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Otra máscara de Ortega ha caído.

En la campaña electoral de 2006 pidió una oportunidad para “gobernar en paz”, según dijo, aludiendo a su primer gobierno durante la guerra de la década de los años 80.

La ha tenido, y nos ha engañado a todos, a los que votaron por él y a los que no votaron por él, porque ocultó lo que se proponía hacer y está haciendo, aprovechando la oportunidad que el Consejo Supremo Electoral (CSE) y el pacto con Alemán le dieron de volver a gobernar, porque los nicaragüenses, que solamente un tercio votaron por él, no se la dieron.

Con sistematicidad, y siempre habilitado para tal efecto por las consecuencias del mencionado pacto, se ha dedicado a demoler una a una las instituciones de nuestra incipiente democracia. Una a una se fue quitando las máscaras que se puso mientras estuvo fuera del gobierno. La de la reconciliación, la de la democracia, la de la honestidad.

Ahora envió, para que se le tramitaran con urgencia, tres leyes vinculadas a la defensa y la seguridad nacional, incluyendo una de régimen jurídico de los territorios fronterizos, que de inmediato encendieron luces de alarma en quienes están preocupados por el futuro democrático y de paz de Nicaragua.

Ya han sido señalados los riesgos democráticos, roces constitucionales y las evocaciones de fantasmas de dolorosa memoria, como el reclutamiento militar forzado y las expropiaciones de bienes que tales leyes contienen.

Yo solamente quiero levantar una perspectiva adicional, vinculada a uno de los temas de mayor actualidad, importancia y debate: esas leyes que proyectan un perfil militarista, e incluso belicista del gobierno de Nicaragua, justo en el momento en que la batalla de opinión pública internacional en cuanto a los legítimos derechos de Nicaragua en el Río San Juan luce perdida por la ineficiente y errática política exterior del gobierno de Ortega, solamente vienen a debilitar la defensa de nuestros derechos limítrofes.

Sencillamente, otra incongruencia por parte de quienes se arropan en la bandera de la soberanía nacional, mientras la debilitan, para esconder oscuros intereses personales.