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Bajo la destartalada carpa de la xenofobia, Ortega está logrando legitimar su gobierno y sus aspiraciones electoreras de facto, agitando dentro de la sociedad un nacionalismo tribal, exaltando irracionalmente pasiones primitivas, ajenas a los valores de una nación civilizada.

Los nicas somos buena gente. Pero si nos dicen que “pretenden” pisotear nuestra soberanía, sin pensarlo, nos precipitamos ciegamente a defender el terruño. Y ya saben cómo somos. Un nica solito puede contra tres, contra seis, contra toda la población tica o catracha, incluidos los perros, los gatos y los chocoyos también.

El San Juan desata una ceguera chovinista que ve la paja en el ojo del vecino pero no ve la enorme viga en el nuestro. El río también tiene impactos ambientales del lado nicaragüense y entre otros males ecológicos endémicos, tenemos el Xolotlán y Bosawás, donde el gobierno ha mostrado falta de compromiso e incapacidad técnica, contaminándolos además con su venenosa ortodoxia política.

Es infantil proclamarnos “superiores” a Costa Rica. Entre otras calamidades socioeconómicas, nuestro PIB (nominal) anda por los $7,000 millones de dólares, el de los ticos ronda los $30,000. Más del 60% de nuestra población está castigada por la pobreza extrema, la de los ticos apenas rebasa el 20%.

Aunque rime, el asunto de los mojones no es una cuestión de cojones. Las sociedades civilizadas no se rigen por la testosterona, se rigen por la ley y eso es precisamente lo que necesitamos para restaurar la democracia, juzgar a Ortega y a sus socios por toda la corrupción y las arbitrariedades.

Estamos llegando a un punto en el que unos gobernantes corruptos nos mienten diciéndonos que hacen el bien y nosotros nos mentimos a nosotros mismos, diciéndoles que les creemos. Legalmente no podemos perder el río en La Haya, pero de facto estamos perdiendo Nicaragua frente al autoritarismo de Ortega. Su gobierno, aunque pueda, no está cualificado para reclamar justicia hacia afuera, gobernando ilegal e injustamente hacia adentro.

Se transige con la contumacia diplomática de Ortega en la frontera, sin verificar las conjeturas que la rodean y sin exigir los detalles del dragado del río, donde también ya comienzan a notarse los sospechosos pasos del proyecto Brito, otro sigiloso proyecto orteguista que el país necesita poner bajo la lupa ambiental.

Acusar de narcotráfico a los demás, es como jalarse las sábanas entre fantasmas. Ésa es la pobre coartada de Ortega para mantener el conflicto y no retirar a los soldados, que según la evidencia están en territorio costarricense. En ese afán, se manipuló la ponencia del doctor Jaime Incer Barquero en la OEA.

Las cámaras captaron cuando diplomáticos orteguistas en media exposición, le pasaron a Incer una nota de último minuto. ¿Qué pudo olvidar el asesor ambiental del gobierno en un tema que conoce de sobra? El doctor, con la mejor cara de la DEA que pudo poner, cerró su resumen histórico del río afirmando que el punto en litigio era un corredor del narcotráfico.

Sabemos, porque lo dijo uno de sus gerifaltes más cínicos, que el FSLN hará todo lo que sea necesario para mantenerse en el poder y sabemos también, porque así nos lo dice nuestra historia, que para un violador consuetudinario de la ley como el presidente, la Constitución o el bienestar de los nicaragüenses no cuentan en su patología totalitaria, donde el fin siempre justifica los medios.

Los que tenemos el privilegio de publicar, tenemos el compromiso de intentar esclarecer la verdad. El reto de mostrar la realidad, de la forma más fidedigna posible por muy compleja que ésta sea. De formular las preguntas difíciles, para que la sociedad desarrolle una conciencia crítica, que le permita distinguir los límites de un engaño político.

La búsqueda de la verdad puede desarrollar una conciencia nacional sana, que nos vacune contra el chovinismo y la parálisis mental del fanatismo, de la que tanto se benefician los caudillos. Las pócimas ideológicas de izquierda o derecha, son al fin y al cabo como la Pepsi o la Coca-Cola. Dos bebidas populares que antagonizan en el mercado con marcas distintas, pero con fórmulas similares que no aportan ningún valor nutritivo.

A la conciencia nacional la revolcó el camión de la guerra en los 80, que casualmente llevaba este mismo conductor. Como al perrito callejero cuando es arrollado, oímos el crujir de su pequeño cuerpo bajo las llantas y el metal. Escuchamos su aullido lastimero y nos conmueve, pero nunca sabemos qué le pasó, porque se va caminando como puede, sin saber todo el daño que lleva adentro.

Reconstruir nuestra conciencia nacional, puede evitar que Nicaragua siga siendo un país rico con millones de pobres. Una pordiosera con cuatro millonarios, sentada en un triángulo de fabulosas riquezas naturales.

El escritor ruso Vasili Grossman, censurado por el totalitarismo comunista, la definió así: “La conciencia nacional es una fuerza potente y maravillosa en tiempos de adversidad. No porque sea nacional, sino porque es humana. Es la manifestación de la dignidad del hombre, de su amor por la libertad y de su fe por el bien”.