Jorge Eduardo Arellano
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En Psicología el término de profecías autocumplidoras se utiliza por algunos autores como “la tendencia a que una expectativa provoque conductas que la confirmen”, este término es muy usado en terapias familiares o infantiles donde algunos padres tienen la tendencia de “etiquetar” a sus hijos con palabras aparentemente inofensivas como: “Juancito es bien desordenado”, de manera que no dejan desarrollar algunas facultades que quizás no han aflorado en ese niño hasta ese momento o que hay que ayudar al niño a desarrollar.

Muchos economistas afirman que los comportamientos económicos venideros tienen mucho que ver con las profecías autocumplidoras, si los consumidores pierden la confianza porque vislumbran una crisis, la crisis acabará por producirse debido al retraimiento de la demanda.

Por ejemplo, si se corre el rumor de que el córdoba se devaluará, todos correrán a los bancos a cambiar sus pesos por dólares, hecho que efectivamente concluirá produciendo una devaluación de la moneda.

Visto desde un punto de vista sociológico, todos hemos tenido experiencias con ideas preconcebidas sobre pueblos específicos como los colombianos, costarricenses, gallegos, etc. y ellas de hecho nos guían el modo en que percibimos, interpretamos, actuamos y reaccionamos, no sólo desde el que parte la idea sino del que la recibe.

Hay una realidad objetiva pero la vemos siempre a través de los “anteojos” de nuestras creencias, actitudes y valores, de modo que todo esto moldea nuestra interpretación de las cosas y nuestra forma de actuar frente a la sociedad.

He tenido la oportunidad de vivir en otros países y relacionarme con su gente y siempre me ha llamado mucho la atención lo orgullosos que ellos están de su patria y sus costumbres, sin embargo, el nicaragüense siempre se expresa de sus compatriotas de una forma un tanto desagradable, a diario escuchamos a nuestros familiares, amigos y conocidos con expresiones tales como: “paisito éste”, “los nicas todos son mentirosos, haraganes o sinvergüenzas”, “el nica no sirve para nada”, etc. Se han acostumbrado a expresarse así aun con extranjeros, como una manera de justificar la situación de nuestro país, ya de por sí bastante deprimente. Yo me he preguntado en algunas ocasiones cómo cambiar este concepto, cómo lograr que cada nicaragüense vea este país grande, visualice lo positivo; cómo cambiar estas ideas preconcebidas que marcan la forma como nos comportamos y se comportarán nuestros descendientes, cómo re-programarnos para ser un pueblo triunfador.

Desde una perspectiva cristiana las palabras son tan importantes que, cuando Dios quiso comunicarse con nosotros, lo que nos envió fue una palabra: La Biblia, el libro donde encontramos su mensaje para nosotros, se conoce como la Palabra de Dios. Las palabras que usamos, como hemos visto, tienen mucho poder. En Lucas 6:45 dice: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Para los que creemos en Dios esto significa algo muy importante: Significa que, si queremos cambiar nuestras palabras, tenemos que hacerlo cambiando cada uno desde nuestro interior.

Debemos cambiar la forma como nos vemos a nosotros mismos como nicaragüenses, a nuestros semejantes, a nuestro país. Con nuestras palabras podemos edificar, sanar, construir. Las palabras no tienen un poder mágico; no podemos hacer que las cosas lleguen a existir por nuestras palabras. Pero sí tienen mucho poder para impactar las vidas de las personas que nos rodean, de nuestra sociedad. Ese impacto podrá ser eterno, si las impactamos para la salvación. Todos, sociedad civil, gobierno, empresarios somos responsables para promover una ola de cambio de mentalidad, de hacer un alto y pensar positivo, sentir positivo y hablar positivo de la patria en que vivimos y que todos amamos.


*La autora es psicóloga y máster en Administración de Negocios.