Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Antes que nada, es importante mencionar que no sólo hoy en día se presentan oleadas de numerosos términos procedentes de diversas regiones y que inciden directamente en los distintos niveles de nuestra lengua española; tal es el caso de los anglicismos (por ser los que más entran en nuestra lengua, pero no los únicos). Este fenómeno ya se registraba desde antaño, motivado por diversas situaciones sociolingüísticas.

Ya muchos autores se han planteado la influencia que estos tienen en el uso de nuestra lengua y lo necesario que son; sin embargo, según el artículo de Francisco Rodríguez Adrados es necesario controlar el influjo para que la lengua española conserve su unidad: “Están llegando en oleadas excesivas (los anglicismos) y necesitan una adaptación a la fonología y a los mecanismos de sufijación y composición de nuestra lengua.”

En este sentido, la norma lingüística posee vital importancia para nuestro idioma, aunque todavía hay vacilaciones en base a qué criterios sociales o lingüísticos esta deba actuar, lo general han sido dos: por el grado de difusión de la palabra o la frecuencia de su uso y la necesidad de la nueva denominación.

El diccionario de la Real Academia Española se ha encargado de ejercer la función normativa de la legua, aunque también se le atribuye un trabajo descriptivo sobre el uso de los términos. Dicha norma lingüística ha sido la responsable de mantener la unidad de la lengua, a pesar de su vasta distribución geográfica. Ésta ha permitido que muchos anglicismos se hayan adaptado al español o hayan sido sustituidos por un término equivalente en nuestra lengua.

La función híbrida del RAE no le ha permitido dedicarse exhaustivamente a uno de los dos estudios; sin embargo, en la actualidad este cumple una función más descriptiva porque como es de esperarse se puede normar, dictar o reglar, pero el pueblo es quien tiene la última palabra a la hora de decidir su habla, por lo que una actitud dictatorial por parte de estudiosos no ayudaría significativamente al desarrollo de nuestra lengua.

Para finalizar, alegaría que la norma lingüística sí es importante, pero sólo cuando esta parte del consenso de las mayorías y cuando la postura de los estudiosos es de proponer y no de imponer. De esta manera, la creatividad y evolución de la lengua no se afectan, así como su preservación.