•  |
  •  |
  • END

Pobre Nicaragua, tan lejos de Dios y tan cerca de los ticos (parafraseando a un presidente mexicano).

La decisión del Presidente Ortega de dragar el río San Juan de Nicaragua fue el escenario perfecto para que Costa Rica retomara sus pretensiones expansionistas sobre el río y zona aledaña al mismo. El tratado Jerez-Cañas ha sido siempre la puerta de entrada para ello, sin embargo, el Laudo Cleveland y más recientemente la sentencia de la Corte Internacional de Justicia de 2009 ha reafirmado la soberanía de Nicaragua sobre el río, asimismo el derecho de navegación de Costa Rica con fines comerciales. No satisfecho con ello, San José recurre al juicio paralelo.

Si Costa Rica, un país sin ejército (formalmente hablando), con un Ex Presidente Premio Nobel de la paz, con estabilidad política y un desarrollo humano presumible denuncia que Daniel Ortega los invade, no resulta difícil para la comunidad internacional creerle y sobre todo parcializarse a favor de ellos, ya que sobre Ortega recae la responsabilidad de una guerra civil que dejó 30 mil o 50 mil muertos (veremos qué día el Ejército cumple con la ley de acceso a la información y hace público el dato), el empobrecimiento de un país, corrupción, fraude electoral, una baja popularidad y ser amigo de Hugo Chávez.

No culpo a Costa Rica de aprovechar su credibilidad en perjuicio nuestro por el descrédito de Ortega, pero sí resiento el hecho que Ortega huya a las cadenas internacionales de noticias para declarar sobre el tema y evidenciar la mentira tica como debe hacer un verdadero estadista. A pesar de que no creo salga bien parado de una entrevista así, no quedaría tan mal como lo hizo al afirmar que habían países con intereses en el narcotráfico y amenazar con salirse de la OEA, es torpe porque abre nuevos focos de enfrentamiento y fortalece la estrategia de Costa Rica, apostarle a su falta de credibilidad.

A mi manera de ver es trágico, pero más lamentable es el hecho que la oposición sea incapaz de proponer algo distinto, lo que sugiere que la alternancia en el poder en principio tampoco daría una solución viable al problema. Yo concibo el liderazgo político como la habilidad de transformar las adversidades en oportunidades y pese a que en este caso no lo he visto por ningún lado, es posible implementarlo a largo plazo.

En vista de que Costa Rica presume de su vocación por la paz, es necesario que nosotros también articulemos un juicio paralelo partiendo de ese supuesto. El tratado Jerez-Cañas concedió a Costa Rica derechos de navegación con fines comerciales (salida al Atlántico) hace más de 150 años y hoy el vecino país tiene un desarrollo de infraestructura vial y portuario que vuelve innecesario el tratado, el derecho de navegación Costa Rica sólo lo utiliza para herir el sentido de identidad nacional de los nicaragüenses, lo que no es justo para nosotros y contradice su vocación por la paz. Si esta idea es perfeccionada y difundida en la comunidad internacional, a la clase política de Costa Rica le resultará insostenible e ilegítimo su derecho de navegación sobre el río, tal y como a Chile hoy en día le resulta insostenible negarle el derecho de salida al mar a Bolivia, es tan así que recientemente el gobierno de Sebastián Piñera sondeó la posibilidad de someter a referéndum la propuesta por medio de un senador de UDI. Nuestra meta en el juicio paralelo debe ser que a la clase política de Costa Rica le resulte insostenible su derecho de navegación en un par de décadas ante la comunidad internacional.

Por otra parte, Nicaragua debe estar clara de que la base del conflicto, jurídicamente hablando, es la existencia del tratado Jerez-Cañas consecuentemente la búsqueda de la abrogación del mismo debe ser el quehacer de los expertos en derecho internacional de cancillería (si no los han reemplazado por compañeros), ya que en la medida que el derecho internacional se perfeccione incrementan estas posibilidades.

Es deber de la clase política de Nicaragua evitar caer en nacionalismo barato, mismo que deriva en xenofobia que no conduce a nada. La concepción de nacionalismo debe pasar de ser concebida como despotricar contra el extranjero a una que inculque un amor patrio práctico, donde se torne cotidiana la interrogante ¿Qué hice hoy por mi país?

*Miembro de la Juventud del Partido Conservador