Ary Pantoja
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Quien no conoce el pensamiento político del escritor y analista doctor Julio Ignacio Cardoze, después de leer el recién interesante artículo titulado “Daniel Ortega personaje del año 2010”, que contiene mucho de ingenuidad y algo de incauto así como un equivocado enfoque, fácilmente el lector se ciñe el nudo de la cabuya que guinda del árbol para ahogarse como igual lo hace quien se introduce en un pozo lleno de cicuta.

Lo anterior es porque en el artículo referido, se hacen resaltar los resultados políticos conseguidos por el señor Daniel Ortega, como si fuesen fruto de méritos y esfuerzos de buenas acciones morales de un individuo probo, al margen, que más bien son botín, propio de acciones malignas, ilícitas e ilegitimas en búsqueda de sus intereses muy particulares que dañan la libertad, el progreso y la vida en democracia de toda una sociedad que reiterativamente ha sufrido los desmanes de tipos como Ortega.

He leído en muchas otras oportunidades al doctor Cardoze, y creo no sea esta su intención. Si bien el artículo lo precede una aclaración conceptual basada en el epígrafe del doctor Hildebrando H. Castellón, que en política “triunfa el carácter sobre el talento”, otorgándole la razón es hacerle llegar agua al molino del dictador Ortega, y más aún porque a reglón seguido manifiesta, que “en la cultura nicaragüense, tradicionalmente, los que ganan son los que tienen la razón”, como si esto último es una verdad absoluta, obviando que ganar no lo es todo, si lo obtenido no es licito mucho menos moral. Lo sucio del Ortega de hoy, es lo mismo de lo que fue Somoza ayer, o la actitud traidora de Moncada en mayo de 1927, o lo indigno de Adolfo Díaz en 1912 y 1927 al solicitar la invasión extranjera para llenar de sangre nuestro suelo patrio, solo para mencionar algunos individuos de la lista que son de triste recordación en la historia de nuestra querida Nicaragua.

Pero, antes de continuar, creo necesario considerar que el ingenuo escrito del doctor Cardoze acerca de tildar como personaje del año a Daniel Ortega, es de alguna manera un producto del fenómeno en donde el secuestrado de los desmanes de su agresor, muy por encima de estar condenando las barbaridades de no tener su libertad, se transforma complaciente y potencializa las acciones de su captor valorando con cualidades, mérito y aprecio al sujeto que lo daña hasta mostrarle cariño.

Es verdad que la inteligencia no está negada a los malignos. En la historia abundan personajes históricos que asistiéndoles tenacidad y perseverancia eran hábiles para lograr sus propósitos. Pero, ¡Desgraciadamente para fines siniestros y funestos! V. I. Lenin, Joseph Stalin, Fidel Castro, Benito Mussolini y Adolfo Hitler, son solo unos de los más connotados.

La historia es la ciencia que estudia al hombre a través del tiempo, sin embargo su estudio está siempre supeditado a su relación con su comunidad y con el desarrollo de la sociedad que le es inherente y propia. De ahí que la historia es la maestra de la vida. No cabe duda que a Daniel Ortega le asiste cierta inteligencia, y como buen comunista ha estudiado la historia de Nicaragua, en la que Somoza sobresale como figura par y dictador afín, de ahí que lo anterior, a Daniel Ortega le ha permitido que actué con eficacia para lograr lo que considere conveniente a sus interés particulares, lejos muy lejos de la causa y razones inspiradoras que le permitieron ser un dirigente más, al luchar para botar a la dictadura de Somoza en el año 1979. Pero de ahí a ser personaje del año, la cosa cambia y es otro asunto a considerar.

Coincidimos con el doctor Cardoze que Daniel Ortega actúa con eficacia, sin embargo lo anterior tiene poco o nada de valor si lo mismo no se acompaña con eficiencia. En el ámbito histórico cabe recordar el logro de la batalla por el rey Pirro a costa que su ejército resultara totalmente diezmado; fue una victoria Pírrica. En el plano social nicaragüense fresco está en la memoria aquel sujeto de apellido Jerez disfrutando en la piscina de la terraza de la mansión a la orilla del mar a costa del erario público. Pero que como castigo no puede mirar de frente delante de sus hijos. En el plano político ser eficiente es actuar con ética y con moral; cosa diferente, distinta y distante de los individuos que actúan como delincuentes políticos, lejos de acciones meritorias como para ser personajes del año como es el caso que nos hace escribir el presente artículo. En política un triunfo electoral logrado con honestidad es todo un orgullo no solamente para el candidato elegido, sino también una grata complacencia para los electores en general; pero si el resultado electoral es producto de la deshonestidad que hace tipificarlo como fraude, la vergüenza e inmoralidad al candidato “vencedor” es un baldón que le asiste siempre. Los personajes políticos se distinguen por ser hombres probos. Los tipos políticos como Daniel Ortega, son un baldón en la clase política de nuestra historia.

Para finalizar al valorar este año la figura de Ortega, después de ver como se ha impuesto abusando del poder y violar reiteradamente de manera flagrante la Constitución Política para hacer valer su capricho continuista de pretender reelegirse el próximo año, a pesar de no tener derecho a ser candidato, se viene a nuestra memoria el nombre de aquel individuo que bien podría ser su par, porque habiendo influido muchísimo sobrevivió a personajes de la Revolución, como Marat, Danton, Barras, Robespierre e incluso al propio Napoleón mediante el abuso y el terror como ejemplo de la maldad y de la mezquindad propio de hombre abominables. Me refiero al mismo individuo que asistiéndole una gran inteligencia logró sobreponerse a los adversarios políticos tratándolos como enemigos. “Joseph Fouché el genio tenebroso”.