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En 1539, el Río San Juan, entonces llamado El Desaguadero, fue descubierto para Nicaragua por Alonso Calero. Las crónicas de entonces nos relatan que el Río tenía otras tres bocas: Jaramillo, Taure y Colorado. ¿Cómo es entonces que Costa Rica adquiere un derecho de navegación perpetuo sobre el Río San Juan y el derecho sobre las otras tres bocas del San Juan?
Posteriormente el área estuvo sujeta a invasiones de piratas que llegaron hasta Granada, dos veces, en 1665 y 1670. Pero esos eran pillos del momento, que abandonaron el terreno en 1781. Luego vinieron las potencias, Inglaterra y Estados Unidos que en los 1800 ejercían su poder en la zona. Junto a ellos también llegaron intereses privados que hicieron de Nicaragua una ruta de paso para lo que se llamó el “Gold Rush” de California de 1850. Destaca en esa empresa el Comodoro Cornelius Vanderbilt y la llamada Ruta Accesoria del Tránsito que ya en 1850 había transportado más de 2,000 pasajeros a través de Nicaragua que iban o venían de California. En ese entonces la “Ruta” de Nicaragua era el canal inter-oceánico conectando el este y el oeste de los Estados Unidos.

Pero después vinieron intereses funestos. Por un lado la llegada del filibustero William Walker en 1855, que contratado para apoyar a una de las facciones políticas de Nicaragua, los Demócratas de León, contra los Legitimistas de Granada, termina apoderándose del país. Por otro lado los intereses personales del entonces Presidente de Costa Rica Juan Rafael Mora Porras, que requería el Río San Juan para exportar su café a Europa. Y de nuevo las potencias, que en 1852 firman la Convención Crampton-Webster entre Estados Unidos y el Imperio Británico, éste último aliado de Costa Rica, mediante la cual se reconoce para Costa Rica el derecho de navegar por el Río San Juan. Nicaragua no fue invitada a negociar ni a firmar esa Convención. Pero Inglaterra dotó a Costa Rica con suficiente armamento para proteger esos “derechos” que la Convención le otorgaba.

Al entrar Nicaragua en la guerra contra Walker y en lo que se llamó después la Guerra Nacional, Costa Rica aprovechó la ocasión y comienza su invasión sobre el Río San Juan y el Lago. El 3 de marzo de 1856 el Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica Joaquín Bernardo Calvo ordena suspender el tráfico sobre el Río San Juan, el Lago y el Istmo de Rivas. El presidente Mora, su hermano el Gral. Joaquín Mora Porras y su cuñado el Gral. José María Cañas ocupan La Virgen, en la costa rivense del Gran Lago, San Carlos, el Río Sarapiquí y San Juan del Sur. Mediante Decreto del 1 de Noviembre de 1856 el Presidente Mora ordena el bloqueo de San Juan del Sur y prohíbe la navegación del Río San Juan, excepto para sus tropas de ocupación, un ejército de más de 3,000 hombres.

Aun cuando el propósito declarado del ejército de Costa Rica era el de sacar a Walker de Nicaragua, ya ido Walker en Mayo de 1857, el General Cañas seguía posicionado en Rivas y el agente de Costa Rica en el Río San Juan, el Capitán George F. Caulty, continuaba en control de la Ruta del Tránsito. Más aun, el 14 de julio de 1857 el Gobierno de Costa Rica otorga la concesión Webster-Harris para la navegación exclusiva sobre el Río y el Lago de Nicaragua, por 50 años, a unos intereses privados extranjeros.

Nicaragua, devastada por la Guerra Nacional, apenas comenzaba a levantarse como República cuando Costa Rica reclama su botín de guerra, el San Juan y el Lago. Y si los demás países de Centroamérica hubiesen sido tan ambiciosos como el Presidente Mora de Costa Rica, Nicaragua hubiese dejado de existir como nación, dividida entre El Salvador, Honduras y Costa Rica. Esta última pretendía para sí el Istmo de Rivas, desde el norte de Masaya, el Gran Lago, la franja paralela de la Costa Atlántica de Nicaragua y desde luego el Río San Juan. Vencida y doblegada como en ese momento histórico estaba el país, Nicaragua se vio obligada a suscribir el tratado Cañas-Jerez que fija la frontera entre los dos países y así Costa Rica obtuvo el derecho perpetuo de navegación comercial en el Río San Juan. Pero ese mismo tratado llevaba en sí la semilla de la discordia si no de su propia destrucción.

Primero, porque la guerra no era contra Nicaragua sino contra un extranjero invasor, Walker y sus filibusteros, una causa noble de los nicaragüenses y de los hermanos centroamericanos. Segundo, porque Nicaragua era soberana sobre el Río San Juan hasta su desembocadura en el puerto de San Juan de Nicaragua (o Grey Town llamado por los ingleses). Tercero porque el tratado, no obstante que reconocía la soberanía de Nicaragua sobre el Río, otorgaba a Costa Rica el derecho de navegar comercialmente. Y lo que se pensó era una solución, fue el principio de las discordias, de laudos y sentencias de tribunales internacionales, la última de hace menos de un año por la Corte Internacional de Justicia de La Haya en 2009.

En su última embestida de octubre, 2010, Costa Rica reclama un pedazo de tierra (más bien de sedimentos creados por el mismo Río San Juan y de suampos acumulados en la bahía de Harbour Head) que ellos han venido en llamar Isla Calero y que es tierra nicaragüense. En efecto, el Laudo de Alexander, que fija la frontera que Costa Rica se ha negado a amojonar, nos dice que el punto de partida es en Punta Castilla (sobre lo cual no hay diferencia) y sigue sobre la margen derecha de Harbour Head hasta el primer caño del Río San Juan y de ahí sigue hasta el Río San Juan. Esa bahía, llamada Harbour Head es por lo tanto de Nicaragua y todo lo que en ella se encuentre, incluyendo aquellos sedimentos y suampos que les llaman Isla Calero son también de Nicaragua.

Sin embargo, en unas declaraciones publicadas en La Nación de Costa Rica la semana pasada, el Canciller de Costa Rica decía que como ese primer caño se había secado, la frontera de Costa Rica debería de seguir sobre las costa de Harbour Head (ya no la rivera derecha, sino hacia el norte) hasta llegar a la desembocadura del Río San Juan. Si así fuera, Alexander, que era un ingeniero, hubiera dicho que la frontera seguía hasta la desembocadura del Río San Juan; pero Alexander dijo “hasta el primer caño” y un caño de un Río no es su desembocadura.

Hoy Costa Rica reclama otras cosas de Nicaragua, variadas e imprecisas. Reclama por el dragado del Río San Juan, que es de Nicaragua (y así se lo hizo saber la Haya en la sentencia del 2009); reclama daños ambientales sin especificar y también por “daños” aun no causados; reclama también por la presencia de tropas nicaragüenses en territorio nicaragüense, que ellos llaman invasión.

En vez de salir gritando que “viene el lobo” de una invasión inexistente, mejor debería la civilizada Costa Rica sentarse a negociar y permitir el amojonamiento definitivo de la frontera, que dicho sea de paso ganaron por la invasión militar de su ex Presidente Mora y de su familia militar. El Presidente Mora de Costa Rica fue derrocado en 1859 y salió al exilio. Tanto él como su cuñado el Gral. Cañas fueron fusilados en Costa Rica en 1860, pero su muerte no logró enterrar la codicia de los hermanos del sur.


Ya es hora que como países civilizados, aprendiendo de la historia, lleguemos a reconocer los derechos que a cada quien corresponden, comenzando porque el San Juan es de Nicaragua.


*El autor es Abogado en Miami y en Nicaragua, fue Presidente de la Nicaraguan-American Chamber of Commerce en Miami y de la Inter-American Bar Association, Washington, D.C.