Jorge Eduardo Arellano
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El segmento de nuestra frontera sur, actualmente en conflicto con Costa Rica, aparece descrito en unas pocas líneas en el párrafo final del Laudo No. 1 de Alexander. En la versión original del Laudo ese párrafo está escrito en inglés, y en él se utilizan unos pocos accidentes geográficos para hacer la descripción. De éstos, los tres elementos más importantes son: la laguna Harbor Head; el Río San Juan propiamente y un cuerpo de agua que conecta la laguna con el río. El conflicto actual reside principalmente en la identificación de este último elemento. Alexander se refiere a ese cuerpo de agua como un canal, que es la traducción de la palabra “channel”, en inglés. En las versiones en español se ha usado la palabra caño, que realmente no corresponde al “channel” de Alexander.

Esta discrepancia es solamente una parte del conflicto. La otra parte del conflicto reside en la ubicación del “channel” o del caño. Y aquí, el problema adquiere una complejidad de Torre de Babel. Nadie parece tener certeza de dónde está o estuvo ubicado ese cuerpo de agua. Es fácil especular que los procesos de sedimentación y erosión han ido cambiando la configuración del sitio con el paso de los años. Naturalmente, con base en especulaciones es imposible encontrar una solución satisfactoria a las dos partes del conflicto. Por consiguiente, es necesario minimizar las especulaciones y encontrar un criterio más sólido para resolver el conflicto.

En el Laudo aparecen dos croquis preparados en 1897, por la Comisión Binacional de Límites de Alexander. En ambos se pueden identificar los accidentes geográficos usados en el texto de la descripción del Laudo. En ambos, la disposición gráfica de esos accidentes presenta la misma configuración. Ocurre que esos mismos accidentes, dispuestos en la misma configuración son también identificables en otros documentos más recientes: El mapa publicado en 1965 por la Dirección General de Cartografía de Nicaragua; el mapa publicado por el Instituto de Geografía de Costa Rica, en la misma época; Fotografías aéreas recientes; Fotografías de satélite de 2010; Diversos mapas presentados en los medios de comunicación, en los últimos dos meses por funcionarios de Nicaragua, para respaldar su interpretación del Laudo No. 1. Todos esos documentos son del dominio público y, con excepción del mapa de Nicaragua, es fácil estudiarlos en la Internet. El mapa de Nicaragua se puede comprar en las oficinas del US Geological Survey (por US$ 9.00).

La correspondencia gráfica de todos estos documentos, sin excepción, es notable. Lo cual parece documentar que los cambios geográficos ocurridos de 1897 a 1965 a 2010, no son tan importantes como para dar cabida a especulaciones sobre procesos de sedimentación y erosión que puedan afectar la interpretación del texto del Laudo.

Pero el Laudo no contiene solamente texto. El laudo también contiene la transcripción de las notas de campo de los levantamientos “geodésicos” (así los califican en el Laudo), realizados por la Comisión Binacional de Alexander. Las transcripciones contienen datos numéricos de observaciones astronómicas para determinar un azimut (dirección) de referencia; identificación de puntos usados para observación de ángulos y medición de distancias; dichos ángulos y dichas distancias; ejes del sistema de coordenadas de referencia; coordenadas calculadas para monumentos y puntos de referencia del levantamiento topográfico; croquis con identificación gráfica de esos puntos y monumentos. Debería ser evidente que los datos numéricos contenidos en Las Actas eliminan la necesidad de especulaciones de cualquier naturaleza para interpretar el Laudo y para establecer firmemente los puntos de la línea fronteriza supuestamente en conflicto.

Todo parece indicar que realmente no existe conflicto de límites. Nicaragua y Costa Rica firmaron de conformidad las Actas de Alexander en 1897. Ambos países publicaron mapas con idéntica frontera en 1965, basados en las mismas fotografías aéreas, usando los mismos métodos y equipos, apoyados por los mismos asesores técnicos y con la participación de la correspondiente Comisión Binacional de Límites. La nota incluida en esos mapas indicando que los límites internacionales no han sido verificados, no anula el consenso en cuanto a la aceptación de esos límites por los autores de los mapas.

No fue sino hasta hace menos de dos meses que se perdió la concordia cuando se dio el incidente que afectó la ribera sur del río con descarga de lodo, despale, apertura de trocha, etc. Los reclamos y contra reclamos terminaron, como ya sabemos, dando lugar a posiciones de fuerza, sustentados en especulaciones no en datos numéricos, para justificar una nueva demarcación fronteriza mediante el expediente de resucitar un caño desaparecido, nadie sabe dónde ni cuándo.

Desafortunadamente, la demarcación de la frontera que tenía aceptación mutua previo octubre de 2010, parece indicar irrefutablemente que ahora nos encontramos ocupando indebidamente territorio ajeno. Decir esto podrá ser políticamente incorrecto, y hasta peligroso, pero el sentido común nos dice que parece ser cierto.

No se sabe si el Gobierno de Nicaragua ha realizado algún análisis de los datos de Alexander, pero sí se sabe que la Universidad Nacional de Costa Rica lo ha hecho y aparentemente ha estado trabajando para reconstruir la frontera de Alexander, que es la misma que desde hace tiempo habíamos aceptado.

Si abandonamos las especulaciones y verificamos, igual que los ticos, los cálculos que definen nuestra frontera y marcamos esa frontera en el mapa; la solución al conflicto podría ser simplemente: reconocer que no hay conflicto. Y todo esto, antes de gastar un córdoba en instalar ningún mojón.


*Ingeniero civil nicaragüense