez relata, que de un día para otro, todos los espejos sin discriminación alguna empezaron a dar imágenes que no se correspondían con la realidad de los objetos que se tenía enfrente, y dice que “ninguna superficie reflejante era excepción. En otras palabras y a como lo señala el cuento, ponernos frente a un espejo a rapar una barba de un pelo que no existe. Pues en su rebelión los espejos nos mandarían reflejos mal intencionadamente equivocados, porque ellos obedecían únicamente a la conveniencia de sus propios intereses.

Por otro lado, dice la gente “que gato no come gato ni gavilán cocoroca”. Y esto parece ser cierto. Porque los nicaragüenses nunca nos vamos a comer la cocoroca de los ticos --por mucho que se las aderece la OEA--, pues bastante conocemos el arte cínico y las triquiñuelas de sus espejos. Sin importar que no todo el mundo se dé cuenta y esté enterado de su alianza con esos retratos conjurados. No obstante, nosotros los nicas debemos exigir el cumplimiento del Jerez-Cañas y los laudos consiguientes, así como el amojonamiento y el amojonamiento ya, sin permitirles “ni un tantito así”, a que ellos saquen maldosa ventaja de lo que es y se considera ya cosa juzgada. Es decir, a toda costa evitar que un día estos espejos ticos comiencen a distorsionar el ambiente histórico, cambiándolo por otro distinto que es ficticio respecto a nuestra única realidad: El río San Juan es nica y no de ellos, cosa que siempre -en este tema –debemos de estarle insistiendo a los espejos ticos en función de detener sus fantasías locas.

Todo este espejismo comenzó, o al menos esta de vez les sirvió de pretexto, cuando unos narcotraficantes nicaragüenses huyeron a territorio tico llegando hasta San José para supuestamente denunciar una invasión armada de nuestro Ejército, que como tropas cooperantes, en la lucha frontal contra la narcoactividad acompañaba a las fuerzas de la Policía Nacional. (Esta es una situación real). El gobierno costarricense, dando un crédito inaudito a los delincuentes armó tremendo zafarrancho con sus fuerzas especiales (26 mil hombres armados tiene ese país con un respaldo presupuestario de cerca de 150 millones de dólares), las que vimos desplazarse armados con fusiles Galil plegables de procedencia Israelita (igual que su alianza política); Ametralladoras bípedas M60 gringas y entre otras finuras los lanzagranadas M79 también gringos. Esto sin obviar el avión DHC4 Caribú de trasporte de tropas y pertrechos; helicópteros de observación y corrección de tiro, Hughes, y un UH1H de desembarco y apoyo táctico de tropas usados por el ejército USA en la guerra de Vietnam. Ah, pero ellos no tienen ejército. Solamente policías que le hacen caso a denuncias de narcotraficantes. Y todo eso quiere la OEA que nos lo traguemos sin bastimentos. Pretendiendo que Nicaragua retire sus tropas de su propio territorio. ¿Habrase visto qué clase de descaro? Pues sí, ya que esta pretensión corresponde a la quimera que nos enseñan los espejos timadores en favor de las pretensiones ticas.

A decir verdad esa política falsaria y la actitud cómplice de la vieja OEA, no debe extrañarnos en lo mínimo porque Costa Rica no está en Centroamérica ni la Organización de Estados Americanos ha servido de mucho jamás, que no sea para avalar vilezas abusadoras: Expulsión de Cuba; invasión a República Dominicana, Grenada y Panamá. Y la más grande mancebía con las agresiones gringas a nuestro país durante la era Reagan y Bush de los años 80. Y aún hay más porque todo esto no para allí, sino que además nos “ordenan” no dragar el Río San Juan como si éste les perteneciera a ellos y no a nosotros. Esto como otro reflejo falso de los falsos espejos explayados por los ticos. Ahora algo más como preguntas axiomáticas: ¿Dónde están los narco-denunciantes? ¿Acaso los tienen protegidos? ¿Los van a lleva a La Haya?
Para finalizar lo más insolente de todo este espejismo rebuscado: Las actitudes de los eunucos del lenocinio criollo… los que dan asco… Dios mediante nunca estos melcocheros tengan si quiera la remota oportunidad de granjearse con el poder político, pues antes que eso, mil veces mejor sería que cayéramos bajo los designios e infundios de la rebelión de los espejos.