•   BERKELEY  |
  •  |
  •  |
  • END

Actualmente un número inusual de sectores opina que los gobiernos de Europa y de América del Norte, así como sus bancos centrales, deben abandonar las políticas expansivas que han puesto en marcha para tratar de crear empleos. El fuerte desempleo que actualmente aqueja al Atlántico del Norte, sostienen los críticos de los estímulos gubernamentales, no es cíclico sino “estructural”, y por consiguiente no se puede mitigar con políticas que impulsan la demanda agregada.

Antes que nada quiero decir que el desempleo estructural es un peligro real y severo. Cuando las personas que en otras circunstanci as podrían ser felices, sanas y ser miembros productivos de la fuerza laboral pero no cuentan con la capacitación, la confianza, las redes sociales y la experiencia que se necesitan para encontrar un empleo que vale la pena remunerar, obviamente tenemos un problema. Además, si el desempleo en Europa y en América del Norte se mantiene alto durante dos o tres años más, es muy probable que tengamos que encararlo. Porque no hay forma más segura de convertir el desempleo cíclico en desempleo estructural que con el desempleo prolongado.

¿Sin embargo, es lo que sucede hoy en día? ¿Actualmente, es el desempleo estructural el mayor problema que parecen enfrentar las economías de Europa y de América del Norte? No es así.

Recordemos las características del desempleo estructural. La economía se deprime y el desempleo es elevado no por una demanda agregada débil provocada por una caída del gasto sino por factores “estructurales” que han producido un desajuste entre las habilidades de la fuerza laboral y la distribución de la demanda. La estructura de la demanda de los consumidores es diferente de los empleos que los trabajadores son capaces de ocupar.

Por ejemplo, supongamos que muchos trabajadores calificados y capacitados están disponibles para trabajar en el sector de la construcción, pero las familias han considerado que sus viviendas ya son suficientemente grandes y quieren ponerles bienes manufacturados. Esto produciría desempleo estructural en la medida en que los antiguos trabajadores de la construcción no podrían hacer cosas en el sector manufacturero como para que las empresas del sector tuvieran incentivos para contratarlos.

En ese caso se podría esperar una depresión en el sector de la construcción: las empresas cerrarían, los bienes de capital estarían parados y los trabajadores, desempleados. Sin embargo, también cabría prever plantas de manufactura funcionando a doble turno -el dinero no gastado en el sector de la construcción tendría que irse a algún lado, y, recordemos, el problema no es la falta de demanda agregada. Lo lógico sería ver que las empresas de manufactura organicen ferias del empleo, y si no se presentan suficientes trabajadores, se esperaría que las empresas de manufactura suban los sueldos para atraer a los obreros a sus plantas, y después aumentarían los precios para cubrir sus costos más altos.

El tamaño y la duración del desempleo excesivo de los antiguos trabajadores podría ser sustancial y de larga duración. Podría llevar tiempo significativo volver a capacitar a los trabajadores de la construcción e integrarlos en las redes sociales en las que se convertirían en buenos trabajadores manufactureros. Podríamos ver un desempleo alto y prolongado en el sector de la construcción y en regiones que anteriormente hayan tenido las expansiones más grandes en la construcción.

Sin embargo, la depresión en el sector de la construcción y el desempleo de los antiguos trabajadores se vería compensado por una prosperidad en el sector manufacturero, así como por precios crecientes de los bienes manufacturados y por mayores jornadas y salarios altos para los obreros.

Estas son las características de un “desajuste” del desempleo estructural –y no es lo que se ve ahora, al menos no en Europa y en América del Norte. En los últimos tres años el empleo en el sector de la construcción se contrajo, pero también en los sectores manufacturero, del comercio mayorista, del comercio minorista, de transportes y almacenamiento, de la diseminación de información y comunicaciones, de los servicios profesionales y empresariales, de los servicios educativos, del esparcimiento y la hospitalidad, y en el sector público. El empleo está creciendo en el sector de servicios de salud, de las empresas relacionadas con Internet, y tal vez de la explotación forestal y la minería.

En los Estados Unidos, en los últimos tres años el empleo ha caído de 137,8 millones de personas en julio de 2007 a aproximadamente menos de 130 millones en julio de 2010 –una disminución de 7,9 millones durante un periodo en el que la población adulta aumentó en seis millones. Lo que hemos visto no es un cambio en la demanda hacia sectores que carecen de un número suficiente de trabajadores calificados y productivos, sino una caída en el nivel de la demanda agregada.

En tres años esto bien puede parecer desempleo estructural. En tres años, probablemente veremos escasez de mano de obra, salarios más elevados y precios crecientes en sectores en expansión, acompañados de un alto desempleo en otras áreas de la economía.

Sin embargo, ese no es nuestro problema ahora. Basta a cada día su propio mal.

J. Bradford DeLong, ex secretario asistente del Tesoro, es profesor de Economía de la Universidad de California en Berkeley e investigador asociado en la Oficina Nacional de Investigación Económica.


Copyright: Project Syndicate, 2010.

www.project-syndicate.org