•  |
  •  |
  • END

En el diario Barricada, en 1979, un periodista escribió que si alguien hubiera merecido entrar a la Loma de Tiscapa después de la derrota del somocismo, ése era Carlos Fonseca. Éste fue el forjador de la organización que derrotó a la dictadura somocista, y, después de Sandino, el dirigente revolucionario más importante de Nicaragua en el siglo XX.

Fue un hombre de acción y de pensamiento, y si su acción lo coloca en la lista intocable de los héroes, su pensamiento está abierto para el debate. ¿Cuál es, entonces, su pensamiento?
Obviamente, Carlos Fonseca tiene importancia para la izquierda y para los sandinistas que constituyen un sector considerable del electorado nicaragüense. Sólo el FSLN, el cual, para bien o para mal representa un sector de la izquierda es más del tercio del electorado, y es una fuerza organizada que no disminuirá en el futuro inmediato.

Para el resto de la izquierda, como concepto más amplio que incluye también al MRS, al Movimiento por el Rescate del Sandinismo, a las organizaciones de la sociedad civil y a centenares, quizás miles, de personas que trabajan para construir un mundo más justo, ecológicamente sostenible, sin machismo ni homofobia, pero que no militan en ninguna organización, Carlos Fonseca sigue siendo un ejemplo a seguir. Su pensamiento y su acción no han perdido validez.

He aquí algunos elementos interesantes de su pensamiento:

Lo primero que se puede decir de él es que era el mejor ejemplo de lo que debería ser un sandinista, izquierdista o progresista. Los que lo conocieron dicen que era disciplinado, estudioso, modesto, magnánimo, perseverante, honesto. Como el Che, él rompió con la izquierda que creía que sólo había que cambiar las estructuras para hacer un mundo más humano.

Como todo revolucionario, él creía que había que hacer cambios estructurales en la sociedad nicaragüense, pero también creía que el individuo debería cambiar, y enfatizaba, como el Che y Sandino, que el militante debería ser honesto y ejemplar. Los cambios estructurales, aunque importantes, no aseguran que los revolucionarios, como individuos, no se corrompan y den al traste con los principios revolucionarios.

La moralidad y la honestidad son temas que se repiten en sus escritos. En “La lucha por la transformación de Nicaragua”, dijo que el “soldado revolucionario se ganará la confianza del campesinado dándole pruebas de sinceridad y honradez”.

En “Nicaragua Hora Cero” expresó que la unidad del FSLN con la oposición debería hacerse con los hombres más honestos de la misma. Cuando rescató el pensamiento de Sandino hizo especial énfasis en su antiimperialismo, su programa social y su moralidad. A ésta le dedicó un capítulo especial en “El ideario político del General Sandino”.

El rescate de Sandino es otro de los legados importantes de Carlos Fonseca. Sandino no tuviera la posición que tiene ahorita si Carlos Fonseca no hubiera rescatado su pensamiento. Él estudió a Sandino como marxista y al pensamiento marxista como nicaragüense.

A pesar de haber sido autodidacta en una sociedad donde los libros no circulaban libremente, él hizo una aplicación magistral del materialismo histórico a las condiciones de Nicaragua. Identificó a los sectores sociales que deberían hegemonizar la lucha y el gobierno; levantó sus reivindicaciones, identificó el método de lucha correcto, sistematizó un pensamiento, y eventualmente creó un movimiento.

En su aplicación del marxismo, ¿fue ortodoxo o logró aplicarlo con creatividad a la realidad nicaragüense? La respuesta no es tan sencilla. Hay elementos ortodoxos en su pensamiento. Por ejemplo, aceptó la versión lineal del desarrollo histórico, promovida en algunos catecismos del marxismo, y se consideraba marxista-leninista.

Según su análisis, Nicaragua era un país feudal que tenía que pasar por una revolución democrático-burguesa para después avanzar hacia el socialismo. No hay indicios de que pensaba saltar etapas, pero no quería que Nicaragua se quedara en el capitalismo, y estaba dispuesto a trabajar para crear las condiciones para el socialismo.

(Quizá valga la pena aclarar que para Marx y Engels, el socialismo no es la redistribución de la miseria y, por eso, el socialismo sólo es posible en sociedades desarrolladas que se han vuelto ricas por la vía capitalista, pero en las que no todos se han beneficiado de ese desarrollo.

Carlos Fonseca sabía que la realidad nicaragüense no era la realidad de la Europa que Marx analizaba. Eso lo hace menos ortodoxo. Por ejemplo, un marxista ortodoxo no hubiera retornado a Sandino, a quien se le consideraba un nacionalista y un anarco-sindicalista (más cerca del gran adversario de Marx, Bakunin, que del autor de “El Capital”).

En la mayoría de los escritos y entrevistas, Carlos Fonseca enfatizaba que las condiciones de Nicaragua eran muy diferentes a las de la URSS o Cuba, y que la revolución nicaragüense tenía que ser diferente.

En la tercera página de “Un nicaragüense en Moscú” dijo: “Que no se crea en ningún momento, que al dar a conocer el progreso de Rusia, pretenda decir al pueblo nicaragüense que la abolición de la propiedad privada sobre los medios de producción sea el camino que debemos escoger… para solucionar nuestros problemas…”.

A veces se mostraba crítico del socialismo existente. En la “Proclama del FSLN” de 1969, expresó lo siguiente: “Nos identificamos con el socialismo, sin carecer de un enfoque crítico ante las experiencias socialistas”. En esa proclama le manifestó al pueblo nicaragüense que el FSLN iba a cumplir el “Programa Histórico del FSLN”, programa que, según algunas fuentes, él mismo escribió.

En el Programa Histórico, propuso, entre otras cosas, una reestructuración de la economía, democracia participativa y liberal, libertad de expresión y religión, respeto a los derechos humanos y honestidad administrativa.

Carlos Fonseca nunca llegó al poder y es difícil saber qué hubiera hecho si hubiera llegado. Uno supone que, como el Che, como muchos revolucionarios que en Cuba, Nicaragua y otros países socialistas no se corrompieron, él hubiera sido como ellos. Ya desde antes del triunfo los frescos racimos no lo tentaron en las células y en las columnas guerrilleras.

De todas maneras, ahí está su ejemplo y su pensamiento como guías para la acción de los sandinistas, izquierdistas y progresistas nicaragüenses. Él hubiera preferido que siguieran su ejemplo en vez de que sólo le rindieran homenaje depositando flores en su tumba o mencionando su nombre en consignas.


*El autor es poeta y sociólogo