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Desde tiempos inmemoriales, los pueblos adoptaron para la defensa de la soberanía, la organización de ejércitos nacionales, era un método de autodefensa para enfrentar las amenazas de invasión o de conquista de otros pueblos. La historia registra que Grecia y Roma, tuvieron la necesidad de implementar el servicio militar obligatorio. En aquellos tiempos se hizo famosa la frase de los romanos: Si quieres la paz prepárate para la guerra.

Los ejércitos en principio se constituyeron para defender a los ciudadanos y los pueblos, de cualquier agresión militar que proviniera del exterior que pudiera poner en peligro la existencia del Estado. Sin embargo, el sentido de sobrevivencia colectiva con la instauración de cuerpos armados, gradualmente fue siendo metamorfoseado por políticos o dirigentes de Estado, llamasen reyes, emperadores, Directores de Estado, Primer Ministro o Presidente de la República, al punto que la milicia popular poco a poco se fue alejando de sus origines, para luego convertirse en una institución militar de naturaleza privada, al servicio de los gobernantes o grupos minoritarios con poder económico. Los miembros del Ejército van siendo enajenados y adoctrinados, asumiendo el rol de aparatos represivos contra su propio pueblo, dispuestos ha neutralizar todo aquello que intente alterar el statu quo o sistema social vigente, sea esclavista, feudal, dictadura, capitalismo o democracia representativa
La manipulación del ejército a favor de intereses mezquinos o particulares, se encuentra registrada en la antigua Roma. Los emperadores incluso tenían a su servicio una guardia pretoriana. En la época feudal, los señores feudales tenían grandes ejércitos con el cual reprimían a los campesinos que se negaban pagar los impuestos. El emperador francés Napoleón Bonaparte, fortaleció el ejército de Francia, en sus afanes por conquistar los países de Europa. Lo mismo hizo el dictador Alemán Adolfo Hitler, éste militarizó la sociedad alemana, implementó el servicio militar obligatorio, movilizó millones de soldados, con los cuales invadió las naciones de Europa.

En América Latina, la estela de horror y terror que dejaron los ejércitos no debe de ser olvidada. Desde el Cono Sur, hasta el norte el Rió Bravo, los pueblos latinoamericanos han sido salvajemente reprimidos por sus ejércitos. En 1973 en Chile, el ejército chileno encabezó un golpe de Estado, derrocando al gobierno de Salvador Allende, asesinando a miles de ciudadanos; en 1976, en Argentina el ejército, dio un golpe de Estado, los militares en un quinquenio mataron a miles de ciudadanos, decenas fueron lanzados al mar; en Bolivia el ejército por años reprimió a su pueblo; en Brasil en 1960, los militares dieron un golpe de Estado y reprimieron a su pueblo; en Colombia, el ejército haciendo uso de paramilitares, por años a reprimido y asesinado a miles de colombianos; en los años 50 del siglo pasado, los venezolanos vivieron y sufrieron la represión del ejército.

En Panamá durante la dictadura de Manuel Antonio Noriega, el ejército reprimió salvajemente al pueblo; en Nicaragua, el pueblo por casi 50 años, vivió en carne propia la represión, la cárcel, tortura y muerte por parte de la guardia nacional, La G. N., era el ejército pretoriano al servicio de la familia Somoza; en Honduras, el ejército de ese país recientemente encabezó un golpe de Estado, contra un gobierno legítimo; en el Salvador el ejército reprimió por años al pueblo salvadoreño; en Guatemala, el ejército por cinco décadas ha reprimido al pueblo guatemalteco, en especial a los indígenas, llevando acabo genocidios.

El único país que oficialmente abolió su ejército en 1948 fue Costa Rica, es probable que esa decisión histórica, haya sido la base fundamental para que la sociedad costarricense, diera su primer paso en la consolidación de su sistema político social. Costa Rica, pese a que tiene pocos recurso naturales, es reconocida en el mundo entero como una nación que alcanzado grandes logros y avances en lo económico, salud, educación que la ponen en la vanguardia con respecto al resto de naciones centroamericanos.

En estos tiempos el costo económico para mantener un ejército, es enorme, los recursos financieros destinados en salario, armas, aviones, tanques, artillería, es increíble. Los gastos militares para mantener un ejército lo asumen los pueblos con el pago de los impuestos, dinero que perfectamente podría destinarse a gastos de educación, salud y proyectos sociales. El pueblo de Nicaragua sostiene sobre sus hombros un ejército de más de 10 mil hombres. En la actualidad y con los grandes avances alcanzados por la comunidad de naciones, con los instrumentos jurídicos que existen en las Naciones Unidas, Consejo de Seguridad, Corte Internacional de Justicia, Organización de Estados Americanos, etc., los ejércitos en nuestros países ya no tienen razón de ser, ese gasto militar es superfluo e improductivo, empobrece más y más a nuestra sociedad. Los ejércitos no generan seguridad y confianza, por el contrario provocan inseguridad y desconfianza, por ello el ejército nacional debería de ser abolido, tal como lo hizo Costa Rica hace sesenta años.

Las tres leyes que envió con carácter de urgencia al Parlamento Nacional, el Presidente de la República, las cuales tenía como una carta bajo la manga de la camisa, las que ahora salen a la luz pública, aprovechando el artificial y bien orquestado conflicto fronterizo con Costa Rica. Los explosivos proyectos de ley obviamente son inconstitucionales, pues contradicen varios preceptos de la Constitución Política. Las aberraciones jurídicas contenidas en los proyectos legislativos pretenden militarizar la sociedad nicaragüense, ya no sería el poder civil que estaría sobre el poder militar, sino que el poder militar estaría por encima del poder civil. De aprobarse las referidas leyes desaparecería de nuestra sociedad la frágil y precaria democracia, para convertirla en una frágil y precaria democracia con ropaje militar. Yo soy partidario de que en nuestro país no deberíamos tener ejército, el actual cuerpo castrense debe de ser abolido para siempre, lo que se podría lograr con la redacción y aprobación de una nueva Constitución Política, lo que haría una Asamblea Nacional Constituyente. Nosotros sólo precisamos de una policía nacional de naturaleza civil.


*Abogado y Notario Público