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Lo primero es limitar el actual conflicto a su naturaleza y tamaño verdaderos. No se trata de un conflicto por el Río San Juan, Costa Rica reconoce y siempre ha reconocido que el río es nicaragüense. Ni siquiera se trata de objetar el dragado, Costa Rica reconoce el derecho de Nicaragua a dragar su río. El problema de dicho dragado es que se les ocurrió atravesar territorio costarricense para “cortar camino” y –sobre todo- el conflicto se da por la invasión a la punta norte de la isla Calero.

Desde la perspectiva nicaragüense existe la nueva y errada percepción de que el Primer Laudo Alexander le concede a Nicaragua soberanía sobre dicha punta norte de Isla Calero. Éste es el único argumento que ha esgrimido el gobierno de Nicaragua ante los foros y la prensa internacionales y es el argumento con el cual pretenden llegar a la corte de La Haya. Dicho argumento nicaragüense se basa en una interpretación errónea del texto del primer Laudo otorgado por el oficial e ingeniero Edward Porter Alexander el 30 de setiembre de 1897 y que –en lo que corresponde al terreno en disputa- dice lo siguiente: “declaro que la línea inicial de la frontera, corre como sigue, a saber: Su dirección será recta Noreste y Sureste a través del banco de arena desde el Mar Caribe hasta tocar en las aguas de la Laguna de Harbor Head. Ella pasará en su punto más próximo distante 300 pies, trescientos pies, del lado Noroeste de la cabaña que actualmente se halla en esa vecindad. Al llegar a las aguas de la Laguna Harbor Head la línea divisoria dará vuelta a la izquierda o se hacia el Sureste y continuará marcándose con la orilla del agua alrededor del Harbor hasta llegar al Río propio por el primer caño que encuentre. Subiendo este caño, y subiendo el Río propio la línea continuará ascendiendo como está dispuesto en el Tratado”.

El gobierno nicaragüense concluye erróneamente que este “primer caño” que une la laguna de Harbor Head (Laguna Los Portillos) con el Río San Juan atraviesa de lado a lado la isla Calero, dejando una parte de la misma en territorio de Nicaragua. Gracias a Dios, existe un croquis de 1897, llamado “Sketch of the Harbor of Greytown”. Este croquis, conocido de sobra por ambas partes desde la firma del laudo, es fundamental para entender bien este asunto ya que el mismo acompaña al Laudo Alexander y se realizó con la intención de ser una ayuda gráfica al texto de dicho Laudo. De este croquis existen originales y copias en el IGN, en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en la urna de la biblioteca Carlos Monge Alfaro de la UCR.

Desde la perspectiva geográfica, el croquis es clarísimo al explicar como el “caño”, al que se refiere Alexander, RODEA la isla Calero hasta llegar al río San Juan y jamás la ATRAVIESA o secciona. Luego de estudiar este croquis y leer bien el laudo se comprende que todos los mapas que han generado por décadas el IGN de Costa Rica y el INETER de Nicaragua (por cierto entregados por Nicaragua como prueba ante la corte Internacional de la Haya) están correctos y que quienes están equivocados
son –obviamente- Edén Pastora y Daniel Ortega.

Desde la perspectiva histórica tampoco tiene razonabilidad la posición nicaragüense. E.P. Alexander vino -hace ya 113 años- a pedido del Presidente de los Estados Unidos a dar contenido práctico al Laudo Cleveland. En esta zona de la desembocadura del río San Juan se venía presentando un diferendo importante. Costa Rica consideraba que en 1858 la isla Calero se unía –por bancos de arena- a las otras islas de la desembocadura y pedía que su territorio incluyera esas islas. Simultáneamente, Nicaragua consideraba que el río Taura era un brazo del San Juan y pedía que se tomara dicho río Taura como límite. Alexander, en su razonamiento, explica bien las razones por las que no otorga a ninguna de las dos naciones lo que piden. En su lugar, Alexander otorga una posición intermedia que fijó los límites aceptados entre ambas naciones. No tiene ninguna lógica que Alexander pretendiera dar a Nicaragua ninguna parte de la isla Calero si Costa Rica pedía que la misma se uniera a las otras islas. Lo que hizo Alexander fue limitar la pretensión costarricense a su posición inicial que ya contenía dicha isla. Queda muy claro, en el texto y en su plano adjunto, que la isla se otorga como un todo y que no se le secciona ninguna parte. De haberse dado dicho seccionamiento, como pretende ahora Nicaragua, el plano o croquis lo mostraría. Además, tratándose de un tema tan serio, Alexander hubiera dejado plasmado en el documento que una parte de la isla quedaba en posesión de Nicaragua. Obviamente, ninguna de las dos cosas ocurrió.

En este caso, la posición costarricense cuenta con el apoyo de la razón, la geografía, la cartografía oficial de ambas naciones, la historia, la propiedad registral y la posesión pacífica, tranquila, ininterrumpida, pública y notoria –al menos- desde 1897. El gobierno de Nicaragua se ha puesto en una situación que no es defendible con los limitados argumentos que posee. Tal vez por esto es que ha tenido que recurrir a la retórica y a la distorsión de la naturaleza del conflicto. Igualmente, Costa Rica ha sido puesta en una difícil situación que no es defendible con la nula fuerza militar que poseemos. Salir de esta situación sin mostrar debilidad o ineptitud será el reto para los negociadores de ambas partes. Ojalá priven la razón y la honorabilidad, aunque –si por la víspera se saca el día- de esos dos, pareciera quedar ya muy poco.