Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

En el artículo precedente del pasado viernes se determinó la insuficiencia de evidencias para establecer la historicidad del indígena Juan Diego y su relato. Las evidencias históricas apuntaban más hacia las manos prodigiosas del indígena Marcos como realizador de la obra de arte colonial. Pero la leyenda de la fe nos alerta sobre las características prodigiosas de la obra. Sostiene que existen ciertos tópicos estudiados que la ciencia no ha podido explicar y es por eso que la tilma guadalupana es de origen divino y no humano.

Hay un consenso establecido sobre que la imagen de Guadalupe ha sido restaurada y repintada en varias ocasiones. El solo aceptar que la imagen ha sido retocada es una blasfemia implícita, pues si es una imagen que produjo la Divinidad, mal hacen manos humanas al corregir su obra.

Son múltiples los retoques que se le han hecho a la imagen guadalupana, lo cual ha hecho que determinar cuál era la imagen original ha sido muy difícil para los expertos. Las manos fueron reducidas para asemejar la imagen al gusto indígena. También se agregaron las estrellas a la túnica que viste la virgen. La corona que lucía la imagen en sus inicios ha sido borrada. Agregaron el ángel, el contorno de oro de la túnica y los rayos de luz. También se dice que la primera versión tenía al niño Jesús.

El cardenal Rivera Carrera, arzobispo de México, contrató en 1999 al Microbiólogo
Leoncio Garza-Valdez para analizar el ayate guadalupano. Este microbiólogo fue célebre por su oposición al análisis concluyente de carbono 14 realizado al manto de Turín, donde se establecía que la reliquia era del siglo XV. El perito realizó tres imágenes producto de la tecnología infrarroja. La primera imagen era la original donde aparecía el niño Jesús y las iniciales M.A. Algunos especialistas ven en las iniciales el nombre Marcos Aquino, el indígena que mencionaba el padre Bustamante en su sermón en el año 1566. La siguiente imagen que registró el infrarrojo es una versión de la virgen con rasgos indígenas. La tercera es como la conocemos actualmente.

La Iglesia presenta tres supuestas pruebas científicas que serían incuestionables para certificar el milagro guadalupano. Ellas son la prueba de los hilos, la del material de maguey y las imágenes en la retina de los ojos de la virgen.

La Iglesia presenta los resultados de un estudio que hiciese el premio nobel, el químico austriaco Kuhn, a unos hilos que le proporcionaron para su análisis. El señor Kuhn determinó que los hilos contenían tinta que no era de origen animal, ni vegetal, ni mineral y que la ciencia en ese tiempo no sabía de dónde provenía. Los resultados de Kuhn en la primera mitad del siglo XX han sido cuestionados por la comunidad científica. La forma de recopilar la muestra no llenó los requisitos mínimos del método científico. El abad de la basílica regaló al obispo de Saltillo, Felipe Cortez, los hilos a analizar. Después de un tiempo éstos pasaron al metalúrgico Sodi Pallinsés, quién por medio del profesor Hahn se los envió a el químico Kuhn. Todo un proceso de pasamanos sin ningún rigor del protocolo científico. En las conclusiones de Kuhn no se detalla la metodología usada; reactivos químicos, microscopia usada o detalles de espectrografía, donde Kuhn era fuerte. Los resultados de Kuhn caen en su propia paradoja, pues si se acepta que la tilma ha tenido retoques, por qué esas tintas no salieron en la prueba del austriaco. Se tendrá que suponer desde el punto de la fe que las restauraciones fueron también de origen divino. Las opiniones de diferentes restauradores manifiestan que la tinta original es a base de cochinilla mexicana y otros químicos minerales.

La leyenda de la fe explica como
evidencia irrefutable que la tilma está hecha de maguey, de origen vegetal, de un cactus que crecía en la zona. Esta tela no dura más de veinte años, según los expertos. ¿Cómo era posible que durara más de 450 años? Es posible que una tilma dure tanto, siempre y cuando fuera de otro material, el cual es el caso de la tilma guadalupana. Entre varios, el restaurador José Sol Rosales, opina que la tela es de Lino y cáñamo. Dicho experto fue contratado por el abad Schulenburg, custodio de la imagen santa. Inclusive, el señor José Sol fue mas allá y manifestó que el lienzo no había sido pintado al desnudo, a como se creía, sino sobre una base blanca de textura irregular.

La tercera supuesta prueba científica del prodigio guadalupano es la imagen dentro de las retinas de la virgen. En un artículo del experto José Luis Calvo, publicado en la revista científica El Escéptico, se expone cómo la silueta que presenta la retina necesita la imaginación de la fe para ver a las personas testigos del prodigio divino. A esto la ciencia le llama “Paraideloia”, la cual consiste en ver formas en imágenes amorfas, como por ejemplo en las nubes. Incluso, el señor Calvo muestra en su artículo unas imágenes que se extraen de la cabeza en la parte del velo, donde se forma la misma imagen aludida a la retina de la virgen.

Algunos especialistas manifiestan que se le hizo una restauración a la imagen, a principios del siglo XX. Se afectó a los ojos, dejando al derecho “gacho”, como se diría popularmente, e inclusive da la sensación de un ojo golpeado. En un estudio que hiciesen Carlos Salinas y Manuel de la Mora, manifiestan que el Dr. Torroella dijo: “A nosotros los Oftalmólogos no nos corresponde dictaminar si la imagen de nuestra señora de Guadalupe es o no obra sobrenatural y ni siquiera si las figuras que vemos en sus ojos son realmente unas figuras o simples cúmulos de pintura, eso es materia para otros especialistas”, así nos informó Calvo en su artículo.

Es evidente que la fe de la tradición guadalupana no está en concordancia con las pruebas científicas. Mal hace la fe en recurrir a la ciencia para convencer a nuevos creyentes o reforzar a los actuales. No debe basarse el proselitismo de la fe en la falta de evidencias científicas que muestren las causas de los hechos extraordinarios. Cuando la fe recurre a la ciencia es víctima de su propia paradoja, pues la fe no necesita comprobación y al buscarla pierde fe en sí misma.


rcardisa@ibw.com.ni