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“En política, y sobre todo donde las corrientes de la opinión son formadas al calor de pasiones desenfrenadas, triunfa más á menudo el carácter que el talento, y ahí donde se ha visto escollar inteligencias sutiles, tejedores finísimos de la madeja administrativa, hombres de menor vuelo, pero en poder de una voluntad tesonera, han mirado serenos hacia el puerto, conduciendo con arrojo su nave triunfal é infundiendo en los marinos el entusiasmo y la fe sugestiva del que no retrocede.”

Hildebrando A. Castellón.

1912. Pro Patria - Nicaragua Vendida.

En diciembre del 2004, publiqué un escrito titulado “Daniel Ortega personaje del año”, repitiendo las razones por las que TIME escogió a George W. Bush personaje del año.

“For sticking to his guns (literally and figuratively), for reshaping the rules of politics to fit his ten-gallon-hat leadership style and for persuading a majority of voters that he deserved to be in the White House for another four years, George W. Bush is TIME’s 2004 Person of the Year”.

En política, como dijo don Hildebrando Castellón hace 98 años, y TIME en el 2004, “triunfa el carácter sobre el talento”. No se trata de juzgar si está en lo correcto o lo incorrecto, sino de su tenacidad, audacia y persistencia en sus propósitos.

En Nicaragua, el personaje del año sería, por su tenacidad y persistencia para hacer realidad sus objetivos, por su capacidad de transformación y recuperación, sin que esto quiera decir que esté de acuerdo con él, Daniel Ortega Saavedra. Ortega ha cometido muchísimos errores y otras tantas estupideces, pero ha demostrado capacidad de reaccionar inteligentemente ante ciertas circunstancias difíciles y con habilidad para transformarse y rehacerse sobre la marcha. Sobre la marcha fue aprendiendo y tomando medidas que “acomodaron” la presión en contra suya, en lo personal y contra el FSLN como partido.

Un ejemplo de esa capacidad, es que no siendo su partido mayoría en la Asamblea, la ha controlado, y dictado la agenda nacional y ha implementando, contra viento y marea, cambios constitucionales de acuerdo a su agenda, garantizándose, salirse con la suya, y una larga permanencia en el poder para él y su partido, manipulando el sistema democrático, hasta, ganar la presidencia con una minoría de votos.

De Daniel Ortega se podrán decir muchas cosas, se podrá no estar de acuerdo con él, ni con sus políticas, ni con sus intenciones, como no lo estoy, pero, lo que no se puede dejar de reconocerle, sin engañarnos nosotros mismos, es que es un político hábil, atrevido y sagaz y que en los últimos 30 años no ha existido en Nicaragua una opinión y una influencia política más fuerte que la suya.

En diciembre del 2006, escribí otro: “¿Daniel Ortega personaje del año?” Esta vez entre signos de interrogación. No por simpatía, sino, que mi oposición a Ortega, no me impedía, ni me impide, reconocer, la astucia, maña y maestría, de un contrario, para hundirse bajo las patas del caballo por toda una vida, salir ileso, y como ahora, terminar montado por segunda vez en la presidencia de la Republica, y que ha demostrado habilidades políticas, muy superiores a cualquier otro en Nicaragua, mas que los egresados de Harvard, o del INCAE, catedráticos incluidos, o del sector privado, desde antes de 1979 y después. A todos los tiene comiendo en la mano, como los tuvo Somoza García.

Destaqué razones por las que podría ser personaje; —por persistir, sacar adelante y hacer realidad sus proyectos—. No por otra cosa, menos las negativas, pues sus hechos políticos, mas allá de su carácter, que es de admirar, difícilmente tienen que ver con nada que haga un personaje del año, que debe sobresalir en su nación por alguna cualidad ejemplar positiva. Aclaré entonces, y ahora, que no se trataba de juzgar si lo que Daniel hacia era correcto o incorrecto, (ese es otro tema) sino su audacia, visión y persistencia de propósitos.

Un viejo político liberal de Chontales, hace mucho tiempo andaba colgado en el espejo retrovisor de su carro, la miniatura de una albarda chontaleña. Y le dije: “Que bonita esa albardita”, él me respondió…”es para recordarme que cuando uno se sube al caballo del gobierno se debe agarrar con fuerza de la albarda para cuando empiece a corcovear no dejarse botar.” Como chontaleño Daniel Ortega sin duda conoce ese cuento y hace tiempo se mantiene agarrado a la albarda.

Otra capacidad suya, es la de convertir, a sus mas acérrimos enemigos como fue Obando y Bravo y Jaime Morales Carazo, por ejemplo, en asociados políticos, y hacer contemporizar con su gobierno a la empresa privada a la antes tuvo bajo sus botas.

Sobre la marcha, y los fracasos, fue asimilando, (aprendiendo más que sus rivales), y tomando medidas que divergieron la presión en contra suya. Ya antes, aceptó las negociaciones de Esquipulas neutralizando a Reagan, quién no estuvo de acuerdo pero tuvo que aceptar, porque los europeos si estuvieron, (a los americanos le ha ganado la partida política varias veces) y salió ganando, pues evitó ser aniquilado, permaneciendo con importancia política; reconoció unilateralmente como fuerza beligerante a la Contra, que no estipulaba Esquipulas, negoció, los neutralizó y desbandó dejándolos confundidos en el caos hasta el día de hoy.

Habiendo perdido la guerra y la economía, fue inteligente para, “motu propio,” adelantar elecciones sometiéndose al dictamen democrático, cimentando la retirada sobre bases legítimas, y quedando con espacio político, demostrando sensatez superior a la del último Somoza, actitud que le permitió sobrevivir, salvarse y regresar. Perdió las elecciones y se fue a la oposición, desde donde no perdió tiempo ni oportunidad para recuperarse y ganar terreno, aún enfrentando recias y delicadas presiones y acusaciones de carácter personal. Ha demostrado capacidad para convertir las desventajas en ventajas a su favor, como ningún otro político en Nicaragua, con la excepción de Somoza García. A la fecha lleva más tiempo, influyendo, desde arriba y desde abajo, en la política y en el devenir de la nación nicaragüense, que Somoza García.

Daniel Ortega, en medio de sus demonios personales, aunque, tiene una gran deuda pendiente con la nación nicaragüense que no borra nada, que a diario camina en una cuerda floja, sus inclinaciones, compromisos que tiene con intereses externos, y para quien sus mañas viejas son su peor enemigo, y serán su destrucción, no se puede dejar de reconocer, (seria error subestimarlo), su sagacidad, astucia y capacidad de entender la realidad política y la condición humana nicaragüense con sus miserias, las que ha sabido manipular y sacar ventaja, es todo un personaje que merece ser estudiado para la historia de la sociología política.

Una frase con que cerré mis escritos anteriores fue: —Es una pena que no tengamos los nicaragüenses un líder democrático con la habilidad y clarividencia política de Daniel Ortega—. Con igual pena la repito ahora.