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El conflicto actual entre Nicaragua y Costa Rica nos permite compartir algunas reflexiones desde la perspectiva de la Cultura de Paz. Hemos sido testigos de la unidad y lealtad de cada comunidad nacional en torno a lo que consideran la defensa de sus intereses soberanos, pero también hemos asistido a una forma de escalamiento del conflicto que se expresa a nivel de la violencia verbal, la cual revela sentimientos que anteceden y pueden devenir en expresiones de violencia directa.

La historia lejana y reciente ha mostrado la colaboración bilateral en torno a intereses supranacionales, de carácter regional y también relativo a intereses nacionales. Es impensable a esta altura que Costa Rica pueda prescindir del aporte productivo de la mano de obra nicaragüense que se extiende a los servicios y otros sectores que inciden en su desarrollo. De igual manera, un retorno masivo de esa enorme masa de compatriotas cimbraría la economía nacional y agudizaría la pobreza y los problemas sociales derivados, dada la necesidad de sus remesas y la falta de puestos de trabajo en Nicaragua. Pocos países del mundo han asimilado tal cantidad de migrantes en términos relativos como Costa Rica.

Lo anterior no significa el desconocimiento de conflictos recurrentes entre los dos países, principalmente de carácter limítrofes, sean marítimos o terrestres, expresión de un enfoque geopolítico de fronteras móviles por parte de Costa Rica, en los cuales Nicaragua no ha tenido precisamente, la mejor de las suertes.

Todo apunta a La Haya, opción correcta, ahí donde el diálogo directo y la negociación no son asumidas por las partes y aún cuando Costa Rica ha acudido a los foros políticos regionales e internacionales, buscando elevar el perfil ante cualquier negociación o arbitraje y ante la opinión internacional, el espacio de la Comisión Bilateral y la Cumbre de Presidentes sigue siendo la opción más adecuada.

En cualquiera de las dos instancias se debería incorporar, como principios y ejes de interés, una concepción en la cual se perciba, teniendo en cuenta la historia y destino de ambos países, que el diálogo, la negociación o el arbitraje internacional, apunten a acuerdos definitivos y satisfactorios para las partes, la perspectiva de que siendo países limítrofes, por lo tanto para siempre, deben buscarse soluciones de largo plazo, en este caso, fruto de acuerdos directos o del arbitraje, el amojonamiento es la solución definitiva.

El Río San Juan debe percibirse como un medio para el desarrollo de ambos países, a través de la formulación e implementación de grandes proyectos binacionales, por lo tanto la navegabilidad del río debe percibirse como un interés también para Costa Rica, dado su derecho a navegación. Aunque el río nos divida y nos una, debemos trabajar por esto último.

Los medios de comunicación en la historia de los conflictos contemporáneos, incluyendo el último conflicto armado regional centroamericano, tomaron partido justificando sus posiciones polarizadas y el exacerbamiento de los sentimientos nacionales más negativos, en que no existían alternativas diferentes a los polos de la guerra.

La verdad es que la opción por la promoción de la paz, el diálogo, la negociación y el arbitraje fue siempre una tercera alternativa a los extremos que no conoció su cultivo, y la firma de los acuerdos fue, al final, producto de la conciencia del impacto de la guerra en todos los niveles de la sociedad centroamericana y de la presión que sobre la clase política ejercieron nuestros pueblos. Los medios de comunicación pueden atizar la hoguera de la violencia o contribuir a la administración pacífica de los conflictos.

Diversos conflictos de posguerra en la región no se hubieran desarrollado si se hubiera implementado un programa de Cultura de Paz que diera sostenibilidad a la paz, a la construcción democrática, al desarrollo humano y a la integración centroamericana. Este planteamiento mantiene plena vigencia.

Los Consejos Nacionales de las Universidades de Nicaragua y Costa Rica se han reunido como corresponde a estas instancias, especialmente cuando se trata de conflictos como los que vivimos y han reafirmado y estimulado al diálogo bilateral, han llamado a la tolerancia, el derecho internacional, la no violencia y la cordura. Y es que la educación y el acercamiento cultural une y reúne a los pueblos, impulsa el conocimiento de las distintas comunidades nacionales y por lo tanto su entendimiento. Promover su integración, por ejemplo, enseñar historia de Centroamérica en las escuelas, colegios y universidades de la región debería de constituirse en Misión de sus sistemas educativos.

Nosotros como Instituto “Martin Luther King”, de la Upoli, en coordinación con el Consejo Nacional de Universidades (CNU), estamos trabajando en el diseño de un programa curricular de educación para la paz para universidades y subsistema de educación secundaria de Nicaragua y Centroamérica, de igual manera, en la formulación de un política de integración cultural centroamericana para la paz, lo cual vendrá a fortalecer el sentido de pertenencia entre los centroamericanos, una mayor integración regional y una paz integral y sostenible.

Nuestro insigne pedagogo y pensador, Juan Bautista Arríen, apoyándose en el Informe de la Comisión Delors, nos recuerda la necesidad de aprender a convivir, uno de los roles de una verdadera educación. Nosotros modestamente agregamos también, la necesidad que desde la educación y el intercambio cultural se promueva el conocimiento mutuo que nos lleva al entendimiento del Otro y con ello, a una convivencia duradera.


*Instituto “Martin Luther King”-Upoli.