María Mercedes Urroz
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Ph.D. / Ideuca

El campo esconde su propia creatividad, la que se manifiesta con el encanto de la sencillez y la profundidad del espíritu campesino.

He participado en muchas promociones de educación primaria, de bachillerato y de Universidad. Todas acompañadas de un entorno particular mostrando la satisfacción y el gozo que produce concluir una etapa educativa.

Se trata de momentos especiales en la vida de quienes hemos tenido la oportunidad y las condiciones para aprovecharla. Con mayor o menor elegancia todas las promociones se esmeran en dar brillo y sentido a dicha ceremonia.

Esta vez tuve la dicha de compartir una promoción de primaria, en una comarca a 14 Km. de Boaco, en una pequeña escuela anclada en las laderas de la montaña. La escuela en la comarca Las Cañitas es de reciente renacimiento.

Casi 20 años que cerró las dos puertas, no encajaba con el modelo educativo reinante en el marco de la autonomía escolar. Hace apenas tres años que volvió a despertar gracias a las exigencias y al apoyo de la comunidad que, aprovechando la nueva política educativa y la madera de su entorno, empezó a construir su escuela. A ella empezaron a llegar niños, niñas, algunos ya adolescentes procedentes de la comunidad y de otras escuelas. La escuela, el año pasado, no tenía el techo completo, señal de que su espacio escolar era muy precario. En ella estudian 25 personas. En un curso impartido por el Ideuca, en Boaco, dos maestras, una del núcleo educativo y la otra de la escuela vecina en mención, me hablaron de ella y me interesé en ayudarlas sintiendo que debía de ser apadrinada por el Ideuca.

En el Ministerio de Educación conseguí el 80% de las láminas de zinc, el Ideuca proporcionó el cemento para el piso, la comunidad la hizo suya y la UCA regaló pupitres para esa y otras escuelas vecinas del núcleo educativo o escuela base Amalia Miranda, que atiende a seis escuelas vecinas.

El día 3 de diciembre llegúe a la escuela, hoy con mi nombre, Juan B. Arríen, para la promoción de 6to. Grado. Los graduandos eran cuatro muchachos pero parecía que con ellos se promocionaba toda la comunidad.

Llegar a ella ya constituye una interesante experiencia porque está situada casi media hora a pie de donde, a duras penas llegó mi carro y el camioncito que portaba 46 pupitres.

Varios campesinos y estudiantes de la escuela bajaron al camino y cargaron con los pupitres. Era necesario caminar o utilizar un caballo. Ambas modalidades las tuve que aprovechar a la par que la Directora del núcleo educativo la profesora María Mercedes Miranda me hablaba de sus tres horas diarias caminando para llegar a atender a sus escuelas.

La ceremonia de la promoción armonizó con la frescura, la vida de las montañas y el sentir del campesino. En una casita cercana se celebró la oración, la liturgia de la palabra en la que el texto sobre la sabiduría y el pasaje evangélico de los talentos dieron sentido al mensaje de la educación acompañada de cantos alusivos a dichos mensajes. Allí estaba congregada la comunidad para comunicarse con Dios en el altar abierto de la naturaleza. De la casita a la escuela separan 150 metros recorrido que los cuatro promocionados estrenando ropa nueva y una flor en el pecho hicieron del brazo de sus madres, teniendo como alfombra el suelo oradado de pisadas de ganado y de caballos. Detrás toda la procesión educativa, toda la comunidad…
La escuela adornada de ilusión, de gozo, de sueños cumplidos y por cumplir: Himno Nacional, bailes propios del folclore nica, palabras de estudiantes, de la maestra, entrega de diplomas, aplausos, emociones, todo igual y todo distinto con sabor a tierra con aliento de la naturaleza, con la vibración del alma campesina que ve en la educación el horizonte abierto que armoniza con la montaña. Después fotos con celulares, un campesino tenía una sencilla cámara, un refrigerio con ingrediente de chicha, queso, tortilla, gallina india... Parte de la comunidad me acompañó en el retorno por veredas que todavía recuerdan al paso de un invierno muy lluvioso. Era la expresión sincera de su agradecimiento.

De regreso a Managua seguía en mi mente la proyección de aquella película viva, de encuentro con la educación hecha vida en la gente allí donde está y en las condiciones en que está. En esa escuela ya es realidad el 6to. Grado para todos. Después será necesario abrir otras trochas educativas para que la educación complete su obra en Nicaragua. Educación para todos y todas y éxito de todos y todas en la educación, también para los pobladores del área rural donde se piensa, vive, siente, ama y espera de otra manera muy propia de la gente campesina.