Leoncio Vanegas
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Hace sesenta años, del 18 de noviembre al 14 de diciembre de 1950, fue celebrada en Managua —por segunda vez— una serie mundial de béisbol amateur: la undécima. La experiencia adquirida en la de 1948 —hasta entonces el espectáculo deportivo más colosal en la historia del país— se sumó a la voluntad política del gobierno para hacerla posible. Desde luego, fue autorizada por la Federación Internacional de Béisbol Amateur (FIBA).

Ya se disponía del moderno Estadio Nacional “General Somoza”, inaugurado dos años antes, y quien llevaba su nombre había ganado las elecciones del 21 de mayo de 1950, producto del famoso Pacto de los Generales, como candidato del Partido Liberal Nacionalista sobre el del Partido Conservador, Emilio Chamorro Benard, quien perdió con menos de la cuarta parte de los votos válidos.

En realidad, el evento constituía la apoteosis beisbolera de ese hecho político. Así se comprende al consultar su memoria: una publicación de 56 páginas —tamaño carta— impresa en la Editorial Católica de la capital. Editada por Francisco H. Larios con la colaboración de Alberto Medina, dicha memoria ofrecía una información más oficialista que beisbolera. Contiene artículos de los cronistas de la época y los “Records de nuestros seleccionados”.

Como espectáculo, la XI Serie Mundial logró éxitos similares a los obtenidos en la X. Doce países participaron: un record no registrado en los anales de esas competencias. Las fuertes selecciones de Cuba —ausente en la anterior—, Puerto Rico, República Dominicana, México, Panamá, Venezuela y Colombia, unidas a la de todos los países centroamericanos, le impartieron a la XI Serie alto nivel y colorido. A la X habían asistido ocho países y nueve a la tercera (1940) y novena (1947).

La selección nacional fue integrada por diecisiete peloteros. El más veterano era “El Caballo de Hierro” Stanley Cayasso, de 44 años; a pesar de su edad, desde 1947 Cayasso conquistaba anualmente el campeonato de bateo con marcas no menores de .350. Asimismo, había representado a Nicaragua en todas las justas internacionales de 1935. Eduardo Green Sinclair tenía 27 años y jugaba de jardinero central. Excepto en la de 1939, se había incorporado a la selección nacional en las series mundiales de 1940 y 1941 (ambas en la Habana), 1944 y 1945 (ambas en Caracas), 1947 (Cartagena, Colombia) y 1948 (Managua).

Green, “La Gacela Negra”, se acreditó el liderato de bateo con una puntuación de .487 (19 hits en 39 turnos) y el co-liderato en dobles con 7, compartido con el venezolano Candelario Guevara; además, impulsó 9 carreras y anotó 11. En cambio, Cayasso tuvo un promedio de bateo de .289 (11 hits en 38 turnos), anotando e impulsando igual número de carreras: 7. Siete compañeros de equipo batearon más que él: Nicolás Bolaños con .435, Jorge “Conejo” Hernández con .417, Adolfo “Fito” García con .375, Alejandro Canales con .353, Eduardo “Gallito” López con .346, Róger “La Panzona” Velásquez con .344 y Bert Bradford con .327.

Tres de los siete lanzadores eran zurdos: Nicolás Bolaños (jugaba también de jardinero izquierdo), de 24 años, que por primera vez defendía los colores patrios; Manuel Mendoza, también de 24 años y el costeño Etzel Brown. Los dos últimos ya habían sido mundialistas en la Novena Serie y en la Décima. Los otros cuatro eran derechos: Jorge “Campanita” Hernández, de 27 años; Alejandro “El Toro” de 25 años; Gonzalo “El Negro” Poveda, de 24; y Róger “El Nene” Bolaños, de 16.

Canales se acreditó tres de la siete victorias de Nicaragua (sobre Honduras 12-1, Guatemala 18-0 y México 5-2) y perdió ante República Dominicana 4-11. Nicolás Bolaños ganó el juego inaugural frente a Colombia 9-7; Gonzalo Poveda perdió con Panamá 3-4 y Cuba 2-7, pero le ganó a Puerto Rico 8-7 en el juego más espectacular de nuestra selección. Por su lado, Etzel Brown perdió con Venezuela 10-11 y le ganó a Costa Rica 9-3; finalmente, Manuel Mendoza se impuso sobre El Salvador 6-4. Cuatro, en resumen fueron las derrotas de Nicaragua propinadas, en este orden, por Panamá, Venezuela, Cuba y República Dominicana.

Nicaragua quedó detrás de Panamá que tuvo un registro de 8 y 3, y de Venezuela, Dominicana y Cuba, empatadas en el liderado con una marca de 9-2. En la serie final por la disputa del título de campeón, resultó ganador el equipo quisqueyano. Sin embargo, en octubre de 1951 —durante el Congreso Extraordinario de la FIBA, celebrado en México— se declaró campeón a Cuba al comprobarse que Puerto Rico, en su victoria sobre los cubiches en la fase regular, había utilizado a jugadores profesionales.

En cuanto a líderes individuales, aparte de Green y Guevara en bateo y dobles, el mexicano Fernando García encabezó los triples con 2, el cubano Juan Izaguirre los jonrones con 4, las carreras anotadas con 16 y las impulsadas con 21; el panameño Cecilio Miller las carreras robadas con 14 y en pitcheo el mexicano Nicolás Genestas con cuatro victorias y ninguna derrota, más el promedio de 1.13 en carreras limpias permitidas.

El equipo pinolero bateó en total para .317 (132 hits en 416 turnos), anotó 77 carreras e impulsó 75, disparó 5 jonrones (de Green, “Fito” García, “Gallito” López, Velásquez y Bradford), recibió 44 pases por bolas y 36 ponches, para ocupar el quinto lugar. Con esta actuación, borró en parte el desastroso resultado de la Décima Serie: 1 juego ganado y 6 perdidos. A ella contribuyó el aporte del manager: el “tampeño” (originario de Tampa, Florida) Andrew R. Espolita, contratado especialmente para entrenar y dirigir la escuadra nica, cuyo coach era el Masaya Julio “Chuyo” Velásquez.

Espolita, ganándose el respeto y la fanaticada nicaragüense, mereció cartas de felicitación por su labor —iniciada en corto tiempo y con los entrenamientos en el colegio Bautista, como lo revelan varias fotografías— e incluso una pieza en verso: “A nuestra selección”, con esta dedicatoria: “Para Espolita y señora”. Constando de seis cuartetos la firmaba R. Briones hijo y decía:
“A batear, muchachos pinoleros,/ a ganar con coraje y decisión,/ que en béisbol seremos los primeros/ con tubeyes, sencillos y jonrón.// Con Cayasso defendiendo la primera/ “Cachiro” o “Gallito” en la segunda/ y con Green con el tolete en la mano/ a cubanos daremos buena tunda./ Pancho Fletes siendo torpedero/ y Omier y Velásquez en la tercera/ y parado en la loma Etzel Brown/ es remoto pensar llegar al jon.// Teniendo a “Canana” tras el plato/ a Jorgito parado tras el jon,/ Bolaños, Fito y Bradford/ se encargan de quitarnos los “escon”.// Poveda, Canales y Campanita / Mendoza, el Nene y Etzel Brown/ darán lo que tienen a Espolita/ con el alma, vida y corazón.// Nicaragua se siente agradecida/ con lo que ha enseñado don Andrés/ y si hay fanáticos que no comprenden esto/ que se pongan el cerebro al revés.”

El 19 de noviembre, en el juego inaugural Nicaragua-Colombia, Nicolás Bolaños entró a relevar en el noveno inning y con el juego empatado a 7 carreras. “Iba pálido, con sangre en la cara” —me refirió en mayo de 2007—. “Anime a su primo” —oyó a Espolita que le decía a “Chuyo”. La situación era crítica: dos embasados y dos outs. Pero Nicolás, sereno y crecido, resolvió las entradas ponchando al bateador colombiano. Este fue su debut mundialista. Stanley Cayasso decidió el triunfo con un doble. Bolaños, lanzando 2 innings y un tercio, se llevó la victoria —como se dijo— ante 25 mil espectadores.

La actuación en el montículo de Róger “El Nene” Bolaños (con Nicolás del mismo apellido, “Chuyo”, “La Panzona”, “Fito” García y Bradford, los únicos seis sobrevivientes de la Undécima Serie) cabe también registrarse. “El Nene” no olvidaba —así me lo dijo en la Calle San Jerónimo, de Masaya, el 26 de marzo de 2007— cuando Espolita lo designó para relevar sin ningún out con tres embasados y tres bolas frente a Puerto Rico. “Ponga strikes” —le ordenó. Bolaños le tomaría la palabra fulminando a los tres amenazantes bateadores y el juego se ganó, como ya fue indicado, 8-7. Había relevado, igualmente, en los partidos con Venezuela, El Salvador y Republica Dominicana.

En el juego con Puerto Rico se perdía 4-7 al cierre de la novena entrada. Cayasso se ponchó. Róger “La Panzona” Velásquez abrió la brecha con un sencillo. Jorge “Conejo” Hernández, con otro, colocó a “La Panzona” en la antesala. Eduardo “Gallito” López, disparando uno más, llevó al home la carrera número cinco. Bert Bradford, con un doble, impulsó la sexta, quedando en tercera “Gallito”, quien se dedicó a “jochar” al pitcher. Francisco “El Americano” Fletes conectó un batazo saltarín que el tercera base puertorriqueño no pudo controlar. Bradford se posesionó de la tercera almohadilla y Fletes (que sería el máximo impulsador de carreras por Nicaragua con diez) llegó safe a primera. Con el tiro, Bradford aprovechó para anotar la carrera del gane. La euforia inundó el estadio.

Además de los anotados, jugaron en la selección Carlos “Cachiro” Quiroz, de 28 años; Julio “Canana” Sandoval, de 36: y Mike Omier, de 34; pero el bateo de los tres no superó la marca de .250. En la ceremonia final del evento, todo el equipo —que había tenido de novia a Lucy Navas y de mascota al niño Carolitos Lang— se enfiló para saludar al presidente Anastasio Somoza García.