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¿Para qué elegimos al gobierno que tenemos los nicaragüenses? ¿Es el pueblo de Nicaragua solamente católico? ¿Quiénes deben impulsar sus celebraciones y con qué recursos? ¿Por qué hace silencio el liderazgo de la Iglesia Evangélica? ¿Estamos aceptando ser marianos y no cristianos?
No pretendo ser una voz en el desierto, pero alguien debe decir algo al respecto. En primer lugar, soy respetuoso de las autoridades. En la Iglesia que pastoreo hemos orado por el presidente, por su esposa y por sus hijos, pero creo que la Iglesia evangélica merece respeto. El gobierno de un país es elegido para gobernar y no para impulsar a una religión X, máxime cuando el Estado es laico, como lo declara la Constitución de Nicaragua.

Fui invitado a una reunión con el Presidente de Nicaragua, don Daniel Ortega, antes de de que él fuera elegido Presidente. Esta reunión fue con unos 400 ministros de la Iglesia Evangélica, y allí, entre otras cosas, él se comprometió, si era elegido y le apoyaba la pastoral con la Iglesia Evangélica, a respaldar a la misma en todo lo que fuera necesario. Él dijo que abriría una dependencia para atender a la Iglesia Evangélica, pero eso nunca se efectuó. Por supuesto que esto no lo compartí y no lo creí, porque la genuina Iglesia de Cristo en la tierra no es impulsada y respaldada por el Estado, sino por el Espíritu Santo y por el esfuerzo de sus miembros.

Creo firmemente lo que Jesús dijo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Creo que la Iglesia Católica y la Iglesia Evangélica deben realizar sus actividades “religiosas” con el trabajo y el esfuerzo de sus miembros y no con los recursos del Estado a favor de la Iglesia Católica, como ahora se está haciendo en Nicaragua. Se imagina usted, amado lector, ¿cuánto dinero se esta usando para los altares religiosos para el siete de diciembre y para los días de Navidad? ¿De dónde salen estos recursos? ¿Cuánto dinero pagado por el pueblo de Nicaragua en sus impuestos se usa para ello, incluyendo los de la Iglesia Evangélica?
En conclusión: Que las iglesias Católica y Evangélica hagan sus fiestas y celebraciones con recursos propios y no con los recursos del Estado.

Que los líderes católicos y evangélicos nos encarguemos de hacer nuestro trabajo espiritual o religioso, y no el gobierno que esté de turno.

Que el Señor Presidente de Nicaragua y su gabinete se dediquen a gobernar a Nicaragua, que se dediquen a levantar la economía, que se dediquen a la educación, a la salud del pueblo, que se concentren en solucionar los problemas que nos aquejan, como el caso del Río San Juan, etc. Y dejen que los lideres católicos y evangélicos nos dediquemos a lo que nos corresponde.

Le recuerdo a todos y al gobierno que en Nicaragua el Estado es laico, que en Nicaragua el Estado no tiene religión oficial, y que Dios pone y quita los reyes o gobiernos.

Hago un llamado a la Pastoral y a la Iglesia Evangélica de Nicaragua, en general, que:
1. Pongamos el nombre de Jesús en alto. Que prediquemos el Evangelio de Jesucristo y levantemos un manto de oración por nuestra nación.

2. Que estemos alerta y no permitamos que Nicaragua caiga bajo maldición por la idolatría que se promueve desde el Estado.

3. Que nos pronunciemos y que hagamos valer nuestros derechos como ciudadanos nicaragüenses. No olvidemos que el pueblo de Nicaragua no es 100% católico. Se sabe que un 35 ó 40% de la población es evangélica, y tiende a crecer. El pueblo evangélico es un sector respetable y debe respetarse el Estado laico, y establecer mejores relaciones con la Iglesia Evangélica.

4. Que los pastores y líderes que tienen compromisos con el gobierno de alguna manera, lo hagan a título personal y no en representación de la Iglesia Evangélica de Nicaragua, y peor en nombre de Cristo.

5. No olvidemos lo que pasó en el año 325 d.C., cuando la Iglesia se corrompió porque el emperador Romano Constantino declaró al cristianismo religión oficial del Imperio Romano, y los líderes cristianos de esa época lo permitieron. Fue en ese momento que el paganismo entro a la Iglesia.

6. No olvidemos que nuestro Dios es un Dios celoso, y que Él no comparte su gloria con nadie. Demos al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios

ministroemanuel@gmail.com