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El 11 de mayo de 1849 Ephrain George Squier, enviado diplomático del Gobierno de los Estados Unidos a Nicaragua, zarpó del puerto de Nueva York a San Juan del Norte en un bergantín de vela llamado “Francis”, que para ese entonces había hecho esa travesía unas 37 veces.

Una de las principales misiones de Squier, era informar sobre las posibilidades de construir un canal del Caribe al Pacífico, aprovechando la ruta del San Juan y el Lago de Nicaragua.

Squier narró las incidencias de su viaje en un ameno libro que publicó en 1852 titulado “Nicaragua, sus Gentes y sus Paisajes” que fue traducido al español por Luciano Cuadra en 1970.

En los primeros tres capítulos del libro narra su llegada a Nicaragua. Nos cuenta que el “Francis” se aproximó a las costas nicaragüenses después de varias semanas de navegación y que, escapando de una tormenta entró a la Bahía San Juan del Norte por una angosta abertura frente a Punta Arenas, “un largo y estrecho espolón que a flor de agua cierra la bahía”, y se deslizó hasta su viejo fondeadero, en el centro de una bahía espaciosa y quieta como un estanque.

Textualmente dice: “La bahía no es grande, pero sí es mejor y más espaciosa de lo que generalmente se supone. Su entrada es fácilmente accesible, y solamente los barcos más grandes tropiezan con cierta dificultad para pasar la barra y aportar en un cómodo y seguro fondeadero”.

Squier dice que el “Francis” ancló a menos de 250 varas de la costa del poblado de San Juan del Norte, una hilera de chozas sobre una costa arenosa y baja en donde se destacaban algunos cobertizos junto al agua para pipantes y canoas. Su compañero de viaje James McDonough, que ilustró con hermosos dibujos el libro de Squier, nos dejó uno del poblado de San Juan del Norte, probablemente tal como lo vieron ellos desde el “Francis”.

Menciona que San Juan del Norte “es conocido por ser en el este el único punto terminal posible para el proyectado gran Canal Interoceánico por el Río San Juan y el Lago de Nicaragua. Es, además, el único puerto utilizable de Nicaragua en el Atlántico” “…su importancia (se debe)… al trasborde de mercaderías… Por allí pasa una parte considerable de las exportaciones e importaciones de Nicaragua (y) por este mismo puerto pasa ahora parte del volumen de mercaderías que (exporta) e importa Costa Rica, a donde llega vía los ríos San Juan y Sarapiquí”.

Interesado como estaba por la vía de navegación, Squier describe la topografía de lugar y dice que el brazo del Río San Juan que desembocaba en la bahía llevaba “algo como una tercera parte del agua del río… Tiene un barra en la desembocadura, es decir, en su punto de desagüe en la bahía, que cuando está baja la marea no da más de tres o cuatro pies de profundidad”.

Squier dedicó varios días a investigar de primera mano todo lo que podía sobre el objeto de su interés y entrevistó a numerosos residentes del poblado conocedores del asunto.

El 12 de junio por la tarde, más de un mes después del inicio de su viaje, salió de San Juan del Norte rumbo a Granada. Había fletado un bongo grande de vela y remos llamado “La Granadina”, que lo habría de llevar hasta su destino subiendo el río y cruzando el lago.

Al poco andar se adentraron en el Río San Juan y bogaron hasta como a las ocho de la noche, cuando hicieron alto para dormir en las cercanías de la boca de un caño al lado izquierdo del río, llamado San Juanillo.

El bongo ancló en medio del río para alejarse lo más posible de las orillas infestadas de mosquitos. Al día siguiente, muy temprano por la mañana, prosiguieron la navegación y al mediodía alcanzaron la entrada del Río Colorado.

Haciendo uso de la información meticulosamente recogida por Squier, dibujé un bosquejo de la Bahía San Juan del Norte, su boca hacia el Caribe, la ubicación del puerto y la desembocadura del Río San Juan, que acompaño a este artículo.

Creo que nadie puede dudar que para el 15 de abril de 1858, fecha del Tratado Jerez-Cañas, menos de nueve años después de la visita de Squier, la vía de navegación del San Juan estaba compuesta por lo siguiente:
A. La boca de la bahía hacia el Caribe, ubicada en el mismo lugar donde se encuentra ahora, a la orilla de la franja de tierras altas denominada Punta Castilla o Punta Arenas, que según Alexander son la misma cosa.

B. La bahía San Juan del Norte, suficientemente espaciosa y profunda para permitir fondear a barcos de regular tamaño, capaces de navegar hasta Nueva York o hasta puertos europeos. Al sur de esa bahía estaba ubicado el puerto de San Juan del Norte, cuyo asiento es todavía visible por los restos de sus construcciones y por las lápidas de sus cementerios. Desde el puerto un observador podría haber visto las embarcaciones fondeadas en la bahía, algunas, como el “Francis”, muy cerca de la costa.

C. El Río San Juan, que desembocaba en la bahía y por el que podían navegar hasta el lago vapores de río de suficiente calado, como los del comodoro Cornelius Vanderbilt.

Concluyo diciendo que Nicaragua tiene derecho a recuperar su río y su bahía para la navegación comercial. Ahora es posible ejecutar las obras de dragado necesarias porque los medios técnicos están disponibles.

Que no se haya hecho ese trabajo hasta ahora y que se haya tolerado la extensa sedimentación de la bahía, y también la del Río, no justifica que algunos pretendan transformar bancos de sedimento en tierra firme propiedad de Costa Rica.


mevijil@cablenet.com.ni