•  |
  •  |
  • END

Si la vida puede crearse en los laboratorios y alargarse de manera indefinida, los seres humanos dejan de ser criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza. Como apunta Michael Sandel: la revolución genética erosiona la creencia de que los seres humanos han recibido todas las capacidades que son portadores, transformando “tres ejes centrales de nuestro paisaje moral: la humildad, la responsabilidad y la solidaridad”. La bioingeniería postula que los seres humanos se han hecho a sí mismos. El azar desaparece. Los padres son los responsables de elegir los rasgos idóneos de sus hijos. Vernos como criaturas de la naturaleza, de Dios o la fortuna, nos volvía responsables de ser cómo somos.

A partir de este momento los dilemas éticos mudan de carácter. Sartre planteaba la total responsabilidad del hombre. Cada uno de nosotros debe responder por cada uno de nuestros actos.

¿Hacia dónde conducirá la eliminación del azar al manipular la lotería genética con que salimos premiados? En La llama doble, amor y erotismo, el Nobel mexicano Octavio Paz, revalora las preguntas que los primeros filósofos se formularon acerca del origen de la vida y el universo. Las interrogantes y respuestas de Paz fueron inspiradas por la lectura del libro Inteligencias extraterrestres y demiurgos, bacterias y dinosaurios, (1981), escrito por Francis Crick, genetista consagrado por la Academia Sueca en 1962, por el descubrimiento de la estructura molecular del ADN junto con James Watson y Maurice Wilkins.

Las preguntas del Nobel mexicano son sugestivas. ¿Qué habría sucedido si los saurios no hubiesen perecido? ¿Qué rumbo habría tomado la evolución? Paz concluye que la intervención del azar y del accidente sirve de fundamento de las ciencias biológicas. Acepta la tesis de la evolución natural. Está convencido “que la aparición de la inteligencia humana sobre el planeta se debe a un accidente. La introducción del tiempo en la biología la convierte en historia. Y ya se sabe, la historia es impredecible. Somos hijos del azar”, enfatiza.

La clonación plantea que no somos seres únicos e irrepetibles. Todo el andamiaje de la filosofía aristotélica se viene al suelo. Padres deseosos por mejorar el rendimiento académico de sus hijos, buscan cómo insertarles copias extras del gen relacionado con la memoria.

La empresa Memory Pharmaceuticals pretende comercializar “optimizadores cognitivos”, con la intención de restaurar las capacidades de la memoria. Los estudios mercadológicos arrojan que las ganancias que generaría este negocio lo han convertido en un segmento muy apetecido. Este avance prefigura un nuevo desafío. La transmisión de mejoras genéticas de una generación a otra terminaría por crear dos subespecies de seres humanos: los perfeccionados y los naturales.

Un tanto similar ocurre en el deporte por el uso generalizado de esteroides, pero más todavía por el uso de eritropoyetina, una sustancia producida por los riñones que estimula la producción de glóbulos rojos. En el 2000 el Comité Olímpico Internacional (COI), durante la celebración de los Juegos en Sidney hizo las primeras pruebas para detectar su uso.

La escogencia sexual de los hijos conduce a situaciones discriminatorias. La preferencia manifiesta de los hijos varones en la India fue determinante para que los abortos de hijas mujeres se multiplicaran; el gobierno prohibió la utilización de ultrasonidos para saber de antemano el sexo de sus hijos. La disposición apenas es respetada, los padres continúan prefiriendo tener hijos varones y está claro que toda forma de discriminación sexual, cultural, política, étnica o racial, genera problemas éticos. Las mujeres una vez más resienten los resultados de los adelantos científicos. En un mundo diseñado por machos, las preferencias culturales en los hogares continuarán inclinados por tener hijos varones. A través de este mecanismo se perpetúa el poder de los hombres. En el campo de la informática se plantea un caso similar.

En la sociedad del conocimiento, la información como materia primera básica, produce nuevas formas de pobreza. La división entre info-ricos e info-pobres, acuñada por el chileno José Joaquín Brunner, señala la existencia de dos sectores claramente diferenciados: los ricos y pobres en información. Hoy más que nunca la sentencia de Mao Tse Tung resulta cierta: información es poder.

La fabricación de máquinas pensantes abre otro campo de reflexión ético. Desde que el hombre comenzó a pensar, advierte Octavio Paz, un silencioso testigo lo mira pensar, gozar, sufrir y, en una palabra vivir: su conciencia. ¿Qué realidad tiene la conciencia, ese darnos cuenta de lo que hacemos y pensamos? Estas máquinas sin sangre, como las denomina Ernesto Sábato, son milagrosas y estúpidas. “Milagrosa porque produce, con medios materiales, pensamientos invisibles e incorpóreos, estúpida porque no sabe que los piensa”, sentencia Paz. Los seres humanos están movidos por sus deseos, ambiciones y proyectos. ¿Cuáles podrían ser las ambiciones y deseos de las máquinas pensantes? No podrían ser otros, responde Paz, sino aquellos inscritos por sus fabricantes. Es evidente que la autonomía de la máquina está condicionada por el hombre.

Mi primer asombro sobre el particular, lo debo a la película Rollerball (1975), dirigida por Norman Jewison, con la actuación James Caan. Deseoso de saber el nombre de quién pagaba su salario, Caan viaja a Suiza; pregunta una y otra vez a la máquina y esta se traba cada vez que intenta responder. Los bancos de datos contienen enormes cantidades de información sobre nuestros países. Para acceder a su utilización debemos comprarla. No importa que sea nuestra. El recurso de Habeas Data adquiere igual importancia en el presente que el que tenía en su momento el recurso de Habeas Corpus cuando fue prescrito.

Un poco antes que Internet se irradiara por el mundo, las primeras enciclopedias electrónicas utilizadas por mis hijos para auxiliar sus estudios, se llamaban Encarta. Deseoso de saber el día que el negro Rodney King había sido salvajemente golpeado por la Policía de Los Ángeles, en California, indagué los hechos y no aparecieron por ningún lado. ¿No perturba nuestras conciencias saber que tanto las máquinas como las bases de datos son alimentadas por compañías lucrativas, con acciones e intereses en distintas áreas de la economía mundial? Aunque los retos mayores provengan de la biología, el aceleramiento exponencial de los descubrimientos ocurridos en esta disciplina, se deben entre otros factores, al desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

A las TIC también se debe el despliegue y diseminación global de los valores sociales, culturales, económicos, religiosos y educativos que configuran al capitalismo contemporáneo. Hay seres humanos que quieren borrar el pasado para que nadie recuerde sus malas acciones.

¿Qué valores y circunstancias inciden para que los padres se empeñen en seleccionar y diseñar los atributos que deben ser portadores sus hijos? ¿Cuáles son los valores prevalecientes en estas sociedades? ¿Qué razones les animan a mejorar su inteligencia, acrecentar su altura y seleccionar su sexo? Estamos frente a sociedades que aplauden y estimulan el éxito individual y la competitividad. Una especie de neodarwinismo social informa y arraiga profundamente en sus valores. Sociedades productivistas donde lo que interesa, en la carrera de lobos, es imponerse frente a los demás. ¿Qué distancia media entre la sobrevivencia de los más aptos postulados de Charles Darwin y el afán de ser los mejores al precio que sea? La única diferencia ahora es que no hay necesidad de vender el alma al diablo para alargar nuestras vidas. Si Dios desaparece tampoco el diablo existe. Surgen nuevos dilemas. La dicotomía cuerpo y alma empieza a ser demolida.